Excelencia territorial renovable: algo más que permisos
Cuando la excelencia territorial renovable entra en el debate
La excelencia territorial renovable puede parecer una expresión más de ese lenguaje administrativo que tantas veces enfría los debates importantes. Sin embargo, detrás de esas palabras hay una idea sencilla: un proyecto renovable no debería limitarse a conseguir permisos, ocupar suelo y evacuar energía.
También debería explicar qué deja en el territorio.
La transición energética necesita velocidad. Eso es evidente. Canarias no puede seguir dependiendo de combustibles fósiles importados como si el cambio climático, la factura energética y la vulnerabilidad insular fueran asuntos secundarios. Pero acelerar no debe significar hacerlo de cualquier manera.
Una cosa es simplificar trámites innecesarios. Otra, muy distinta, es vaciar de contenido la participación ciudadana, el retorno local o la protección ambiental.
Ahí aparece este nuevo debate.
Qué pretende el nuevo estándar
El MITECO abrió en abril de 2026 una consulta pública previa para regular un estándar de excelencia social y territorial aplicable a proyectos de generación renovable, almacenamiento e infraestructuras de red. La consulta figura ya como cerrada, pero su contenido marca una línea de trabajo relevante. (Ministerio de Transición Ecológica)
La base está en el artículo 20 del Real Decreto-ley 7/2026, que prevé una orden ministerial para regular este estándar y sus mecanismos de acreditación. Según el propio planteamiento ministerial, podrán optar a él proyectos renovables, instalaciones de almacenamiento e infraestructuras de transporte y distribución eléctrica. (Ministerio de Transición Ecológica)
No se trata, al menos en su diseño inicial, de una obligación general para todos los proyectos. Es un estándar voluntario. Pero puede tener efectos importantes, porque su acreditación podría valorarse en tramitaciones preferentes, permisos de acceso y conexión, concursos renovables o declaración de proyectos energéticos preferentes. (Ministerio de Transición Ecológica)
Dicho con claridad: quien haga mejor las cosas podría tener más opciones de avanzar.
La excelencia territorial renovable no puede ser maquillaje
El riesgo de cualquier sello es que termine convertido en una etiqueta bonita. Algo que se coloca en una memoria, se menciona en una nota de prensa y luego apenas cambia la realidad.
Aquí conviene ser exigentes.
La excelencia territorial renovable debería medirse con hechos. No con promesas genéricas. Si un proyecto dice que genera empleo local, habrá que saber cuánto, durante cuánto tiempo y con qué cualificación. Si habla de participación ciudadana, habrá que comprobar si esa participación llega cuando todo está decidido o cuando todavía se puede influir.
El MITECO menciona criterios como participación ciudadana reforzada, empleo local, desarrollo económico, formación, integración con actividad agrícola o ganadera, comunidades energéticas, autoconsumo compartido, lucha contra la pobreza energética y excelencia ambiental. (Ministerio de Transición Ecológica)
Ese catálogo apunta en la buena dirección. Pero la clave estará en cómo se acredita.
Porque una reunión informativa no es participación real. Una obra de pocos meses no es desarrollo local estable. Una aportación económica simbólica no convierte un proyecto en socialmente ejemplar.

Qué significa esto para Canarias
En Canarias, esta discusión tiene un valor especial.
Aquí el territorio pesa mucho. No solo por su escasez física, sino por su valor emocional, paisajístico, agrícola y cultural. Cada isla tiene límites claros. También tiene una memoria territorial que no puede ser tratada como un plano vacío.
Pero esa sensibilidad no puede utilizarse como excusa para bloquearlo todo.
El equilibrio es difícil, sí. Aunque conviene decirlo sin rodeos: Canarias necesita más renovables, más almacenamiento y mejor red. Sin esas piezas, la descarbonización será un discurso bonito con muy poca capacidad real de sustituir combustibles fósiles.
La cuestión, por tanto, no es renovables sí o no. La pregunta seria es otra: qué proyectos, dónde, con qué diseño, con qué retorno y con qué respeto al territorio.
Ahí este estándar puede ayudar.
No resolverá por sí solo el conflicto territorial. Ninguna orden ministerial lo hará. Pero puede introducir una idea sana: los buenos proyectos deben demostrar que son buenos también para el lugar donde se instalan.
Retorno local: más allá de pagar impuestos
Hay otro elemento relevante. El propio marco abierto por el Real Decreto-ley 7/2026 introduce la idea de retorno de beneficios a ciudadanos y comunidades locales en determinados proyectos conectados a tensiones iguales o superiores a 132 kV. Además, el MITECO señala que no basta con cumplir obligaciones fiscales o de cotización para considerar que existe ese retorno. (Ministerio de Transición Ecológica)
Este matiz importa mucho.
Pagar impuestos no es un favor al territorio. Es una obligación. Cumplir la ley tampoco debería presentarse como una virtud extraordinaria.
El retorno real puede adoptar muchas formas: acuerdos con ayuntamientos, participación local, programas de formación, apoyo a comunidades energéticas, medidas contra la pobreza energética o integración con actividades económicas próximas.
También podría incluir fórmulas de participación financiera local, siempre que se diseñen con transparencia y sin convertir al vecino en rehén emocional del proyecto.
La transición energética será más sólida si la ciudadanía percibe beneficios concretos. No solo impactos, vallados y líneas de evacuación.
Una oportunidad y una advertencia
La oportunidad es clara. Este estándar puede ayudar a separar proyectos serios de operaciones oportunistas. También puede premiar diseños más cuidadosos, mejor explicados y con mayor retorno social.
La advertencia también debe quedar clara. No podemos convertir cada trámite en una carrera interminable de informes, sellos y acreditaciones. Canarias no tiene tiempo para una transición energética decorativa.
La burocracia excesiva también contamina, aunque no salga por una chimenea.
Por eso el reto está en encontrar una regulación útil. Exigente, pero no paralizante. Clara, pero no simplista. Capaz de proteger el territorio sin convertir la protección en inmovilismo.
Conclusión: energía limpia con raíces
La transición energética no puede vivir de espaldas al territorio. Pero el territorio tampoco puede protegerse manteniendo intacta la dependencia fósil.
La excelencia territorial renovable apunta a una idea de fondo muy necesaria: los proyectos renovables deben tener raíces. No basta con llegar, instalar y evacuar. Hay que escuchar, explicar, mejorar el diseño y dejar valor allí donde se ocupa espacio.
Canarias necesita energía limpia. También necesita confianza. Y esa confianza no se decreta desde un boletín oficial: se gana con proyectos bien hechos, beneficios visibles y respeto sincero por cada isla.
No se trata de elegir entre clima y territorio. Se trata de planificar bien para no perder ni el territorio ni el futuro.
