ZAR en Canarias: planificación renovable o conflicto territorial
Introducción
Las ZAR en Canarias han dejado de ser un asunto técnico para convertirse en un debate político, territorial y casi emocional. La comparecencia parlamentaria del 14 de mayo sobre las Zonas de Aceleración de Renovables en Lanzarote y Fuerteventura lo dejó claro: nadie discute ya, salvo posiciones muy minoritarias, que Canarias necesita más energías limpias. El conflicto aparece cuando esa necesidad toca el suelo, el paisaje, la agricultura, la biodiversidad y la identidad de cada isla.
El debate tuvo algo de choque político, como era previsible. Pero también dejó una cuestión de fondo que conviene tomar muy en serio: Canarias no puede descarbonizarse sin territorio, pero tampoco puede proteger el territorio manteniendo intacta su dependencia de los combustibles fósiles.
Ahí está el dilema real. Y no se resuelve con consignas.
Qué se debatía realmente sobre las ZAR en Canarias
La comparecencia fue solicitada para analizar la polémica generada con los cabildos de Lanzarote y Fuerteventura por los mapas propuestos para delimitar las Zonas de Aceleración de Renovables. También se pidió abordar qué medidas se adoptarían para garantizar el consenso institucional y la protección del territorio insular.
No hablamos, por tanto, de un debate abstracto sobre renovables. Se debatía algo mucho más concreto: dónde ubicar los proyectos renovables en islas con poco suelo disponible, alta sensibilidad paisajística y sistemas eléctricos todavía muy dependientes del petróleo.
El consejero de Transición Ecológica defendió que Canarias incorporó las ZAR en 2024 para evitar una transición energética “de salto a la mata”, proyecto a proyecto, sin visión insular ni criterios previos. Según su planteamiento, las ZAR no buscan sustituir a los cabildos, sino construir con ellos una planificación técnica que delimite qué suelos pueden tener sentido y cuáles deben quedar fuera.
La idea es potente. Pero exige una condición básica: que la planificación sea creíble, transparente y socialmente comprensible.
Jone Caraballo: sí a las renovables, no al culebrón territorial
Jone Caraballo, de Nueva Canarias-Bloque Canarista, abrió el debate con una posición clara: su grupo está a favor de las renovables y de las Zonas de Aceleración de Renovables, pero no de la forma en que se ha gestionado el conflicto en Lanzarote y Fuerteventura.
Su intervención tuvo un tono crítico y muy territorial. Habló de un “culebrón oriental” y reclamó transparencia para saber qué estaba ocurriendo con los mapas. También recordó la vulnerabilidad energética de Lanzarote y Fuerteventura, dos islas donde una parte relevante del combustible que se quema sirve para desalar agua. Ese punto es esencial: en las islas orientales, la dependencia energética no afecta solo a la luz, sino también al agua.
Caraballo defendió una secuencia razonable: primero cubiertas públicas, colegios, hospitales, centros socioculturales y edificios administrativos; después suelos antropizados o degradados; finalmente, si no fuera suficiente, suelo rústico con mucha prudencia. Su mensaje fue sencillo: renovables sí, pero con responsabilidad, papeles leídos y respeto al territorio.
Mariano Hernández Zapata: la alternativa es planificación o desorden
El consejero Mariano Hernández Zapata sostuvo la defensa más estructurada de las ZAR. Su argumento central fue que la transición energética “no se va a hacer sola” y que el verdadero problema aparece cuando se pasa del objetivo general al territorio concreto. Dicho de otra forma: todos quieren renovables hasta que hay que decidir dónde colocarlas.
Zapata aportó varios elementos relevantes. Señaló que Lanzarote parte de un acuerdo ya alcanzado, aunque pendiente de afinar tras las dudas surgidas con los mapas. También indicó que Fuerteventura tiene el trabajo técnico muy avanzado y que La Palma, Tenerife y Gran Canaria están cerca de contar con sus propias ZAR.
El consejero defendió, además, que “cubiertas o suelo” no es el debate correcto. Para él, el planteamiento debe ser “cubiertas y suelo”. Según expuso, Lanzarote tendría que pasar de unos 63 MW renovables instalados a 143 MW, mientras Fuerteventura debería avanzar desde unos 126 MW hasta 296 MW. Incluso con un escenario muy optimista de cubiertas, sostuvo que no se alcanzarían los objetivos previstos.
La frase más importante de su intervención llegó al final: la alternativa real no es entre ZAR y territorio, sino entre planificación o desorden. Según Zapata, sin ZAR se mantiene el riesgo de proyectos dispersos, sin criterio previo y con mayor conflictividad.
Agrupación Herreña Independiente: consenso social, no solo institucional
Desde la Agrupación Herreña Independiente se puso el acento en el consenso. Su representante aceptó la necesidad de avanzar hacia un modelo energético más limpio, pero advirtió que la transición solo será viable si se construye desde el acuerdo institucional y social.
La intervención introdujo una reflexión interesante sobre las islas pequeñas. En territorios frágiles, con gobiernos insulares a veces sostenidos por mayorías débiles, no basta con un acuerdo formal entre instituciones. Hace falta abrir procesos de participación más amplios, porque una decisión energética puede afectar al paisaje, a la economía y a la propia identidad insular.
Ese matiz es importante. Una firma institucional puede ser legalmente suficiente, pero no siempre es socialmente robusta. Y en materia energética, la legitimidad social es casi tan importante como la tramitación administrativa.
Agrupación Socialista Gomera: las ZAR no pueden eternizarse
La Agrupación Socialista Gomera reconoció el papel de la Consejería y la importancia de que los cabildos participen en la definición de las zonas. Su posición fue equilibrada: diálogo sí, consenso también, pero sin convertir el proceso en una excusa para no avanzar.
El representante gomero recordó que Canarias se mueve todavía en niveles bajos de penetración renovable y que el objetivo de 2030 es muy exigente. También introdujo una cuestión técnica fundamental: no basta con instalar generación renovable; hacen falta redes capaces de absorberla, interconexiones y estructura eléctrica.
Ese punto merece subrayarse. En sistemas insulares, el problema no es solo poner aerogeneradores o placas. También hay que garantizar estabilidad, evacuación, almacenamiento, gestión de excedentes y seguridad del suministro.

Vox: rechazo al suelo renovable y apuesta nuclear
Vox llevó el debate por otro camino. Su intervención se centró en cuestionar la ocupación territorial de las renovables y en comparar esa ocupación con una hipotética solución nuclear mediante pequeños reactores modulares.
El argumento fue muy gráfico: traducir el suelo necesario en campos de fútbol para presentar la implantación renovable como desproporcionada. También se habló de “fanatismo climático” y se defendió un mix energético que no descartara la nuclear.
La respuesta del consejero fue contundente. Rechazó esa vía para Canarias, aludiendo al riesgo, a los residuos y a la falta de sentido de plantear centrales nucleares en territorios insulares tan pequeños y densamente condicionados.
Desde una perspectiva técnica y territorial, la propuesta nuclear suena más a provocación ideológica que a solución realista para los sistemas eléctricos canarios.
Partido Popular: ordenar para proteger Fuerteventura
Fernando Enseñat, del Partido Popular, defendió las ZAR en Canarias desde la óptica de Fuerteventura. Su intervención fue clara: ordenar y planificar las renovables es una forma de proteger el territorio.
El diputado popular sostuvo que Fuerteventura debe decidir dónde y cómo quiere sus renovables. También defendió que hay prisa, porque la isla no puede seguir perdiendo oportunidades ni manteniendo su dependencia del petróleo. Recordó, además, la situación de la central de El Charco y la necesidad de sustituir progresivamente generación fósil por renovable.
Su posición fue favorable a las ZAR, pero con una condición política evidente: que la decisión se tome desde la isla y no contra la isla. Esa idea conecta con una sensibilidad muy extendida en Canarias. La transición energética necesita escala regional, pero no puede ignorar la escala insular.
Oswaldo Betancor: renovables sí, invasión no
Oswaldo Betancor, presidente del Cabildo de Lanzarote y diputado del Grupo Nacionalista Canario, defendió que Lanzarote y Fuerteventura quieren energías limpias, pero no desorden territorial ni especulación.
Su intervención fue una de las más relevantes del debate. Planteó una jerarquía de actuación muy clara: primero azoteas; después suelos antropizados, degradados o transformados; y solo en último lugar suelo rústico, siempre de forma ordenada y compatible con el paisaje.
Betancor recordó que Lanzarote es Reserva de la Biosfera, geoparque y paisaje agrícola de valor internacional. Para él, el paisaje no es una postal: es economía, turismo, calidad de vida e identidad.
También defendió que la transición energética debe pivotar desde lo público, para que los beneficios reviertan en la sociedad lanzaroteña y no solo en grandes empresas. Ese elemento abre un debate decisivo: quién gana con la transición energética.
Marco Antonio Vergaz: crítica al protocolo y a los mapas
Marco Antonio Vergaz, del PSOE, fue especialmente crítico con el protocolo firmado entre el Gobierno de Canarias y el Cabildo de Lanzarote. Acusó a ambas instituciones de contradicciones, mala gestión y falta de claridad pública.
Su intervención se centró en los mapas y en el impacto paisajístico de algunas zonas señaladas. Preguntó cómo era posible que se firmara un protocolo que después generó rechazo social y político. También reclamó que se escuche a los ayuntamientos de Lanzarote y que no se rebaje la vigilancia ciudadana.
Vergaz defendió un modelo basado en suelo público, cubiertas y consenso municipal. Su crítica no fue contra las renovables en sí, sino contra una gestión que, a su juicio, ha generado confusión, alarma social y desconfianza.
El verdadero fondo del debate: cubiertas, suelo y honestidad
La discusión parlamentaria dejó una enseñanza incómoda. Las cubiertas son imprescindibles, pero no bastan. Los suelos antropizados deben ser prioritarios, pero tampoco resolverán todo. Y el suelo rústico no puede convertirse en tabú absoluto si queremos descarbonizar sistemas eléctricos todavía dependientes del fuel y el gasóleo.
La honestidad empieza por reconocer las tres cosas a la vez.
También conviene evitar dos errores. El primero sería imponer mapas desde arriba, sin sensibilidad insular. El segundo sería usar el paisaje como excusa para mantener centrales fósiles, emisiones, dependencia exterior y vulnerabilidad energética.
Canarias necesita renovables. Pero necesita renovables bien ubicadas, con participación social, retorno local, respeto a la agricultura, protección de la biodiversidad y criterios eléctricos rigurosos.
Conclusión: planificar para proteger, acelerar para sobrevivir
La posición de Canarias Sostenible debe ser clara: las ZAR son necesarias, pero no pueden ser un cheque en blanco. Bien diseñadas, pueden ordenar el despliegue renovable, evitar la especulación y proteger los suelos más sensibles. Mal gestionadas, pueden convertirse en una fuente de rechazo social y en un regalo para quienes desean frenar la transición energética.
El debate no debe plantearse como renovables contra paisaje. Esa es una trampa. El verdadero dilema es otro: planificación democrática o desorden especulativo; transición justa o dependencia fósil; participación real o conflicto permanente.
Canarias no puede seguir quemando combustibles importados como si el cambio climático, la fragilidad insular y la crisis energética fueran asuntos ajenos. Pero tampoco puede llenar el territorio de proyectos sin alma, sin arraigo y sin respeto por cada isla.
La salida está en un equilibrio exigente: cubiertas, todas las posibles; suelos antropizados, todos los razonables; redes, almacenamiento y baterías, cuanto antes; y suelo adicional, solo donde tenga sentido técnico, ambiental y social.
La transición energética debe hacerse bien. Pero también debe hacerse ya. Porque esperar también ocupa territorio: ocupa futuro, ocupa salud, ocupa paisaje y ocupa tiempo que Canarias ya no tiene.
¿Tú qué opinas? Te leo en los comentarios.
