Zurita: El Anacronismo Fósil que Frena a Fuerteventura
Desde la plataforma «Canarias Sostenible», vemos con alarma cómo se proponen soluciones del siglo XX para los retos urgentes del siglo XXI. El principal problema de la humanidad es el cambio climático, y nuestro deber es descarbonizar, no reubicar la contaminación.
La sociedad majorera exige, con toda razón, el cierre de la central térmica de Las Salinas (El Charco), una cicatriz industrial obsoleta y contaminante devorada por el crecimiento urbano de Puerto del Rosario. La solución propuesta por Mariano Zapata, Consejero de Transición Ecológica, parece atender esta demanda. Su solicitud al Ministerio es clara: incluir en la planificación 2030 una nueva subestación en Zurita para, supuestamente, «hacer viables nuevos proyectos de generación» y desmantelar El Charco.
Las instituciones aplauden la «hoja de ruta». Pero, ¿qué hoja de ruta es esa? No nos engañemos: esto no es un «traslado». Es la construcción de una nueva central térmica de combustibles fósiles.
Un Brindis al Sol: La Quimera Técnica de Zurita
La propuesta de Zurita se presenta con una ligereza política que ignora la realidad técnica. Se habla de «traslado» cuando lo que se exige es una obra faraónica desde los cimientos. Zurita, hoy, es un erial energético. No es solo un terreno rústico de 300.000 m² junto a un vertedero; es un emplazamiento sin una sola conexión eléctrica de alta tensión, sin obra civil y sin servicios industriales.
Debemos ser claros: para que Zurita genere un solo kilovatio de forma estable, se necesita un ecosistema técnico-industrial completo que costará cientos de millones de euros.
Primero, el Corazón
La nueva subestación de 132 kV. Esta no es una instalación menor. Para garantizar la seguridad de suministro de Fuerteventura, tendría que ser una subestación robusta, con configuración de doble barra para permitir mantenimientos sin cortes. Ya sea de tipo GIS (Encapsulada en Gas), muy cara y compacta, o convencional (AIS), que requiere una superficie inmensa, esta subestación es el requisito previo a cualquier motor.
Segundo, las Arterias
Las líneas de evacuación. Zurita está a kilómetros del eje de transporte insular. Se necesita tender nuevas líneas de alta tensión de 132 kV. Esto implica un proceso que dura años: estudios de impacto ambiental, expropiaciones forzosas y la propia obra, ya sea aérea (con gran impacto visual) o subterránea (con un coste muy superior). No se trata de «enchufar» la central; se trata de rediseñar el anillo eléctrico de Fuerteventura para crear un nuevo nudo de generación donde no lo había.
Tercero, la Obra Civil e Industrial
Hablamos de una cimentación masiva para los grupos generadores, viales capaces de soportar el transporte de motores de 100 toneladas, y gigantescos tanques de combustible. Y un detalle técnico crucial: al estar lejos de la costa, la refrigeración de los motores no podría usar el eficiente sistema de agua de mar (como en Las Salinas), sino que dependería de radiadores de aire forzado. Esto no solo es más caro, sino que es técnicamente menos eficiente, aumentando los consumos auxiliares de la propia planta y, por ende, empeorando su rendimiento global.
Finalmente, el Cerebro
Los sistemas de control. Se requiere un enlace redundante de fibra óptica con el Centro de Control Eléctrico de Red Eléctrica (CECRE) y el centro de control de generación (COGEN). Sin una integración perfecta en el SCADA de REE, la planta es inoperable.
En resumen, Zurita no es un plan; es un boceto multimillonario que ignora las colosales dificultades de ingeniería que implica.

La Realidad: Un Proyecto Inviable y Peligroso
Este castillo en el aire, además de su complejidad técnica, se estrella contra un muro de realidad administrativa, operativa y financiera que lo convierte en un proyecto de altísimo riesgo.
Planificación Estatal
La dificultad más inmediata, la que frena cualquier movimiento, es administrativa: Zurita no existe en la planificación eléctrica estatal. El «Plan de la Red de Transporte 2030» es el documento vinculante que aprueba el Ministerio (MITECO) y financia las infraestructuras de Red Eléctrica. A día de hoy, ni la subestación de Zurita ni sus líneas asociadas están incluidas. La solicitud del Consejero llega en fase de alegaciones, pero el Ministerio no aprueba proyectos por deseos políticos locales, sino por necesidad técnica y viabilidad económica. Este proyecto compite por fondos limitados contra prioridades ya establecidas y urgentes en islas capitalinas, como el vital Salto de Chira. Sin el «sí» de Madrid, esta propuesta es, literalmente, papel mojado.
Simultaneidad de centrales
Pero supongamos que se aprueba. Entramos en el riesgo operativo. Estamos ante sistemas aislados, por lo que advertimos del peligro de la transición: no se puede apagar El Charco hasta que Zurita esté operativa y haya demostrado su fiabilidad al 100%. En un sistema robusto e interconectado como el peninsular, esto es complejo; en un sistema débil e insular como el de Fuerteventura (unido solo a Lanzarote), es una pesadilla de gestión.
Significa operar con dos centrales térmicas principales simultáneamente durante meses, o incluso años. Esto duplica los costes fijos, el personal de operación y el mantenimiento (OPEX). Supone una complicación extrema para la gestión del despacho de carga, aumentando el riesgo de fallos en cadena y, potencialmente, de ceros de suministro en la isla. Es jugar a la ruleta rusa con la estabilidad del sistema Fuerteventura-Lanzarote.
Falacia Ambiental
Por último, la falacia ambiental. El argumento de «criterios ambientales» es hueco. Si lo que se instala en Zurita son nuevos motores diésel o turbinas de gas dual, las emisiones de CO₂, NOx y SOx serán las mismas. Simplemente se traslada la contaminación del entorno urbano de El Charco al entorno (hasta ahora) rústico de Zurita. No se soluciona la emergencia climática; solo se esconde. Peor aún: si la nueva planta es menos eficiente (por la refrigeración por aire), podríamos terminar quemando más combustible por cada MWh generado que en la vieja central. Es un greenwashing de manual para justificar una operación urbanística.
La Traición al 2040: Construyendo Activos Varados
Aquí llegamos al núcleo de nuestra crítica. Estamos en 2025. Canarias tiene un objetivo legal: la descarbonización total en 2040. El cambio climático antropogénico nos obliga a una transición renovable urgente.
En este contexto, proponer la construcción de una nueva central térmica es una profunda contradicción. Es un acto de traición a nuestros propios compromisos climáticos.
Cualquier central térmica nueva (ya sea diésel, gas o dual) es una infraestructura diseñada para operar durante 30 o 40 años. Si la construimos ahora, estamos invirtiendo cientos de millones de euros públicos en un «activo varado» (stranded asset): una instalación que, por ley, deberemos cerrar en apenas 15 años, mucho antes de ser amortizada.
Es gastar el dinero de la transición en perpetuar la adicción fósil.
El Verdadero Camino: PTECan, Almacenamiento e Hidrógeno
El cierre de El Charco es irrenunciable, pero la solución no es otra central térmica. El dinero, el esfuerzo político y la ingeniería que se pretenden dedicar a la nueva térmica de Zurita deben invertirse en la verdadera transición energética.
El camino ya está trazado en el Plan de Transición Energética de Canarias (PTECan).
Fuerteventura no necesita más diésel; necesita almacenamiento. Necesita un despliegue masivo de renovables (eólica y solar) acompañado de sistemas de baterías a gran escala (BESS) que aporten la firmeza y estabilidad de red que hoy dan los motores de Las Salinas.
Y para la garantía de suministro a largo plazo, la solución es el hidrógeno verde (H2V). Usemos los excedentes de sol y viento de Fuerteventura para producir H2V y almacenarlo. Ese hidrógeno, utilizado en turbinas adaptadas o pilas de combustible, es la verdadera energía firme, gestionable y de cero emisiones que sustituirá a los combustibles fósiles.
Conclusión: El Futuro No Se Construye con Humo
Fuerteventura y Canarias se encuentran en una encrucijada histórica. Podemos elegir el camino fácil y anacrónico: enterrar millones en el polvo de Zurita para construir una nueva catedral de combustibles fósiles, aplazando el problema y traicionando nuestros objetivos climáticos.
O podemos elegir el camino valiente, el de la ingeniería del siglo XXI. Utilizar esos mismos recursos para cerrar El Charco e impulsar, en su lugar, la fotovoltaica, la eólica, el almacenamiento a gran escala y el hidrógeno verde.
La propuesta de Zurita no es una solución; es la lápida de la transición energética majorera. Es hora de dejar de mover el humo de sitio y empezar a construir, de una vez por todas, un futuro limpio.
