Cable Tenerife-La Gomera: inaugurar no es operar
El cable Tenerife-La Gomera operativo es una de esas expresiones que conviene manejar con cuidado. Porque una infraestructura puede estar terminada, presentada institucionalmente e incluso energizada, pero otra cosa distinta es que esté funcionando ya como una verdadera interconexión eléctrica entre sistemas.
La diferencia no es menor. En un sistema eléctrico insular, operar significa mucho más que tener un cable tendido bajo el mar. Significa que existe intercambio real de energía, que el despacho se coordina, que una isla puede apoyar a la otra y que los efectos se ven en las curvas de generación y demanda.
Ahí está la cuestión incómoda. El enlace Tenerife-La Gomera fue inaugurado y presentado como un hito histórico. Sin embargo, las curvas públicas de Red Eléctrica no muestran, al menos de forma visible para cualquier ciudadano, un trasvase efectivo de energía entre ambas islas.
Y eso merece una explicación serena, técnica y transparente.
Lo que se inauguró
Red Eléctrica anunció el 5 de febrero de 2026 la conclusión de la interconexión eléctrica submarina entre Tenerife y La Gomera. La infraestructura comprende una línea subterráneo-submarina de doble circuito a 66 kV, con 36 kilómetros de tramo submarino, y conecta las subestaciones de Chío, en Tenerife, y El Palmar, en La Gomera. (Red Eléctrica)
La propia compañía destacó que se trata de una actuación incluida en la planificación vigente, con una inversión de 145 millones de euros. También señaló que el cable alcanza una profundidad máxima de 1.145 metros y que es el enlace submarino tripolar en corriente alterna a 66 kV más profundo del mundo. (Red Eléctrica)
No estamos, por tanto, ante una obra menor. Tampoco ante una infraestructura prescindible. El enlace tiene sentido técnico, estratégico y climático. La Gomera deja de depender exclusivamente de su generación local y puede integrarse, al menos en teoría, en un subsistema eléctrico más amplio con Tenerife.
El problema no está en la obra. Está en la distancia entre el relato de la inauguración y lo que hoy parece observarse en la operación real.
Cable Tenerife-La Gomera operativo: la prueba está en las curvas
Red Eléctrica publica curvas de demanda y producción en tiempo real. La propia compañía explica que esos gráficos se actualizan cada cinco minutos e incluyen datos de demanda real, prevista y programada, además de valores máximos y mínimos diarios. (Red Eléctrica)
Cuando se analizan las curvas públicas de La Gomera, lo relevante no es solo mirar la demanda. Lo importante es comprobar si aparece algún comportamiento compatible con una importación energética desde Tenerife o con un intercambio entre sistemas.
Y aquí surge el dato clave: no se aprecia un trasvase visible de energía entre Tenerife y La Gomera. La Gomera sigue mostrándose, en la práctica observable por el ciudadano, como un sistema cuya demanda se cubre con su propia generación local.
Esta afirmación debe hacerse con prudencia. Las curvas públicas no siempre ofrecen todas las variables internas de operación ni todos los detalles del despacho. Pero si una interconexión está funcionando de forma ordinaria, lo razonable sería que su efecto resultara visible de alguna manera: menor generación local, saldo importador, intercambio reconocible o cambio apreciable en el equilibrio generación-demanda.
Si nada de eso aparece, la pregunta es legítima: ¿el cable está realmente operativo como interconexión energética, o solo está culminado e inaugurado?
Inaugurar una infraestructura no equivale a ponerla a trabajar
En el lenguaje institucional se utilizan a veces palabras que suenan rotundas: concluir, inaugurar, poner en servicio, conectar, culminar. Todas pueden ser ciertas y, al mismo tiempo, no significar exactamente lo mismo.
Una línea puede estar construida. También puede haber superado pruebas físicas. Puede estar disponible para ensayos, pendiente de ajustes, sometida a condiciones transitorias o limitada por procedimientos de operación. Incluso podría encontrarse técnicamente preparada, pero no utilizada aún para el despacho ordinario.
Desde fuera, el ciudadano no tiene por qué conocer esos matices. Precisamente por eso conviene explicarlos.
El problema no es que existan fases técnicas. En una infraestructura submarina de esta complejidad, lo raro sería que todo fuera inmediato y simple. La cuestión es otra: si se celebra públicamente una interconexión como si ya estuviera transformando el sistema eléctrico, pero las curvas no muestran trasvase, falta una pieza de información.
Esa pieza se llama transparencia operativa.

Por qué importa para La Gomera
La Gomera ha sido históricamente un sistema eléctrico pequeño, aislado y vulnerable. En estas condiciones, cualquier avería relevante, cualquier indisponibilidad de generación o cualquier problema de suministro tiene más impacto que en un sistema grande e interconectado.
Por eso el cable con Tenerife tiene tanto valor potencial. Puede mejorar la seguridad de suministro, reducir la dependencia de grupos térmicos locales, facilitar integración renovable y permitir una operación más flexible.
Ahora bien, todos esos beneficios solo se materializan cuando el enlace trabaja de verdad.
Mientras no haya trasvase energético visible, La Gomera sigue funcionando, a efectos prácticos, como una isla eléctricamente sola. Puede que la infraestructura esté preparada para dar respaldo. Puede que existan ensayos o fases no visibles en los datos públicos. Pero el salto operativo que se explicó a la ciudadanía todavía no se aprecia con claridad.
Y cuando hablamos de transición energética, no basta con la potencia instalada ni con la infraestructura construida. Importa la energía realmente gestionada. Importa la operación.
La red también necesita confianza
Canarias necesita redes más fuertes, más inteligentes y mejor conectadas. Este blog lo ha defendido muchas veces. Sin red eléctrica no habrá transición renovable seria. Sin interconexiones, almacenamiento, estabilidad y planificación, las renovables se quedarán por debajo de su verdadero potencial.
Por eso mismo, defender la red exige rigor. No se ayuda a la transición energética confundiendo inauguración con operación plena. Tampoco se ayuda presentando una obra como si sus beneficios ya estuvieran desplegados cuando los datos públicos no permiten verlo.
La confianza ciudadana no se construye solo con grandes proyectos. Se construye explicando bien qué se ha hecho, qué falta por hacer y cuándo empezará a notarse en la vida real.
Una comunicación honesta podría decir algo así: el cable está terminado; la infraestructura es estratégica; su operación efectiva requiere pruebas, ajustes y procedimientos; el trasvase ordinario comenzará cuando se cumplan determinadas condiciones técnicas.
Eso sería comprensible. Incluso razonable. Lo que genera dudas es el silencio entre la foto inaugural y la curva que no muestra intercambio.
Una buena obra merece una buena explicación
Conviene insistir en algo: esta entrada no cuestiona la necesidad del cable Tenerife-La Gomera. Al contrario. La interconexión es una infraestructura valiosa para el futuro energético de Canarias.
Lo que se cuestiona es la falta de claridad sobre su estado operativo real.
Una obra eléctrica de 145 millones de euros, presentada como un hito para la seguridad del suministro y la transición ecológica, debe poder explicarse con la misma transparencia con la que se inauguró. Si el cable todavía no trasvasa energía, debe decirse. Que está en pruebas, debe explicarse. Si hay limitaciones técnicas, administrativas o de operación, deberían conocerse al menos en términos generales.
Porque la transición energética no se mide por fotografías, sino por resultados. Y en electricidad, los resultados acaban apareciendo siempre en las curvas.
Canarias necesita infraestructuras. Necesita renovables y almacenamiento. Necesita redes. Pero también necesita una conversación pública más adulta sobre cómo funciona realmente su sistema eléctrico.
El cable Tenerife-La Gomera puede ser una gran noticia. Lo será plenamente cuando, además de inaugurado, esté trabajando de forma visible al servicio de las dos islas.
La electricidad parece invisible hasta que falla. Por eso conviene mirar las curvas antes de quedarnos solo con la foto. ¿Tú qué opinas? Te leo en los comentarios.
