El Boletín Oficial de Canarias del 9 de octubre de 2026 publica cinco autorizaciones administrativas para prolongar la vida útil de nueve grupos de generación térmica en cuatro islas. Una decisión que, más allá de sus justificaciones técnicas, invita a preguntarnos hacia dónde se dirige realmente la transición energética en Canarias.
No resulta difícil comprender por qué necesitamos mantener operativos esos grupos. Lo verdaderamente difícil de explicar es que, después de tantos años de compromisos y planificación, sigamos dependiendo de ellos hasta este punto.
Y más difícil todavía cuando recordamos que Canarias ya disponía, desde 2022, de una hoja de ruta energética que señalaba un camino muy diferente.
En 2022 sabíamos lo que había que hacer
El Instituto Tecnológico de Canarias (ITC) participó decisivamente en la elaboración del Plan de Transición Energética de Canarias (PTECan), acompañado de distintas estrategias sectoriales. No se trataba de una simple declaración de intenciones.
Aquel trabajo identificaba necesidades de generación renovable, almacenamiento, redes, eficiencia energética y transformación de nuestros sistemas eléctricos. También contemplaba la seguridad del suministro, una condición imprescindible en territorios eléctricamente aislados.
La documentación técnica del ITC sobre el PTECan establecía, entre otros objetivos para 2030, alcanzar unos 3.410 MW renovables y 4.339 MWh de almacenamiento energético.
El marco político se completó con la Ley 6/2022 de Cambio Climático y Transición Energética de Canarias, aprobada en diciembre de aquel año.
Por tanto, no faltaban estudios, conocimiento técnico ni una dirección estratégica. Existía una planificación que anticipaba buena parte de las necesidades que hoy seguimos intentando resolver.

Una hoja de ruta que ha perdido continuidad
Con el cambio de Gobierno autonómico en 2023 también cambió el tratamiento de aquel marco estratégico.
En junio de 2024, el Ejecutivo aprobó el Decreto-ley 5/2024, que modificó numerosos preceptos de la legislación climática de 2022. En enero de 2026 llegaron nuevas modificaciones mediante el Decreto-ley 1/2026.
No todas esas reformas pueden interpretarse como retrocesos. Algunas pretendían agilizar procedimientos o responder a conflictos competenciales. Pero el resultado es que el marco inicialmente concebido ha sufrido importantes alteraciones, sin que los resultados eléctricos permitan hablar de una transición suficientemente acelerada.
La actual administración debe responder por la ejecución de sus propias políticas, pero también por la continuidad de los compromisos públicos heredados.
Cambiar una norma es una facultad legítima de cualquier Gobierno. Lo que no debería resultar aceptable es modificar una estrategia sin explicar con suficiente claridad qué objetivos permanecen, cuáles cambian y cómo se garantizará su cumplimiento.

Los datos del Observatorio muestran otra realidad
Nuestro Observatorio Energético de Canarias permite comprobar la situación real de los sistemas eléctricos del archipiélago, más allá de anuncios y declaraciones institucionales.
En septiembre de 2026, la participación renovable en la generación eléctrica fue del 21,74 %, después de haber alcanzado el 31,16 % en agosto. Son datos que analizamos en nuestra reciente publicación sobre la evolución energética de septiembre.
Las variaciones mensuales dependen de distintos factores y no deben confundirse con una tendencia estructural. Sin embargo, la serie disponible revela que nuestra dependencia de los combustibles fósiles continúa siendo extraordinariamente elevada.
El Observatorio también documenta importantes diferencias entre islas y episodios de energía renovable que no consigue integrarse en el sistema eléctrico.
Resulta especialmente preocupante que sigamos desaprovechando parte de la energía renovable disponible mientras prolongamos la utilización de tecnologías convencionales.
El problema no se limita a instalar más aerogeneradores o paneles fotovoltaicos. Necesitamos almacenamiento, flexibilidad, redes adecuadas y recursos capaces de proporcionar los servicios de estabilidad que requiere cada sistema eléctrico.
Renovar grupos térmicos no es el verdadero problema
Las autorizaciones afectan a instalaciones de Punta Grande, Barranco de Tirajana, Jinámar, Los Guinchos y Granadilla. No añaden nueva potencia al sistema: permiten prolongar el funcionamiento de grupos existentes.
Desde una perspectiva técnica, estas actuaciones pueden resultar necesarias para conservar la seguridad del suministro. Una central térmica renovada no impide necesariamente la descarbonización si sus grupos pasan a funcionar progresivamente menos horas.
Pero tampoco debemos confundir su disponibilidad con un avance energético.
La cuestión fundamental es saber si estas inversiones forman parte de una estrategia de sustitución ordenada o si estamos normalizando la permanencia del modelo fósil.
Porque mantener disponibles unos grupos como respaldo mientras crecen las renovables es perfectamente razonable. Mantenerlos como protagonistas del sistema durante otra década sería algo muy distinto.

¿Cree realmente el Gobierno en la transición energética?
Esta es la pregunta que, a nuestro juicio, merece una respuesta política clara.
¿Está la actual administración canaria verdaderamente convencida de que debemos transformar nuestros sistemas eléctricos para abandonar progresivamente los combustibles fósiles? ¿O está apostando, en la práctica, por prolongar todo lo posible la estructura convencional existente?
No pretendemos atribuir intenciones que desconocemos. Pero tenemos derecho a valorar las decisiones políticas por sus resultados, y no únicamente por los discursos que las acompañan.
El Gobierno debería explicar cómo piensa reducir las horas de funcionamiento de los grupos térmicos, qué capacidades renovables y de almacenamiento estarán disponibles para sustituirlos y cuáles son los plazos comprometidos.
También debería presentar un balance transparente de la ejecución de la hoja de ruta de 2022, indicando qué actuaciones se han completado, cuáles permanecen pendientes y por qué.
Canarias necesita seguridad de suministro, naturalmente. Pero también necesita abandonar una dependencia fósil que nos hace vulnerables económica y ambientalmente.
El fracaso no consiste en prolongar hoy la vida de nueve grupos térmicos. Consiste en haber llegado hasta aquí sin haber construido alternativas suficientes para necesitar utilizarlos cada vez menos.
Y mientras seguimos renovando centrales convencionales, el cambio climático no espera.
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
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