Agua y energía en Canarias: una misma transición

Agua y energía: el binomio estratégico de Canarias

Agua y energía son, en Canarias, dos caras de la misma moneda. No hay seguridad hídrica sin energía. Tampoco habrá transición energética completa si dejamos fuera el ciclo del agua. En unas islas con recursos naturales limitados, presión demográfica, turismo intensivo, agricultura vulnerable y un clima cada vez más exigente, hablar de agua es hablar también de electricidad, emisiones y planificación.

Durante demasiado tiempo hemos tratado ambos debates como si caminaran por separado. Por un lado, la sequía, las desaladoras, las redes hidráulicas y las pérdidas de agua. Por otro, las renovables, el almacenamiento, las redes eléctricas y la reducción de combustibles fósiles. Pero la realidad insular no entiende de compartimentos administrativos. Cada metro cúbico de agua desalada lleva detrás una factura energética. Una avería en una infraestructura hidráulica se convierte en un problema social. Cada kilovatio renovable bien integrado puede aliviar la dependencia fósil del agua.

Canarias no necesita solo producir más agua. Necesita producirla mejor, moverla con menos pérdidas, reutilizarla más y alimentarla con energía limpia. Esa es la transición que de verdad importa.

La desalación no es una opción: es una columna vertebral

En buena parte del archipiélago, la desalación dejó hace tiempo de ser una tecnología complementaria. Es una infraestructura vital. Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, El Hierro o Tenerife dependen en distinta medida de la producción industrial de agua para sostener población, agricultura, servicios públicos y actividad turística.

El Instituto Tecnológico de Canarias ha señalado la elevada dependencia de la desalación en varias islas: 100% en Lanzarote y Fuerteventura, 90% en El Hierro, 86% en Gran Canaria y 47% en Tenerife, con datos expuestos en una jornada técnica sobre optimización energética del ciclo del agua. En esa misma referencia se indicaba que la energía representa entre el 40% y el 60% del coste de producción de la desalación de agua de mar. (itccanarias.org)

Este dato debería estar grabado en cualquier debate público sobre el futuro hídrico de Canarias. La desalación nos da seguridad, sí. Pero esa seguridad tiene un precio energético elevado. Si esa energía procede mayoritariamente de combustibles fósiles, cada litro de agua arrastra también emisiones, dependencia exterior y vulnerabilidad económica.

Por eso, la pregunta ya no es si Canarias debe desalar. La pregunta relevante es cómo desalar con menor consumo, menor coste, mayor resiliencia y menor huella climática.

El ciclo del agua también consume sistema eléctrico

Conviene ampliar la mirada. No solo consume energía la planta desaladora. También la consumen las captaciones, los pozos costeros, las estaciones de bombeo, los depósitos, la distribución, la depuración y la regeneración. El ciclo completo del agua es una red dentro de otra red.

El ITC ha estimado que el ciclo industrial del agua —urbano, turístico e industrial— consume el 12,6% de la energía puesta en la red del archipiélago. No es una cifra marginal. Es una parte estructural del consumo eléctrico canario. (itccanarias.org)

Dicho de forma sencilla: cuando hablamos de descarbonizar Canarias, también hablamos de descarbonizar el agua. Si no reducimos el consumo energético del ciclo hidráulico, estaremos dejando fuera uno de los sectores más importantes de la transición.

Aquí aparece una idea fundamental: la eficiencia hidráulica es también eficiencia energética. Reparar fugas, modernizar bombeos, mejorar membranas, digitalizar redes y optimizar depósitos no son tareas menores de fontanería pública. Son medidas climáticas. Política energética. Son seguridad insular.

Sequía, averías y fragilidad: la advertencia de Lanzarote

La crisis del agua en Lanzarote y La Graciosa es una llamada de atención para todo el archipiélago. No es solo una cuestión local. Es la expresión de una fragilidad que puede repetirse allí donde la infraestructura no esté preparada, mantenida y planificada a largo plazo.

El 21 de mayo de 2026, la Cadena SER informó de cortes de suministro que afectaban a cinco de los siete municipios de Lanzarote y también a La Graciosa, con 31 localidades sin agua. La información vinculaba la situación a averías en la planta Lanzarote V y en desaladoras portátiles, con una caída significativa de la producción de agua potable. (Cadena SER)

Además, Lanzarote y La Graciosa arrastran una situación administrativa excepcional. La emergencia hídrica fue declarada en 2025 y prorrogada hasta 2026. La propia documentación del Consejo Insular de Aguas recoge la aprobación de una segunda prórroga hasta el 4 de agosto de 2026. (Consejo Insular de Aguas de Lanzarote)

La lección es incómoda, pero necesaria. La desalación puede garantizar agua en territorios secos, pero solo si las infraestructuras funcionan, si las redes no pierden una parte inaceptable del recurso y si existe capacidad de respuesta ante averías. No basta con instalar plantas. Hay que sostener todo el sistema.

Infografía sobre agua y energía en Canarias que explica la dependencia de la desalación, el consumo eléctrico del ciclo del agua y la necesidad de descarbonizar el suministro hídrico.

Renovables para desalar: una prioridad climática

La integración de renovables en la desalación es una de las líneas más lógicas para Canarias. Tenemos sol, viento, conocimiento técnico y una necesidad hídrica evidente. Lo absurdo sería no unir esas piezas.

Una desaladora alimentada parcialmente con renovables reduce emisiones, baja la exposición al precio de los combustibles y convierte el agua en un recurso más estable. No elimina todos los problemas, porque la desalación necesita continuidad, operación segura y respaldo. Pero abre una vía clara: producir agua con menos carbono.

El propio ITC ha citado la planta desaladora en régimen de autoconsumo eólico de Vargas, en Gran Canaria, con una producción de 5.000 metros cúbicos diarios, como ejemplo de aprovechamiento de fuentes limpias en desalación. (itccanarias.org)

No deberíamos tratar estos ejemplos como curiosidades. Son señales de hacia dónde debe avanzar el modelo canario: más eficiencia, más renovables, más almacenamiento, más control inteligente y menos dependencia fósil.

DESALIFE: cuando el mar también puede aportar energía

Entre los proyectos más interesantes aparece DESALIFE, una iniciativa que busca producir agua desalada utilizando energía de las olas en el norte de Gran Canaria. El proyecto, liderado por un consorcio en el que participan Ocean Oasis Canarias, el ITC, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, PLOCAN y otros socios, cuenta con un presupuesto cercano a los 10 millones de euros y financiación europea. (itccanarias.org)

La propuesta es especialmente sugerente porque utiliza energía undimotriz para alimentar un proceso de ósmosis inversa sin consumir electricidad de la red. Según el ITC, el agua producida se entregará a la EDAM Arucas-Moya, con una aportación prevista de hasta 2.000 metros cúbicos diarios de promedio anual, equivalente al consumo diario de unas 15.000 personas. (itccanarias.org)

Conviene ser prudentes. DESALIFE no resuelve por sí solo el problema hídrico de Canarias. Tampoco debemos convertir cada proyecto piloto en una promesa milagrosa. Pero sí representa una línea de innovación muy valiosa: usar recursos marinos renovables para reducir la presión energética de la desalación.

En islas, la innovación no debería ser un adorno. Debería ser una obligación estratégica.

Agricultura: el agua que sostiene territorio

La crisis hídrica no afecta solo al grifo doméstico. También golpea a la agricultura, a la ganadería y al paisaje productivo. Cuando el agua falta o se encarece, el campo se debilita. Y cuando el campo se debilita, el territorio pierde actividad, identidad y capacidad de cuidado.

En abril de 2025 se anunció una inversión de 13,4 millones de euros para nuevas instalaciones de desalación destinadas al sector agrícola, con una capacidad conjunta de 22.600 metros cúbicos diarios. Las localizaciones previstas incluían La Palma, La Gomera, Fuerteventura, Lanzarote, Tenerife, Gran Canaria y El Hierro. (Retema)

La medida va en la dirección correcta, siempre que no se limite a poner más producción sobre redes deficientes. El agua agrícola necesita planificación: calidad adecuada, precio razonable, distribución eficiente y energía renovable asociada siempre que sea posible.

Una agricultura canaria más resiliente no se consigue solo con más desaladoras. Necesita suelo vivo, riego eficiente, reutilización, formación, modernización y una política energética que entienda el agua como parte del sistema.

Infografía sobre soluciones para unir agua y energía en Canarias mediante renovables, almacenamiento, desalación eficiente, reutilización y modernización de redes hidráulicas.

Fuerteventura: actualizar infraestructuras también es transición

Fuerteventura ofrece otro ejemplo reciente. El Gobierno de Canarias informó el 13 de mayo de 2026 de una actuación superior a cinco millones de euros para reforzar el abastecimiento de agua potable en la isla. El proyecto incluye materiales para infraestructuras, actualización de plantas de producción, estaciones de bombeo y sustitución progresiva de membranas de ósmosis inversa. (Gobierno de Canarias)

Este tipo de actuaciones no suelen despertar grandes titulares. No tienen la épica visual de una planta renovable ni la fuerza política de una gran obra inaugural. Sin embargo, son decisivas. Cambiar membranas, mejorar cuadros eléctricos o disponer de repuestos críticos puede marcar la diferencia entre continuidad del suministro y emergencia.

La transición ecológica también se juega en esos detalles. A veces, la infraestructura más transformadora no es la más fotografiable. Es la que evita una avería, reduce pérdidas, baja consumos o permite que una familia abra el grifo sin incertidumbre.

Reutilización y redes: la gran asignatura pendiente

Canarias no puede abordar el agua solo desde la oferta. Producir más es necesario en muchas zonas, pero no suficiente. También hay que gestionar mejor lo que ya tenemos.

La reutilización de aguas depuradas debería ocupar un lugar mucho más central. En un territorio insular, seco y climáticamente vulnerable, cada metro cúbico regenerado que se destina a riego, jardines, agricultura o usos compatibles reduce presión sobre otros recursos. No todo debe salir del mar ni de los acuíferos.

Lo mismo ocurre con las pérdidas en redes hidráulicas. Cada fuga es agua perdida, energía desperdiciada y dinero público enterrado. Cuando una desaladora produce agua que luego se pierde en la distribución, el fracaso es doble: hídrico y energético.

Digitalizar redes, sectorizar consumos, detectar fugas, renovar conducciones y operar bombeos con inteligencia debería ser tan prioritario como construir nuevas plantas. La gestión fina no luce tanto, pero ahorra mucho más de lo que parece.

Turismo, población y límites insulares

El debate sobre agua y energía también obliga a mirar de frente el modelo territorial. Canarias no puede hablar de sostenibilidad sin preguntarse por la presión que ejercen el crecimiento poblacional, el turismo, la expansión urbana y determinadas actividades sobre recursos limitados.

No se trata de caer en discursos simplistas. El turismo sostiene empleo y renta. La población necesita vivienda, servicios y oportunidades. Pero todo crecimiento tiene una traducción material: más agua, más energía, más residuos, más movilidad y más infraestructuras.

El cambio climático añade presión. Menos regularidad en las lluvias, episodios extremos, olas de calor y mayor estrés hídrico hacen que el margen de error sea cada vez menor. En ese contexto, planificar agua y energía por separado es un lujo que Canarias ya no puede permitirse.

La sostenibilidad no consiste en negar la realidad económica. Consiste en reconocer los límites físicos antes de que nos los imponga una emergencia.

Ayudas públicas: una oportunidad para unir las piezas

La convocatoria de ayudas renovables anunciada el 22 de mayo de 2026 por la Consejería de Transición Ecológica y Energía también puede leerse desde esta clave. Son 18,46 millones de euros de fondos FEDER para eficiencia energética, renovables, almacenamiento y redes inteligentes. (Cadena SER)

Sería deseable que una parte relevante de este tipo de financiación encuentre proyectos vinculados al ciclo del agua: bombeos eficientes, autoconsumo en instalaciones hidráulicas, almacenamiento asociado a plantas desaladoras, mejora energética de depuradoras, telecontrol de redes y soluciones integradas en municipios.

El dinero público no debería limitarse a subvencionar instalaciones aisladas. Debe ayudar a resolver problemas estructurales. Y pocos problemas son tan estructurales en Canarias como la relación entre agua, energía y clima.

Conclusión: el agua limpia necesita energía limpia

Canarias ha aprendido a crear agua donde antes solo había escasez. Esa es una conquista técnica, social y política que conviene valorar. La desalación ha permitido sostener población, agricultura, turismo y calidad de vida en territorios donde el agua natural no alcanza.

Pero el siguiente paso es igual de importante: hacer que esa agua sea menos dependiente del petróleo, menos vulnerable a averías, menos costosa y más integrada en una economía baja en carbono.

El futuro hídrico de Canarias no se resolverá solo con más desaladoras. Tampoco solo con más renovables. Se resolverá cuando entendamos que el agua y la energía forman parte de una misma transición.

Necesitamos desalación eficiente, renovables bien integradas, almacenamiento, reutilización, redes hidráulicas modernas, gestión pública transparente, innovación tecnológica y una ciudadanía consciente del valor real de cada gota.

Porque en Canarias, cuidar el agua es cuidar la energía. Y cuidar la energía es cuidar la vida.

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