Riesgo climático en Canarias: lo que el ERICC-2025 nos obliga a mirar de frente
El riesgo climático en Canarias ya no puede explicarse como una amenaza lejana ni como una suma de episodios aislados. El nuevo informe ERICC-2025 dibuja un escenario mucho más serio: calor creciente, menor disponibilidad de agua, costas expuestas, pérdida de biodiversidad y una presión creciente sobre la energía, el turismo, la salud y los servicios básicos.
La Evaluación de Riesgos e Impactos derivados del Cambio Climático en España identifica 141 riesgos relevantes y 51 riesgos clave para el conjunto del país. No es una evaluación específica para el riesgo climático en Canarias, pero reconoce que los archipiélagos presentan una vulnerabilidad singular por su insularidad, su dependencia energética y alimentaria, la concentración de población y actividad económica en el litoral, y la fragilidad de sus ecosistemas. (ericc.adaptecca.es)
El mensaje de fondo es incómodo, pero necesario: Canarias debe prepararse para un clima distinto. Y debe hacerlo sin resignación, con planificación, inversión pública, protección territorial y una transición energética mucho más ambiciosa.
Qué dice el ERICC-2025 sobre el riesgo climático en Canarias
El informe parte de una idea esencial: el cambio climático no actúa por compartimentos. Una sequía prolongada no afecta solo al agua. También condiciona la agricultura, encarece la producción alimentaria, tensiona la desalación, aumenta la demanda eléctrica y debilita la actividad económica.
En Canarias, esa interdependencia es todavía más intensa. Cada isla es un sistema limitado, con recursos escasos y con menos margen para absorber fallos o retrasos en la respuesta pública.
El ERICC insiste en que los archipiélagos son especialmente vulnerables a la subida del nivel del mar, la erosión costera y la dependencia de recursos importados. También sitúa al agua, la energía y la salud como nodos centrales de los riesgos climáticos, capaces de generar efectos en cadena sobre el resto de sectores.
Más calor, menos lluvia y sequías más duras
El aumento de temperatura es uno de los elementos más claros del diagnóstico. Canarias ya experimenta temperaturas más elevadas, especialmente en verano, y una mayor frecuencia de olas de calor.
Las proyecciones recogidas por el ERICC apuntan a aumentos de temperatura de hasta 4,2 ºC a finales de siglo bajo un escenario de emisiones muy elevado. Al mismo tiempo, el informe contempla una posible reducción de las precipitaciones cercana al 30 %, con un agravamiento de las condiciones de sequía, sobre todo en las zonas de mayor altitud. Estas cifras no son una predicción cerrada, sino escenarios que muestran la magnitud del riesgo si no se reducen con fuerza las emisiones globales.
La duración de las olas de calor también puede crecer de forma notable. El informe señala que Canarias figura entre los territorios donde el aumento de la duración de estos episodios puede ser más acusado.
El riesgo climático en Canarias no se limita al malestar térmico. Más calor significa más estrés para las personas mayores, para quienes trabajan al aire libre y para quienes viven en viviendas mal acondicionadas. También implica una mayor demanda de refrigeración, más presión sobre la red eléctrica y una mayor dificultad para garantizar el confort en hospitales, centros educativos, residencias y hogares vulnerables.

El agua: la pieza que sostiene todo lo demás
Canarias conoce bien el valor del agua. El ERICC recuerda que los territorios más áridos dependen en mayor medida de las aguas subterráneas, los recursos alternativos y las infraestructuras de abastecimiento.
La sequía no es solo una cuestión de lluvia. Cuando suben las temperaturas aumenta la evapotranspiración, se secan más rápido los suelos y se debilita la capacidad de recarga de los acuíferos. En el litoral, además, la intrusión salina puede deteriorar masas de agua subterránea y reducir su utilidad para el abastecimiento o la agricultura.
El informe también advierte de que la costa canaria concentra instalaciones críticas, entre ellas puertos, aeropuertos, infraestructuras energéticas y desaladoras. Eso obliga a pensar el agua como un asunto de seguridad territorial. No basta con producir más recursos: hay que reducir pérdidas, proteger acuíferos, reutilizar mejor el agua depurada, mejorar la eficiencia de la desalación y vincular esas infraestructuras a energía renovable y almacenamiento.
La costa canaria ante un riesgo creciente
La costa es probablemente el espacio donde el cambio climático se vuelve más visible. No solo por el aumento del nivel del mar, sino por la combinación de oleaje, temporales, erosión, inundaciones y ocupación intensa del litoral.
El ERICC incorpora resultados del PIMA Adapta-Costas para Canarias. Para 2050, la inundación permanente asociada al ascenso del nivel del mar podría afectar a entre 619 y 788 personas, según los escenarios analizados. Sin embargo, la exposición aumenta de forma mucho más intensa cuando se consideran episodios extremos de inundación costera.
Para un temporal de periodo de retorno de 100 años, el informe recoge una exposición superior a 15.000 personas en Canarias hacia 2050. Hacia final de siglo, esa cifra podría alcanzar 53.800 personas, junto con daños potenciales que el estudio sitúa en hasta 5.000 millones de euros para el archipiélago. Son estimaciones de riesgo, no certezas inevitables, pero muestran que seguir ocupando el litoral sin una estrategia de adaptación puede salir extraordinariamente caro.
La respuesta no puede reducirse a levantar muros junto al mar. En muchos casos habrá que recuperar dunas, proteger playas, liberar espacios de riesgo, revisar infraestructuras vulnerables y evitar nuevas edificaciones donde la exposición ya es evidente.
Biodiversidad: una pérdida que sería irreversible
Canarias posee una biodiversidad extraordinaria y, al mismo tiempo, muy vulnerable. La elevada proporción de endemismos convierte cualquier pérdida local en una pérdida global.
El ERICC recuerda que Canarias concentra una parte muy relevante de las especies españolas en peligro crítico. También señala la vulnerabilidad de hábitats terrestres y marinos ante el aumento de temperatura, la reducción de precipitaciones, la acidificación del océano y la desoxigenación de las aguas.
Los ecosistemas marinos canarios ya muestran señales de transformación. El informe menciona desplazamientos de especies, alteraciones de comunidades bentónicas y regresión de hábitats estructurantes, con efectos sobre la pesca, la acuicultura y el turismo costero.
No se trata solo de proteger especies emblemáticas. La biodiversidad sostiene servicios esenciales: regulación del agua, protección frente a la erosión, fertilidad del suelo, captura de carbono, paisaje y actividad económica. Perder esos servicios es perder capacidad de adaptación.

Energía, salud y turismo: tres desafíos conectados
El ERICC sitúa la energía entre los sectores que requieren un seguimiento reforzado. Las altas temperaturas aumentan el consumo eléctrico para refrigeración y pueden reducir la eficiencia de determinadas infraestructuras y redes.
En Canarias, esa advertencia tiene un peso especial. Un sistema eléctrico aislado necesita mantener el equilibrio en todo momento. La adaptación climática debe reforzar redes, subestaciones, almacenamiento, gestión de la demanda y capacidad de respuesta ante fenómenos extremos.
La transición energética no es solo una política de reducción de emisiones. También es una política de resiliencia. Reducir la dependencia de combustibles importados, desplegar renovables con almacenamiento y modernizar la red hará a las islas menos vulnerables ante crisis climáticas, energéticas y geopolíticas. Esta cuestión ya la hemos abordado en la adaptación de los sistemas eléctricos canarios.
La salud tampoco puede quedar al margen. El calor extremo incrementa riesgos para la población vulnerable y el informe menciona la presencia en Canarias de mosquitos del género Aedes, capaces de transmitir enfermedades como dengue, chikungunya o Zika. Esto no significa que vaya a producirse una epidemia, pero sí exige vigilancia, prevención y una salud pública preparada.
El turismo, finalmente, debe dejar de considerarse inmune. La pérdida de playas, el deterioro paisajístico, el calor excesivo y la presión sobre los recursos básicos pueden afectar a la competitividad de los destinos insulares. Adaptarse no consiste en maquillar el modelo turístico, sino en hacerlo menos dependiente de recursos frágiles y más compatible con el territorio que lo sostiene.
Adaptarse no es resignarse
La conclusión del ERICC-2025 es clara: el riesgo climático exige respuestas coordinadas. Canarias no puede afrontar el calor desde Sanidad, el agua desde los cabildos, la costa desde Costas y la energía desde un despacho distinto, sin una visión común.
Hace falta una política de adaptación que una territorio, agua, biodiversidad, vivienda, energía, movilidad y protección social. También hace falta honestidad: algunas decisiones urbanísticas y territoriales deberán revisarse porque fueron pensadas para un clima que ya no existe.
La adaptación no sustituye a la reducción de emisiones. Ambas son inseparables. Debemos prepararnos para los impactos que ya están aquí, pero también debemos acelerar la sustitución de los combustibles fósiles por energías renovables, almacenamiento y eficiencia.
El ERICC no invita al alarmismo. Invita a actuar con conocimiento. Canarias todavía puede elegir entre llegar tarde, pagando cada vez más por reparar daños, o anticiparse y construir unas islas más seguras, más justas y menos dependientes.
El informe completo puede consultarse en la plataforma oficial de la ERICC-2025. (ericc.adaptecca.es)
¿Estamos preparando Canarias para el clima que viene o seguimos planificando como si el pasado fuera a volver?
