ZAR Lanzarote: el error de planificar solo con megavatios
El debate sobre las ZAR Lanzarote plantea una cuestión legítima: dónde deben ubicarse las renovables en una isla cuyo paisaje forma parte de su identidad, de su economía y de su manera de estar en el mundo. Pero antes de decidir cuántas hectáreas se reservan para placas solares, conviene responder a una pregunta todavía más importante: ¿cómo se garantiza electricidad limpia durante todas las horas del año?
La propuesta de PLZ21 tiene una intuición acertada. Lanzarote no puede permitir que la transición energética se convierta en una ocupación desordenada del territorio. Priorizar vertederos, canteras, zonas degradadas y espacios cercanos a infraestructuras eléctricas es una idea razonable. También merece consideración la defensa de un papel activo del Cabildo y de la iniciativa pública.
Sin embargo, el documento comete un error técnico de gran alcance: confunde potencia instalada con energía disponible. Y esa confusión no es un matiz. Determina si la isla reduce de verdad su dependencia de los combustibles fósiles o si, simplemente, instala más placas solares mientras mantiene la térmica como garantía cotidiana.
ZAR Lanzarote no puede planificarse con una simple suma de MW
La propuesta parte de una demanda punta de 145 MW. Después añade 26 MW de pérdidas de transporte y distribución para llegar a una potencia necesaria de generación de 171 MW. A continuación, plantea una zona ZAR capaz de albergar hasta 300 MW de fotovoltaica.
La secuencia parece sencilla. Incluso puede resultar convincente a primera vista. Pero desde el punto de vista eléctrico no permite concluir que 300 MW de solar sean suficientes para cubrir las necesidades de Lanzarote.
Una potencia de 300 MW indica la producción máxima teórica que una instalación podría alcanzar en unas condiciones concretas de irradiación. No dice cuánta energía entregará a lo largo del año. Tampoco aclara qué ocurrirá a las nueve de la noche, durante una madrugada sin viento o en una jornada con escasa radiación solar.
La electricidad no se planifica solo con la pregunta “¿cuántos MW vamos a instalar?”. También debe responderse “¿cuántos MWh necesitaremos cada día, cada mes y cada año?”. Sobre todo, hay que responder una tercera cuestión: “¿en qué momento estarán disponibles esos MWh?”.
| Concepto | Qué mide | Por qué importa |
|---|---|---|
| Potencia | MW | Electricidad instantánea que puede entregar o absorber una instalación. |
| Energía | MWh o GWh | Electricidad acumulada durante un periodo de tiempo. |
| Batería | MW y MWh | Debe indicar tanto su capacidad de descarga como la energía que puede almacenar. |
| Seguridad del sistema | Reservas, tensión, frecuencia e inercia | Garantiza que la red siga funcionando incluso ante fallos o cambios bruscos. |
Un parque de 300 MW fotovoltaicos puede entregar una producción elevada durante unas horas centrales del día. Sin embargo, durante la noche su aportación será exactamente cero. Esa realidad no es una opinión política ni una objeción contra la energía solar. Es simplemente la física del recurso.
Un ejemplo
A modo de ejemplo puramente ilustrativo, 300 MW solares que produjeran el equivalente a 1.800 horas anuales a plena potencia generarían unos 540 GWh al año. Esa cifra podría parecer elevada, pero todavía no responde a preguntas fundamentales: cuánta demanda anual deberá cubrir Lanzarote, cuánta energía deberá atender el sistema Lanzarote-Fuerteventura, cuánta se perderá en ciclos de batería, cuánta se verterá por exceso solar al mediodía y cuánta generación térmica seguirá siendo necesaria en las horas sin sol.
La propuesta no realiza ese ejercicio. No presenta una simulación horaria, mucho menos a intervalos de cinco minutos. No fija un objetivo de cobertura renovable para 2030, 2035 o 2040. Tampoco cuantifica la energía anual que pretende sustituir de origen fósil.
Por eso, los 300 MW no son el resultado de un dimensionamiento energético. Son una cifra escogida antes de hacer el cálculo que podría justificarla.

Las pérdidas tampoco son una cifra fija que se añade a la punta
El documento suma 26 MW de pérdidas a la demanda punta de 145 MW. Esa forma de razonar también merece revisión. Las pérdidas eléctricas no son una potencia fija que se incorpora de manera automática a cualquier escenario. Dependen del flujo de energía, de la configuración de la red, de la tensión, de la ubicación de la generación y de las condiciones instantáneas de operación.
No es lo mismo producir cerca de la demanda que hacerlo en un punto alejado de los principales centros de consumo. Tampoco genera las mismas pérdidas una planta conectada a una red saturada que otra integrada en un nudo con capacidad disponible.
La pregunta correcta no es “¿cuánto se añade a la punta?”. La pregunta correcta es “¿qué pérdidas resultarán en cada escenario de generación, demanda y red?”. Esa respuesta exige estudios de flujo de cargas y de operación, no una suma aritmética única.
La fotovoltaica es imprescindible, pero no puede ser la única respuesta
La propuesta de PLZ21 plantea no implantar ninguna nueva zona ZAR eólica en Lanzarote. La justificación se centra en el impacto visual, la afección a las aves y la idea de que las baterías permitirían prescindir de una mayor aportación eólica.
Esta conclusión es demasiado rotunda y técnicamente equivocada.
La energía eólica y la fotovoltaica no son tecnologías equivalentes. Compiten en algunos momentos, pero sobre todo se complementan. La solar concentra su producción en las horas centrales del día. La eólica puede aportar durante la tarde, la noche o la madrugada, cuando los módulos fotovoltaicos no generan nada.
Eliminar de entrada toda posibilidad de nueva eólica obliga a resolver la ausencia solar mediante tres herramientas mucho más exigentes: sobredimensionar la fotovoltaica, instalar grandes baterías y mantener centrales fósiles disponibles como respaldo. Esa combinación puede ser viable en determinados casos, pero suele ser más cara, más dependiente del almacenamiento y más vulnerable ante periodos prolongados de baja irradiación.
Las baterías no generan electricidad renovable. Solo desplazan en el tiempo la energía que previamente han recibido. Una batería cargada con solar al mediodía puede entregar electricidad por la noche. Pero para hacerlo necesita potencia de carga, potencia de descarga, capacidad en MWh, ciclos disponibles, sistemas de control, conexión a red y una estrategia que evite llegar vacía a las horas críticas.
Ninguna de esas magnitudes aparece dimensionada en la propuesta.
Cual no es la cuestión
La cuestión no consiste en llenar Lanzarote de aerogeneradores. Ese no debería ser el modelo. La alternativa responsable pasa por estudiar con rigor las zonas de menor sensibilidad, valorar la repotenciación de instalaciones existentes, analizar áreas industriales y degradadas, establecer medidas ambientales exigentes y descartar de forma efectiva cualquier emplazamiento incompatible con la conservación de las aves.
Pero convertir una preocupación ambiental legítima en una prohibición absoluta de toda nueva eólica es una forma de renunciar, sin demostrarlo, a una herramienta necesaria para descarbonizar un sistema insular.
El almacenamiento aparece como solución, pero no está presupuestado
La propuesta identifica correctamente que el almacenamiento será decisivo. En eso no hay discusión. Lanzarote necesita baterías, gestión de la demanda, depósitos de agua, control avanzado y redes capaces de integrar renovables.
El problema aparece cuando se pasa de la declaración general a las cifras.
El documento propone una primera fase con dos plantas solares de 32 MW y 30 MW. Sin embargo, el presupuesto planteado incorpora adquisición de suelo, construcción fotovoltaica y estudios geotérmicos, pero no establece una inversión concreta en baterías, líneas, subestaciones, sistemas de control, compensación reactiva, refuerzo de red ni servicios de estabilidad.
Es difícil sostener que el almacenamiento será la gran respuesta del sistema y, al mismo tiempo, no definir cuántos MW y MWh de baterías se necesitan ni incluirlos en el programa económico inicial.
Esta omisión es especialmente grave en una isla. El almacenamiento no cumple una sola función. Puede absorber excedentes solares, evitar vertidos, cubrir la demanda nocturna, aportar reserva, suavizar rampas de generación y contribuir a la estabilidad de frecuencia y tensión. Cada una de esas funciones exige una tecnología, una potencia y una duración determinadas.
Una batería de 50 MW durante dos horas no equivale a una batería de 50 MW durante seis horas. Ambas tienen la misma potencia, pero su energía almacenada es muy distinta. Hablar de baterías sin indicar su capacidad en MWh es repetir el mismo error que se comete al hablar de fotovoltaica solo en MW.
Seis polígonos no sustituyen una planificación eléctrica
El documento propone seis polígonos fotovoltaicos que suman 3,75 km². Frente a la enorme superficie planteada en otros instrumentos, la reducción territorial resulta atractiva. Es positivo concentrar instalaciones en espacios degradados, antiguos vertederos, canteras o suelos ya alterados.
Pero el suelo no es el único límite del sistema eléctrico.
Cada polígono necesita saber qué capacidad de evacuación tiene, a qué subestación se conectará, qué refuerzos requerirá, cómo afectará a las tensiones de la red, qué restricciones puede provocar y qué capacidad habrá para incorporar baterías. También debe evaluarse qué ocurre si coinciden en una misma zona una gran producción solar y una demanda reducida.
No basta con afirmar que los polígonos están cerca de las redes eléctricas. Hay que acreditar qué red existe, qué capacidad disponible tiene, qué obras serán necesarias y cuánto costarán.
La presencia parcial de una ZEPA en uno de los polígonos propuestos evidencia además un problema de método. Un espacio protegido no puede figurar como una excepción incómoda que se corregirá más adelante. Debe quedar excluido antes de presentar la delimitación como propuesta territorial válida.
El paisaje importa. Mucho. Pero la protección del paisaje no se resuelve dibujando polígonos pequeños sobre una ortofoto. Requiere estudios de cuencas visuales, restauración de espacios degradados, análisis de biodiversidad, accesos, movimiento de tierras, líneas de evacuación y participación pública real.

La desalación puede aportar flexibilidad, pero no se gobierna con una consigna
La idea de aprovechar las horas solares para producir y almacenar agua desalada es una de las partes más interesantes del documento. La desalación puede convertirse en una demanda flexible y los depósitos de agua pueden funcionar, indirectamente, como una forma de almacenar energía.
Ahora bien, esa oportunidad exige un proyecto hidráulico y eléctrico detallado. Hay que calcular capacidades de producción, depósitos, bombeos, calidad del agua, necesidades de distribución, consumo estacional, garantía de abastecimiento y funcionamiento durante episodios de baja producción renovable.
No basta con afirmar que el cien por cien del agua desalada debe producirse con fotovoltaica. La meta puede ser deseable, pero debe traducirse en una estrategia operativa viable.
También resulta poco realista plantear que el Cabildo pueda imponer por sí mismo tarifas muy bajas entre las 11:00 y las 17:00 horas para hogares, hoteles o comercios. La estructura de peajes y cargos eléctricos depende de la regulación estatal y de la CNMC. El Cabildo puede impulsar acuerdos, ayudas, señales económicas propias, contratación pública flexible o proyectos piloto. No puede rediseñar unilateralmente la tarifa eléctrica de la isla.
Lanzarote necesita una estrategia pública, pero basada en energía y tiempo
La propuesta de una mayor intervención pública del Cabildo merece respaldo. La transición no debe quedar únicamente en manos de fondos especulativos, promotores oportunistas o decisiones tomadas lejos de la isla. Lanzarote debe participar en el valor que generan el sol, el viento, el almacenamiento y la eficiencia.
Pero una estrategia pública no se vuelve rigurosa por ser pública. Debe ser técnicamente sólida, transparente y verificable.
La isla necesita un plan energético con horizonte 2030, 2035 y 2040 que incluya, como mínimo:
- Demanda anual y curva horaria del sistema Lanzarote-Fuerteventura.
- Escenarios de electrificación del transporte, el agua, los hoteles y la actividad económica.
- Producción prevista de fotovoltaica, eólica y autoconsumo a intervalos de cinco minutos.
- Dimensionamiento de baterías en MW y MWh, diferenciando servicios de estabilidad, reserva y desplazamiento de energía.
- Estudio de red, evacuación, tensiones, restricciones y refuerzos necesarios.
- Evaluación ambiental y paisajística específica para cada emplazamiento.
- Análisis de costes completos, incluyendo suelo, líneas, subestaciones, baterías, restauración ambiental y mantenimiento.
- Objetivos claros de reducción de emisiones y de sustitución real de generación fósil.
Solo entonces podrá saberse si 3,75 km² son suficientes, insuficientes o excesivos. Quizá el resultado permita reducir aún más la ocupación territorial. Quizá obligue a reservar algo más de suelo industrial o degradado. Lo que no admite una planificación seria es decidir primero el número de hectáreas y después adaptar la realidad eléctrica a esa cifra.
La transición no se construye con una fotografía aérea
Lanzarote no necesita elegir entre un territorio arrasado por proyectos mal planificados y una transición renovable paralizada por el miedo. Necesita una tercera vía: renovables bien ubicadas, participación pública, almacenamiento correctamente dimensionado, red eléctrica reforzada y una combinación tecnológica capaz de producir energía limpia durante todas las horas del año.
PLZ21 acierta al advertir de los riesgos de una implantación territorial indiscriminada. También acierta al defender el valor del paisaje y la necesidad de que el Cabildo tenga un papel protagonista.
Pero se equivoca cuando presenta la fotovoltaica como sustituto suficiente de la eólica, cuando convierte 300 MW en una respuesta energética completa y cuando invoca las baterías sin calcular su tamaño, su coste ni su función dentro del sistema.
Un sistema eléctrico no se dimensiona mirando solo la potencia máxima de una instalación. Se dimensiona asegurando energía disponible, estabilidad, reservas y continuidad de suministro cada cinco minutos del año.
Porque la transición energética no consiste en colocar placas donde menos se vean. Consiste en lograr que, cuando se apague el sol, Lanzarote pueda seguir encendiendo su futuro sin quemar combustibles fósiles.
