Autorización Tigaiga: una solución del pasado para un problema del presente
Canarias tiene un problema real de seguridad eléctrica. Negarlo sería irresponsable.
Nuestros sistemas son pequeños, aislados o débilmente interconectados. Necesitan reservas, potencia gestionable, regulación de frecuencia, control de tensión y capacidad para responder cuando falla generación.
Pero de ahí no se deduce que la respuesta tenga que ser siempre quemar más combustible.
Durante décadas no teníamos demasiadas alternativas. Hoy sí.
Disponemos de almacenamiento electroquímico capaz de responder en milisegundos. Podemos combinar renovables y baterías, mejorar las redes, gestionar demanda y desarrollar recursos de flexibilidad.
También podemos repotenciar instalaciones renovables existentes y aprovechar mejor unas interconexiones que empiezan a cambiar la operación de nuestros sistemas.
Nada de esto significa que una batería sustituya automáticamente a una planta térmica durante cualquier número de horas.
Eso sería técnicamente falso.
Pero tampoco es razonable presentar cada déficit de cobertura como si inevitablemente condujera a instalar más motores fósiles.
¿Dónde está la comparación de alternativas?
Esta es probablemente la cuestión energética que más nos preocupa.
Ya analizamos el coste de Tigaiga y la ausencia de una comparación homogénea de alternativas. Allí encontramos un problema que sigue vigente: conocemos bastante bien la solución elegida, pero mucho menos el proceso utilizado para descartar otras opciones.
Una política energética coherente con la descarbonización debería empezar preguntando qué servicios necesita el sistema.
Después debería buscar la combinación más eficiente para proporcionarlos.
No al revés.
Si necesitamos potencia durante varias horas, habrá que cuantificarla. Que necesitamos reserva rápida, una batería puede resultar extraordinariamente eficaz. Si necesitamos capacidad de reposición, habrá que determinar qué recursos pueden prestarla.
Y si finalmente necesitamos motores térmicos durante un periodo transitorio, que se explique.
Pero que se explique después de comparar las alternativas, no antes.
Canarias dispone ya de un marco que contempla el almacenamiento para prestar reserva rodante. Lo analizamos en nuestra entrada sobre baterías para reserva rodante en Canarias.
Ese cambio regulatorio debería obligarnos a elevar el nivel del debate.

Más combustible fósil también tiene un coste estratégico
El propano puede emitir menos determinados contaminantes que otros combustibles líquidos. Eso no lo convierte en una energía limpia.
Sigue siendo un combustible fósil.
Su combustión produce CO₂. Hay que importarlo, transportarlo y almacenarlo. Mantiene además una dependencia energética exterior que Canarias debería intentar reducir, no consolidar.
Cada nueva infraestructura fósil genera también una inercia económica.
Hay inversión realizada, contratos, mantenimiento, logística y personal asociado. Lo que nace como provisional puede desarrollar después argumentos para prolongar su vida.
Precisamente por eso debería exigirse una justificación extraordinariamente rigurosa antes de instalar nueva generación fósil.
La transición energética no consiste únicamente en añadir parques eólicos y fotovoltaicos mientras mantenemos intacto el sistema térmico tradicional.
Consiste en sustituir progresivamente las funciones que hoy prestan los combustibles fósiles.
Ese cambio es mucho más difícil.
Pero ese es exactamente el cambio que debemos afrontar.
Y además aparecen dudas en la propia autorización
El debate sobre Tigaiga no termina en la elección tecnológica.
La documentación presenta cuestiones administrativas que consideramos suficientemente importantes como para haber preparado un recurso de alzada.
El anuncio sometido a información pública en mayo de 2026 describía la evacuación mediante dos ternas subterráneas de aluminio de 400 mm². Así consta literalmente en el Boletín Oficial de Canarias. Gobierno de Canarias
Sin embargo, la autorización termina describiendo una solución diferente: una única terna de cobre de mayor sección.
Y esa configuración aparece en documentación presentada apenas seis días antes de autorizarse el proyecto.
No afirmamos aquí que el cambio sea necesariamente ilegal.
Preguntamos algo bastante más elemental:
¿cuándo se incorporó formalmente esa modificación al proyecto y cómo se determinó que no exigía repetir determinados trámites?

Un suelo todavía sin ordenar
Existe además una cuestión territorial importante.
La resolución reconoce que las parcelas se encuentran dentro de un sector urbanizable que todavía carece del correspondiente instrumento de desarrollo.
Aun así, aplica el procedimiento excepcional de la legislación eléctrica canaria y entiende subsumida la autorización territorial dentro de la autorización eléctrica.
El problema merece una explicación especialmente sólida.
Cuando se utiliza una vía excepcional para implantar una infraestructura fósil, las garantías no deberían relajarse precisamente porque exista urgencia.
Debería ocurrir lo contrario.
La excepcionalidad exige más transparencia, más motivación y mejores documentos.
Una planta fósil que además deja preguntas ambientales abiertas
El pronunciamiento ambiental incorpora condiciones que deberán resolverse posteriormente.
Entre ellas aparecen estudios acústicos, análisis de riesgos, efecto dominó y medidas relacionadas con las viviendas próximas.
Se llega incluso a plantear la posibilidad de rediseñar la posición de determinados componentes dentro de la parcela para aumentar la distancia respecto a las viviendas.
Eso plantea una situación difícil de ignorar.
Se autoriza una configuración concreta mientras se admite que quizá haya que modificarla posteriormente para reducir determinadas afecciones.
Es legítimo preguntarse si no habría sido más razonable resolver primero algunas de esas incógnitas.
El verdadero debate no es Tigaiga contra las renovables
Sería demasiado simplista plantearlo así.
El verdadero debate es qué sistema eléctrico queremos construir.
Podemos continuar añadiendo renovables mientras conservamos una estructura basada en centrales fósiles preparadas para entrar cuando el sistema se complica.
O podemos empezar a diseñar seriamente un sistema en el que renovables, almacenamiento, redes, bombeos, gestión de demanda y electrónica de potencia vayan sustituyendo progresivamente los servicios que hoy prestan las centrales térmicas.
Las baterías tampoco deben instalarse sin planificación. Lo hemos defendido expresamente al analizar la actual avalancha de proyectos BESS en Canarias. Canarias sostenible
No queremos sustituir una improvisación fósil por una improvisación renovable.
Queremos planificación.
Y queremos una planificación cuyo horizonte sea abandonar los combustibles fósiles, no acostumbrarnos a ellos.

Hemos preparado un recurso de alzada
Por eso esta vez hemos querido ir más allá de la crítica editorial.
Adjuntamos a esta entrada un recurso de alzada contra la autorización administrativa de Tigaiga.
El documento desarrolla con mayor profundidad las dudas relativas al procedimiento urbanístico, la información pública y la definición técnica del proyecto finalmente autorizado.
No pretendemos sustituir el debate jurídico que corresponde a la Administración y, en su caso, a los tribunales.
Pretendemos algo mucho más sencillo:
que se responda con documentos a preguntas que afectan a una infraestructura energética de más de 14 MW alimentada con combustible fósil.
La seguridad del suministro importa.
Pero también importa hacia dónde nos conduce cada decisión.
Canarias no puede declarar que quiere descarbonizarse y seguir tratando cada problema eléctrico como una nueva oportunidad para instalar motores.
La transición energética será difícil. Habrá soluciones transitorias y probablemente algunas no serán perfectas.
Pero la dirección debe estar clara.
Cada euro público y cada nueva infraestructura deberían acercarnos al abandono de los combustibles fósiles, no alejarnos de él.
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1
