Por qué un sistema eléctrico no se electrifica solo con tejados solares
Hay ideas que suenan bien hasta que se las somete a la prueba de la realidad. Una de ellas es la de quienes sostienen que una isla, una región o incluso un país puede electrificarse de forma seria apoyándose casi exclusivamente en autoconsumo. Es una idea atractiva, sencilla y muy vendible. También es técnicamente pobre.
Conviene dejar algo claro desde el principio: el autoconsumo es una buena herramienta. Reduce compras de energía, acerca la generación al consumo, democratiza parcialmente el sistema y puede acelerar la descarbonización. El problema no es el autoconsumo. El problema es convertirlo en una especie de solución total, como si bastara con llenar tejados de paneles para resolver la complejidad física de un sistema eléctrico.
Eso no es transición energética. Eso es un atajo mental.
Un sistema eléctrico no es una suma de placas
La primera confusión de fondo consiste en creer que generar electricidad y sostener un sistema eléctrico son la misma cosa. No lo son.
Un sistema eléctrico real no solo necesita megavatios. Necesita también estabilidad, control de tensión, capacidad de respuesta, coordinación entre redes, visibilidad operativa, recursos de ajuste y una arquitectura física capaz de absorber perturbaciones sin venirse abajo. La propia CNMC describe que el sistema peninsular ha pasado de una realidad dominada por grandes grupos síncronos, que aportaban inercia, potencia de cortocircuito y servicios de regulación de manera natural, a otra mucho más compleja, con más generación distribuida y más electrónica de potencia. Y añade que la electrificación de la demanda, la flexibilidad y la adaptación de las redes han avanzado más lentamente.
Esa es la clave. No basta con instalar más generación. Hay que acompañarla con sistema.
La CNMC desmonta, sin decirlo así, el mito del autoconsumo suficiente
El informe de la CNMC sobre el incidente del 28 de abril de 2025 contiene una enseñanza incómoda para los defensores del “todo autoconsumo”. La Comisión explica que el aumento del autoconsumo en distribución ha reducido mucho la demanda neta que ve la red de transporte cuando hay mucho recurso solar. ¿Y qué ocurre entonces? Que se descargan las redes de transporte y el sistema entra en un punto de funcionamiento en el que las variaciones de potencia activa influyen cada vez más en la variable más delicada: la tensión. Además, la CNMC subraya que el operador del sistema no tiene observabilidad suficiente sobre muchas pequeñas instalaciones asociadas al autoconsumo, por lo que no puede anticipar bien su comportamiento.
Dicho en castellano llano: cuanto más se idealiza el autoconsumo como columna vertebral exclusiva del sistema, más se corre el riesgo de debilitar justo aquello que hace que el sistema siga siendo sistema.
Y no, esto no es una enmienda a la descarbonización. Es exactamente lo contrario. Es una defensa seria de la transición frente al infantilismo energético.
El gran error: confundir ahorro individual con solvencia colectiva
Quien pone placas en su tejado hace una jugada racional desde el punto de vista particular. Reduce factura, aprovecha horas solares y se protege algo frente al mercado. Perfecto.
Pero una cosa es el interés individual y otra muy distinta la solvencia colectiva. El sistema eléctrico no se diseña para una vivienda. Se diseña para que millones de puntos de consumo y generación convivan con seguridad, calidad y continuidad. Y ahí aparece la pregunta incómoda que el discurso simplista nunca responde: ¿qué sostiene la tensión, quién coordina los flujos, quién absorbe las rampas bruscas, quién corrige los desequilibrios, quién aporta robustez eléctrica y qué ocurre cuando el recurso solar cae, cuando la red se descarga demasiado o cuando el operador ni siquiera ve bien una parte creciente del sistema?
La CNMC no habla de teoría abstracta. Habla de un problema concreto: variaciones rápidas de tensión, insuficiencia de capacidades de control dinámico, mayor complejidad operativa, riesgo de desconexiones súbitas, dificultad para seguir consignas y castigo severo a equipos como los transformadores con cambiadores de tomas, cuyo desgaste aumenta cuando la tensión se vuelve nerviosa.
Eso es lo que no entra en los eslóganes del autoconsumo como solución única.
Una red descargada no es una red más sana
Aquí está una de las lecciones más valiosas del informe. Durante años se ha vendido la idea de que cuanto menos circule por la red, mejor. Pero eso es una verdad a medias, y las verdades a medias en ingeniería suelen acabar mal.
La CNMC dice algo muy relevante: un sistema con mayor demanda habría contribuido a líneas más cargadas y a una mayor estabilidad de las tensiones, especialmente en las horas centrales del día, coincidiendo con el máximo recurso fotovoltaico. Es decir, más demanda útil y mejor situada no siempre es un problema; puede ser parte de la solución.
Este punto revienta otro tópico. No toda reducción del uso de red fortalece el sistema. A veces lo deja más sensible, más fino y más difícil de gobernar. Una red excesivamente descargada en horas solares no es necesariamente una red eficiente; puede ser una red más vulnerable.

El autoconsumo no ve lo que no quiere ver
Los defensores del modelo exclusivamente autoconsumista suelen omitir cinco palabras decisivas: almacenamiento, red, control, flexibilidad y respaldo.
Porque un sistema serio no vive solo de producir energía cuando hace sol. Vive de casar generación y demanda en todo momento, de gestionar la calidad eléctrica, de responder a contingencias y de mantener parámetros críticos dentro de márgenes seguros. La CNMC insiste en la necesidad de reforzar el control de tensión, ampliar y ajustar recursos de potencia reactiva, mejorar la coordinación entre transporte y distribución, dar más transparencia operativa y acelerar la implantación de nuevas herramientas, entre ellas compensadores síncronos y reactancias.
Eso no se parece en nada a un modelo de “cada uno con sus placas y ya está”.
No es un problema ideológico, es un problema físico
La mala noticia para los propagandistas del autoconsumo como solución total es que la física no vota. No se impresiona por campañas publicitarias ni por consignas de apariencia verde.
Un sistema dominado por electrónica de potencia, con mercados cada vez más cercanos al tiempo real, una interconexión con Francia todavía insuficiente, más complejidad estructural y menor observabilidad de parte de la generación distribuida, exige más coordinación, no menos; más red, no menos; más gobernanza técnica, no menos. Eso está en el corazón del diagnóstico de la CNMC.
Por eso resulta tan frívolo escuchar que la solución pasa por “electrificarlo todo con autoconsumo”. No. El autoconsumo ayuda. Y mucho. Pero por sí solo no da inercia, no da potencia de cortocircuito, no garantiza observabilidad suficiente, no resuelve el control tensional del conjunto y no sustituye a una red diseñada para sostener un sistema complejo.
La transición energética necesita madurez, no cuentos
La conclusión es sencilla: el autoconsumo debe formar parte del futuro, pero no puede ser su único pilar.
La transición seria exige combinar generación renovable utility-scale y distribuida, almacenamiento, demanda flexible, refuerzo de redes, digitalización útil, visibilidad operativa, control dinámico de tensión y recursos físicos de estabilización. Exige pasar del entusiasmo superficial a la ingeniería de verdad. Y exige decir algo que a algunos no les gusta oír: electrificar un sistema no consiste en multiplicar tejados solares, sino en construir una máquina colectiva capaz de funcionar con seguridad todos los días y a todas las horas. Esa necesidad de adaptar sistema, mercado y normativa a una realidad más compleja y variable está expresamente subrayada por la CNMC.
Defender el autoconsumo, sí. Idolatrarlo, no.
Porque cuando una buena idea se convierte en dogma, deja de iluminar y empieza a cegar.
