Captura de carbono: una herramienta complementaria

Captura y uso de carbono: perspectivas para las islas

La lucha contra el cambio climático se suele asociar a la reducción de emisiones. Y es lógico que sea así, porque cada tonelada de CO₂ que evitamos emitir es un paso más hacia la sostenibilidad. Sin embargo, cada vez se reconoce con mayor claridad que necesitaremos también retirar CO₂ de la atmósfera si queremos cumplir los objetivos climáticos globales.

Las estrategias de captura y uso de carbono, conocidas en inglés como CCU (Carbon Capture and Utilization), empiezan a situarse como una pieza más dentro de ese esfuerzo colectivo. Aunque en Canarias su despliegue todavía es incipiente, el debate sobre su papel futuro ya está abierto.


¿Qué entendemos por captura de carbono?

La captura de carbono puede adoptar formas muy distintas. En un extremo encontramos tecnologías industriales que retiran CO₂ de los gases de combustión en centrales o fábricas. Este CO₂ puede almacenarse de manera permanente en formaciones geológicas profundas o transformarse en productos como materiales de construcción o combustibles sintéticos.

En otro extremo están los sumideros naturales, como los suelos agrícolas, los bosques o los océanos, que de manera natural absorben y almacenan carbono. En el caso de las islas, conservar estos ecosistemas y mejorar su capacidad de fijación de carbono puede ser una herramienta muy valiosa y más cercana a nuestra realidad territorial.


¿Qué papel puede jugar la captura de carbono en Canarias?

A día de hoy, la mayor parte de las iniciativas de captura y uso de carbono se concentran en grandes países industriales con sectores emisores potentes. No obstante, incluso en territorios como el nuestro pueden explorarse opciones con sentido:

  • Reforestación y regeneración de suelos: Mantener la cubierta vegetal y recuperar zonas degradadas no solo secuestra carbono, sino que también mejora la biodiversidad y previene la erosión.
  • Uso agrícola sostenible: Prácticas como el cultivo de cobertura o la aplicación de materia orgánica pueden aumentar el carbono almacenado en los suelos.
  • Aprovechamiento del CO₂: Existen aplicaciones emergentes, por ejemplo en invernaderos o en procesos industriales de pequeña escala, que podrían valorizar el dióxido de carbono capturado.

En cualquier caso, conviene ser prudentes: estas tecnologías no son una excusa para retrasar la reducción de emisiones. La prioridad sigue siendo dejar de emitir gases contaminantes en origen, y la captura debe verse como un complemento, no como un sustituto.


Oportunidades y desafíos

La captura de carbono plantea retos técnicos, económicos y sociales. Requiere inversión, conocimiento especializado y marcos regulatorios claros. Pero al mismo tiempo, abre puertas a nuevas actividades que pueden generar empleo cualificado y valor añadido.

En las islas, donde el territorio es limitado y la protección ambiental es prioritaria, será esencial valorar con cuidado qué proyectos pueden encajar y cuáles no. La clave está en avanzar con criterios de eficacia, seguridad y respeto al entorno.


Una visión compartida

Pensar en la captura y el uso de carbono es pensar en el futuro a largo plazo. Puede que hoy nos parezca algo lejano, pero es probable que en las próximas décadas adquiera mayor protagonismo.

La experiencia acumulada en otros lugares nos ofrece valiosas lecciones, y en Canarias tenemos la capacidad de aprender, adaptarlas a nuestro contexto y desarrollar soluciones propias que refuercen nuestra contribución global frente al cambio climático.


Infografía sobre captura de carbono, con instalación industrial, reducción de emisiones, reutilización de CO₂, renovables y transición energética.

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