El apagón de La Gomera

Anatomía de un Cero Energético: Lecciones del Gran Apagón de La Gomera

Recordamos perfectamente aquel domingo 30 de julio de 2023. Para la mayoría, era un día de verano normal en Canarias, pero para los que trabajamos en el sector eléctrico, se convirtió en una de las jornadas más complejas y reveladoras de los últimos años. A las 02:45 de la madrugada, la isla de La Gomera se quedó completamente a oscuras. No fue un apagón parcial; fue un «cero energético insular», el evento más temido en cualquier sistema eléctrico aislado.

Como alguien que ha dedicado su carrera a entender las particularidades de nuestras redes, este suceso no fue solo una noticia, sino un caso de estudio en tiempo real. Analizar lo que ocurrió es fundamental para entender los retos a los que nos enfrentamos y las soluciones que debemos implementar para una transición energética que no solo sea limpia, sino también segura y resiliente.

El Origen del Fallo: La Caída del Corazón Energético

La causa del apagón fue un incendio en la central térmica de El Palmar, en San Sebastián de La Gomera, concretamente en la sala de servicios auxiliares. Desde un punto de vista técnico, esto representa el peor escenario posible. No se trató del fallo de un solo grupo generador o de una línea de transporte (lo que conocemos como un fallo N-1), sino de la pérdida total y simultánea del único gran centro de producción de la isla.

La central de El Palmar, operada por Endesa, es el corazón que bombea la energía y, lo que es igual de importante, la que proporciona la inercia y la estabilidad (control de frecuencia y tensión) que la red necesita para funcionar. Sin ella, el sistema, simplemente, no puede sostenerse. Las fuentes renovables, como la eólica, necesitan una red estable para poder conectarse y verter su energía; no pueden, por sí solas, arrancar un sistema desde cero tras un colapso de esta magnitud.

Esto nos deja la primera y más importante lección: la vulnerabilidad por falta de redundancia geográfica. Depender de una única ubicación física para la práctica totalidad de la generación gestionable es un riesgo que, como se demostró, puede tener consecuencias enormes.

La Respuesta de Emergencia: Una Logística sin Precedentes

Con la central principal fuera de servicio, la única solución viable era recurrir a la generación de emergencia. Lo que siguió fue una operación logística masiva y compleja coordinada por Red Eléctrica (como Operador del Sistema), Endesa (como propietaria de la red de distribución y la central) y las administraciones públicas, con la crucial colaboración de la Unidad Militar de Emergencias (UME).

Se movilizaron por aire y mar más de 70 grupos electrógenos diésel desde otras islas y la península. Es importante entender que esto no es tan simple como «enchufar generadores». Cada grupo debe instalarse, conectarse a la red de media tensión y, lo más delicado, sincronizarse con los demás para crear una «mini-red» estable y provisional. Gestionar la frecuencia y la tensión de este mosaico de pequeños generadores es un desafío técnico de primer nivel.

Los primeros grupos comenzaron a dar suministro a servicios esenciales (hospital, aeropuerto, puerto) en las primeras 24 horas, pero la recuperación total del suministro para los más de 15.000 clientes afectados se demoró varios días, hasta el miércoles 2 de agosto. Durante ese tiempo, la isla dependió exclusivamente de estos generadores diésel de emergencia.

Lecciones Aprendidas para un Futuro Sostenible y Resiliente

El cero de La Gomera no fue un fallo de la transición renovable, sino un recordatorio de que dicha transición debe ir acompañada de una profunda modernización y un rediseño del concepto de seguridad de suministro.

  1. Redundancia es Resiliencia: La lección más evidente. La Gomera, al igual que otras islas menores, necesita urgentemente una segunda central de respaldo o, mejor aún, fuentes de energía gestionable geográficamente diversificadas. No podemos permitir que un solo incidente en un único punto paralice toda una isla.
  2. El Rol Clave del Almacenamiento: Este evento es el mejor argumento posible para la instalación de sistemas de almacenamiento con baterías a gran escala (BESS). Un sistema de baterías de suficiente capacidad podría haber hecho dos cosas:
    • Proporcionar energía durante las primeras horas críticas, manteniendo servicios esenciales sin depender de la llegada de generadores.
    • Actuar como un «formador de red», creando una señal de tensión y frecuencia estable que permitiera arrancar secciones de la red y dar soporte a la conexión de la generación renovable disponible mucho antes.
  3. Hacia las Microrredes: El futuro de las islas pasa por poder «trocear» la red en microrredes que puedan funcionar de forma autónoma. Si una zona sufre un problema, otras podrían aislarse y autoabastecerse con sus recursos locales (renovables + almacenamiento), garantizando la continuidad del suministro en áreas críticas.
  4. Revisar los Planes de Emergencia: El apagón demostró que los planes de actuación deben contemplar escenarios de muy alta gravedad, como la pérdida total de la central principal (un evento que va más allá del N-1). La coordinación entre administraciones, operadores y la UME fue notable, pero la dependencia de una logística de emergencia tan masiva debe ser nuestro último recurso, no el plan principal.

En conclusión, el gran apagón de La Gomera fue una dura pero necesaria llamada de atención. Nos enseñó que construir un futuro 100% renovable en territorios aislados no consiste solo en instalar más parques eólicos o fotovoltaicos, sino en fortalecer la red con inteligencia, redundancia y, sobre todo, almacenamiento. La resiliencia del sistema debe ser el cimiento sobre el que construyamos una Canarias verdaderamente sostenible.

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