Informe de la CNMC sobre el incidente eléctrico del 28 de abril de 2025: un buen diagnóstico, pero todavía no una respuesta completa
Introducción: un documento útil, serio y, a la vez, insuficiente
El informe de la CNMC es un documento valioso. Está bien construido, reconoce problemas reales del sistema y plantea una agenda de corrección regulatoria y operativa bastante sensata. Pero conviene decirlo sin rodeos: no es un informe definitivo de causas, ni una autopsia cerrada del cero eléctrico, sino una hoja de ruta de recomendaciones elaborada a partir de la investigación posterior, con un enfoque expresamente consultivo. La propia CNMC deja claro que su objeto es identificar ámbitos de mejora, proponer una actuación integral y no repetir la reconstrucción secuencial ya contenida en trabajos previos.
Ese punto es importante porque condiciona toda la lectura. Quien busque una explicación causal cerrada, con reparto preciso de responsabilidades físicas y operativas, no la va a encontrar aquí. Quien busque una interpretación técnica del cambio de paradigma del sistema eléctrico español y una batería de medidas para reforzar su resiliencia, sí va a encontrar material de mucho interés.
Qué entiende bien la CNMC desde el principio
El informe acierta al describir que el sistema peninsular ya no es el de hace veinte años. La CNMC parte de una idea central muy sólida: antes el sistema descansaba sobre una elevada proporción de generación síncrona, capaz de aportar inercia, potencia de cortocircuito y regulación de manera natural; hoy el parque generador ha cambiado profundamente, con una penetración creciente de generación distribuida y electrónica de potencia, mientras la electrificación de la demanda, la flexibilidad y la adaptación de las redes han avanzado más despacio. Esa asimetría, bien leída, es una de las claves del problema.
Aquí la CNMC hace algo que no siempre se ve en el debate público: evita el simplismo. No dice que el problema sea “la renovable”, sino que la transición se ha producido de forma descompensada. Ha cambiado la generación más deprisa que la red, la demanda flexible, el almacenamiento, la observabilidad y los procedimientos. Técnicamente, esa es una lectura mucho más seria y mucho más honesta.
La tesis central del informe: el problema más delicado hoy es la tensión
La conclusión más relevante del documento es que el principal desafío actual es la volatilidad de las tensiones. La CNMC insiste en que el problema no puede analizarse solo con los valores absolutos de tensión, sino con la rapidez de sus variaciones. De hecho, subraya que el 28 de abril las sobretensiones estuvieron precedidas por variaciones de gran amplitud en tiempos muy cortos y por una insuficiencia de capacidades de control dinámico de tensión. Ese enfoque desplaza el debate desde la caricatura política hacia el verdadero terreno técnico.
Esto es muy importante. Durante años se ha hablado de estabilidad del sistema casi siempre pensando en frecuencia. La CNMC recuerda, con razón, que en un sistema cada vez más dominado por electrónica de potencia, baja demanda neta en transporte y cambios rápidos de programa, la tensión puede convertirse en la variable más traicionera del sistema. Y ahí el informe acierta de lleno.
Un origen multifactorial que el informe expone con bastante realismo
Otro acierto del informe es que no cae en la trampa de buscar una causa única. La CNMC recoge que las variaciones rápidas de tensión se asocian al crecimiento de instalaciones conectadas mediante electrónica de potencia, a su capacidad para modificar potencia casi en escalón, a su participación cada vez mayor en mercados y servicios de ajuste, a la falta de regulación continua de tensión en parte de ese parque, a la observabilidad insuficiente de pequeñas instalaciones y autoconsumo, a la menor demanda neta en transporte en horas solares y también a cambios topológicos de red o a intercambios internacionales bruscos.
Ese enfoque multifactorial es técnicamente correcto. El problema no parece residir en una sola pieza averiada, sino en la interacción entre muchas piezas que ya no encajan con la misma holgura que antes. Y cuando un sistema empieza a depender demasiado de equilibrios finos, cualquier perturbación se vuelve más peligrosa.
Primera capa crítica: el informe ve bien el problema, pero no lo cuantifica bastante
Aquí aparece la primera gran debilidad. El informe identifica líneas de mejora, enumera factores y propone medidas, pero no ofrece una jerarquización cuantificada del peso real de cada causa. No termina de responder con suficiente precisión cuánto pesó cada elemento en el deterioro de la situación: insuficiencia de control dinámico de tensión, cambios bruscos de programa, topología de red, intercambios internacionales, déficit de observabilidad, respuesta de instalaciones síncronas o comportamiento de la demanda. La CNMC justifica esa ausencia porque no pretende repetir la reconstrucción pormenorizada ya realizada en otros trabajos. Eso puede ser comprensible desde el punto de vista formal, pero empobrece el documento si se analiza como pieza autónoma.
Dicho de manera más clara: el informe explica bastante bien qué hay que corregir, pero menos bien cuánto influyó cada fallo en lo sucedido. Para un lector técnico exigente, esa ausencia pesa. Un buen plan de acción gana fuerza cuando se apoya en una atribución causal más afilada. Aquí esa parte queda corta.
Segunda capa crítica: mucha inteligencia regulatoria, pero menos contundencia física
La CNMC pone el foco en procedimientos, coordinación, observabilidad, adaptación normativa y mejora del control de tensión. Todo eso es necesario. El problema es que el informe, siendo serio en lo regulatorio, resulta algo más prudente en lo físico. Reconoce la necesidad de compensadores síncronos, reactancias, ampliación y ajuste de recursos de reactiva y adaptación de nuevos dispositivos, pero el tono general sigue siendo más regulatorio que estructural.
Y aquí conviene ser claros: cuando un sistema pierde aportaciones naturales de inercia, robustez electromagnética y potencia de cortocircuito, no todo se arregla con mejores reglas. Las reglas importan, sí. Pero sin recursos físicos adecuados, la regulación solo gestiona mejor la escasez de robustez. El informe apunta hacia esa necesidad, pero no la convierte en un eje suficientemente contundente.
El control dinámico de tensión: bien enfocado, pero aún a medio camino
La CNMC explica que el PO 7.4 se revisó en junio de 2025 para aprovechar mejor la capacidad técnica del parque generador y permitir aportaciones de control dinámico mediante consignas en tiempo real. También señala que la eficacia de esa reforma depende de que un número significativo de instalaciones se habilite realmente para prestar el servicio, e incluso abre la puerta a exigir un control de tensión más dinámico al RECORE.
Eso está bien visto. Pero la lectura crítica es otra: si una parte muy relevante del parque ya tenía capacidad técnica para aportar ese servicio y aún así el sistema ha llegado a este punto, entonces la cuestión no es solo normativa, sino de velocidad de implantación, exigibilidad efectiva, validación real de comportamiento y severidad de supervisión. El informe lo insinúa, pero no lo exprime. Le falta algo más de dureza institucional.
Las rampas obligatorias: medida lógica, pero no inocente
La CNMC avala las limitaciones de rampas como instrumento para suavizar cambios de potencia y reducir la probabilidad de variaciones bruscas de tensión. Además, plantea estudiar su extensión a más instalaciones, incluso conectadas en distribución, y reclama seguimiento sistemático y transparente de resultados. La medida tiene lógica operativa.
Ahora bien, aquí el informe reconoce algo que no debe pasarse por alto: los agentes cuestionaron la proporcionalidad de algunas medidas, su impacto económico y la insuficiente evaluación previa de causas. Esa objeción no invalida la medida, pero sí obliga a una exigencia mayor de transparencia. Si se limita la libertad operativa de instalaciones por razones de seguridad, debe demostrarse con datos la eficacia real de cada restricción y su coste sistémico. En eso la CNMC apunta en la dirección correcta, pero todavía no ofrece la trazabilidad analítica que sería deseable.
Observabilidad: uno de los puntos más delicados y menos vistosos del debate público
El informe hace muy bien en poner el foco sobre la falta de observabilidad de pequeñas instalaciones y autoconsumo, y sobre la necesidad de reforzar la coordinación entre TSO y DSOs. También insiste en que debe garantizarse a los gestores de red un acceso más directo a telemedidas y en que la distribución tiene que asumir un papel más proactivo en la estabilidad del sistema.
Este asunto es capital. Un sistema no puede operarse con solvencia si una parte creciente de su comportamiento real queda fuera del campo de visión operativo o llega tarde y mal. Y además hay un segundo efecto que la CNMC subraya con acierto: el autoconsumo reduce la demanda neta en transporte en horas solares y descarga las redes, aumentando la sensibilidad de la tensión frente a variaciones de potencia activa. Esa observación es técnicamente muy relevante y desmonta muchos discursos ingenuos sobre una integración “automática” del autoconsumo.
La crítica aquí es que el informe identifica el problema, pero se queda algo corto en la propuesta institucional. Hace falta una verdadera arquitectura de observabilidad y mando coordinado entre transporte y distribución. No una recomendación genérica, sino una obligación operativa exigible, auditada y con calendario duro.

Mercado europeo e interconexión con Francia: una crítica correcta, pero demasiado contenida
La CNMC sostiene que la construcción del mercado eléctrico europeo se ha hecho con creciente complejidad y orientación al corto plazo, a veces sin suficiente coordinación con las necesidades físicas del sistema, y señala expresamente la limitada interconexión con Francia como un obstáculo relevante. También apunta que los horarios de los mercados europeos deben adaptarse para ser compatibles con una operación física resiliente.
La crítica del informe es acertada, pero se queda algo diplomática. La realidad que se desprende del propio texto es más dura: no se puede empujar a un sistema periférico, con interconexión insuficiente, a una dinámica de mercados cada vez más cortoplacista y más exigente en cambios rápidos de programa sin pagar un precio físico. La CNMC lo dice, sí, pero con un lenguaje quizá demasiado templado para la gravedad del asunto.
En otras palabras, el informe reconoce una desalineación entre mercado y física. Lo que falta es decir con más claridad que esa desalineación no es un matiz: es una fuente estructural de vulnerabilidad.
La armonización con la normativa de seguridad industrial: uno de los capítulos más serios del informe
Uno de los apartados más importantes y menos comentados del documento es el relativo a la armonización entre normativa eléctrica y normativa de seguridad industrial. La CNMC recuerda que las nuevas instalaciones tipo D deben soportar un cierto rango de tensión según la Orden TED/749/2020, pero señala a la vez que los reglamentos de seguridad industrial de alta tensión y las normas de aislamiento normalizadas fijan otros límites. En particular, para una red de 400 kV, el aislamiento de los materiales debe aguantar hasta 420 kV indefinidamente sin degradación.
Esto no es un detalle menor. Es una posible fricción regulatoria de mucho calado. Si el sistema exige soportabilidades eléctricas que tensan o desbordan el marco industrial de seguridad y durabilidad, el problema deja de ser solo operativo y pasa a afectar a la integridad del equipamiento, a la seguridad jurídica y al reparto de responsabilidades. La CNMC hace bien en señalarlo. Y aquí sí conviene decirlo con todas las letras: este capítulo es de los más serios del informe.
Mi crítica no va contra el diagnóstico, sino contra su desarrollo. El texto detecta muy bien la contradicción potencial, pero habría ganado fuerza si hubiese concretado mejor un procedimiento de resolución normativa, con plazos y responsabilidades definidas entre MITERD, Industria, operador del sistema y regulador.
Reposición del suministro: reconocimiento justo, pero con margen para más ambición
La CNMC reconoce que la reposición del suministro fue ágil, aunque identifica margen de mejora en arranque de equipos, formación de islas, telemandos y telecomunicaciones. También recuerda que los equipos y capacidades de emergencia deben probarse periódicamente, que los planes deben revisarse al menos cada cinco años y que se está tramitando el servicio de arranque autónomo para dar un marco regulado y retribuido a estas capacidades.
La valoración me parece correcta, pero también aquí hay una segunda lectura crítica. Si las comunicaciones, el telemando y la coordinación en distribución aparecen como puntos frágiles tras un incidente de esta magnitud, la reposición no puede seguir tratándose como un apéndice técnico relativamente estable. Debe pasar a ser un eje central de resiliencia. El informe va en esa dirección, pero podría haber sido todavía más severo en la exigencia de simulacros, redundancias y auditorías funcionales reales.
Grid-forming y nuevas herramientas: prudencia razonable, pero todavía sin hoja de despliegue clara
La CNMC dedica un apartado a las nuevas herramientas basadas en electrónica de potencia, incluido el grid-forming. Su planteamiento es prudente: reconoce que estas tecnologías introducen comportamientos para los que aún existe experiencia limitada, que es necesario estudiar sus capacidades reales, su influencia en las oscilaciones y desarrollar herramientas de amortiguamiento equivalentes a las que tradicionalmente aportaban los PSS de la generación síncrona. También subraya la necesidad de una coordinación europea a través de ENTSO-E.
Esa prudencia es correcta. El problema es que el informe no termina de convertir esa línea en una hoja de despliegue concreta. Y ahí se echa en falta una posición más definida. Porque una cosa es no vender humo tecnológico y otra resignarse a una formulación demasiado genérica. El grid-forming puede ser parte de la solución futura, pero el documento no concreta con suficiente nitidez cómo se articula esa transición con los recursos físicos ya maduros, como compensadores síncronos, reactancias o determinadas exigencias reforzadas a nuevas conexiones.
Transparencia y supervisión: una mejora imprescindible
La CNMC pide más transparencia sobre la metodología utilizada por el operador del sistema para calcular reservas, determinar el número de unidades síncronas necesarias y fijar parámetros de los análisis de seguridad. También reclama que los sujetos del sistema actualicen de forma continua la información sobre capacidades técnicas y propone reforzar guías, notas técnicas y sesiones informativas para clarificar obligaciones.
Ese apartado merece apoyo claro. En un sistema cada vez más complejo, la seguridad no puede descansar sobre cajas negras demasiado opacas. Más transparencia no significa invadir la responsabilidad del operador del sistema, sino fortalecer la confianza técnica del conjunto de agentes y someter a contraste los criterios que condicionan decisiones críticas. En esto la CNMC acierta.
Mi matiz es que la transparencia no debería quedarse solo en metodología general. Haría falta también una cultura de publicación sistemática de indicadores ex post: eficacia de las rampas, comportamiento del control de tensión, incidencias de seguimiento de consignas, estados de habilitación de instalaciones y evolución de métricas de volatilidad. Ahí el informe apunta, pero no llega hasta el final.
Valoración global: un informe bueno, pero no definitivo
Mi valoración final es favorable, con reservas importantes. El informe de la CNMC es bueno como documento de orientación. Entiende el cambio de paradigma del sistema, sitúa correctamente la tensión en el centro del análisis, conecta el problema con la transformación física del parque generador, detecta déficits de observabilidad y coordinación, advierte de la fricción entre mercado y física, y abre debates regulatorios nada menores, como el de la armonización con la normativa industrial.
Pero no basta como cierre técnico definitivo del incidente. Le falta una capa de cuantificación causal más exigente, una apuesta más decidida por recursos físicos de robustez y una formulación institucional más dura en materia de observabilidad, coordinación transporte-distribución y adaptación de los mercados europeos a la realidad física de la Península. Dicho de otro modo: es un buen informe de dirección, pero todavía no un informe plenamente concluyente.
La conclusión incómoda que deja el documento
La lectura más honesta del informe no es que la transición energética haya ido demasiado lejos, sino que ha ido incompleta. Se ha transformado el parque generador, pero no al mismo ritmo la demanda flexible, el almacenamiento, la red, la supervisión, la observabilidad, la coordinación institucional y los recursos de estabilización. El problema no es descarbonizar. El problema es pretender descarbonizar con una arquitectura del sistema que todavía conserva inercias normativas y operativas de otra época. Esa es, en el fondo, la gran verdad técnica que atraviesa todo el texto de la CNMC.
Y esa es también la principal lección política y técnica del 28 de abril: la transición no debe frenarse, debe completarse. Con más rigor físico, más red, más flexibilidad, más control dinámico, más almacenamiento útil, más transparencia y menos complacencia con la idea de que el mercado, por sí solo, resolverá lo que en realidad es un problema de ingeniería de sistema.
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