Industria energética canaria: fabricar también la transición
La industria energética canaria no puede limitarse a recibir contenedores llenos de paneles, baterías, inversores y aerogeneradores fabricados a miles de kilómetros. Instalar tecnología limpia es imprescindible, pero no suficiente. También debemos participar en su diseño, integración, mantenimiento y fabricación.
Durante las próximas décadas, Canarias invertirá miles de millones de euros en transformar su sistema energético. Una parte irá destinada a redes, almacenamiento, generación renovable, movilidad eléctrica, desalación y digitalización. La pregunta es sencilla: ¿cuánto de ese dinero permanecerá realmente en las islas?
Podemos acometer una transición energética que reduzca emisiones y dependencia del petróleo. Sin embargo, también podemos aprovecharla para diversificar nuestra economía, crear empleo cualificado y desarrollar conocimiento propio. Renunciar a esa segunda dimensión sería un error difícil de justificar.
RENOVAL 2 retrata el tamaño de la industria energética canaria
El programa estatal RENOVAL 2 del IDAE nació para reforzar la fabricación de tecnologías limpias y sus componentes. Incluye baterías, redes eléctricas, equipos eólicos, tecnologías solares, hidrógeno, bombas de calor y soluciones de eficiencia energética.
La convocatoria dispuso inicialmente de 355 millones de euros. La resolución definitiva, publicada el 26 de junio de 2026, concedió 162,61 millones a 40 proyectos. Estos movilizarán una inversión subvencionable cercana a los 831,1 millones de euros. (Sede IDAE)
Canarias aparece en esa resolución con dos expedientes, ambos presentados por la misma empresa y localizados en Santa Cruz de Tenerife. Uno corresponde a tecnologías de baterías y almacenamiento. El otro se encuadra en tecnologías de eficiencia energética vinculadas al sistema.
En conjunto, ambos proyectos representan una inversión subvencionable de 4,19 millones de euros y reciben 1,89 millones en ayudas. Es apenas el 1,16 % del importe total concedido por RENOVAL 2.
No es un dato para despreciar. Al contrario, demuestra que existen empresas canarias capaces de competir en convocatorias nacionales exigentes. Pero también refleja la reducida dimensión de nuestro tejido industrial energético.
Las ayudas no crean de la noche a la mañana un ecosistema empresarial. Normalmente, terminan allí donde ya existen fábricas, proveedores, ingenierías especializadas, centros tecnológicos y experiencia comercial. La industria atrae industria, mientras los territorios que parten con retraso encuentran mayores dificultades para presentar proyectos maduros.
No partimos de cero, pero partimos tarde
Canarias dispone de capacidades que no deberían infravalorarse. Contamos con empresas instaladoras, ingenierías, talleres electromecánicos, operadores portuarios y profesionales con una larga experiencia en sistemas eléctricos aislados.
También tenemos universidades, centros tecnológicos y plataformas de investigación. El ITER y una empresa canaria recibieron anteriormente apoyo para desarrollar proyectos relacionados con la reutilización de baterías de vehículos eléctricos y la fabricación de paneles fotovoltaicos ligeros. (iter.es)
El proyecto eólico flotante WHEEL ofrece otro ejemplo interesante. Su demostrador se construye en el Puerto de Las Palmas y será probado en el banco de ensayos de PLOCAN. Alrededor de él pueden desarrollarse actividades de monitorización, mantenimiento, digitalización, sensórica e integración energética. (PLOCAN)
Estos proyectos muestran que existe una base sobre la que trabajar. Sin embargo, seguimos actuando con iniciativas dispersas. Falta una estrategia capaz de conectar la demanda energética futura con una política industrial coherente.
No basta con promocionar Canarias en congresos. Tampoco sirve anunciar que seremos un referente internacional sin concretar qué productos, servicios o componentes queremos desarrollar.

Dónde puede competir la industria energética canaria
Canarias no va a fabricar todos los elementos de la transición energética. Pretenderlo sería poco realista. Una fábrica de células fotovoltaicas, grandes aerogeneradores o baterías requiere enormes mercados, cadenas logísticas complejas y economías de escala difíciles de alcanzar en un archipiélago.
Eso no significa que debamos resignarnos a importar todo.
Integración de baterías y sistemas eléctricos
Probablemente, una de las oportunidades más claras para la industria energética canaria, se encuentre en la integración de sistemas de almacenamiento.
Aunque las celdas se fabriquen fuera, en Canarias podrían ensamblarse armarios, contenedores, protecciones, sistemas auxiliares y plataformas de control. También podrían integrarse inversores, transformadores, equipos de climatización y sistemas de extinción.
Esta actividad exige ingeniería eléctrica, programación, montaje, pruebas y mantenimiento. Son capacidades que ya existen parcialmente en las islas y que pueden fortalecerse.
Además, los sistemas eléctricos canarios necesitarán almacenamiento adaptado a cada isla. No todos los proyectos requieren las mismas prestaciones. Un equipo destinado a regular frecuencia no se diseña igual que otro pensado para desplazar energía solar hacia la noche.
Como explicamos al analizar las baterías para reserva rodante en Canarias, el valor del almacenamiento depende tanto de su potencia como de los servicios que puede prestar.
Cuadros, protecciones y electrónica de potencia
La transición energética necesita miles de cuadros eléctricos, centros de control, sistemas de protección y equipos de comunicación.
Canarias podría especializarse en soluciones destinadas a microrredes, plantas de autoconsumo, instalaciones hidráulicas, desaladoras, puertos y sistemas insulares. No se trata únicamente de fabricar una envolvente metálica. El verdadero valor está en la ingeniería, la programación y la integración.
Los inversores con funciones avanzadas, los sistemas de control de tensión y las soluciones grid-forming tendrán una importancia creciente. Aquí existe una oportunidad para colaborar con fabricantes, desarrollar software y adaptar productos a redes débiles.
Eólica marina, puertos y mantenimiento
La eólica marina flotante abre otra posibilidad. Sería poco sensato imaginar que Canarias fabricará todos los aerogeneradores, pero sí puede participar en estructuras, anclajes, ensamblaje, logística y mantenimiento.
Los puertos y astilleros canarios ya trabajan con grandes estructuras, reparaciones navales y operaciones marítimas. Esa experiencia puede trasladarse hacia las energías marinas.
El mantenimiento de plataformas flotantes también requiere inspección submarina, sensórica, embarcaciones especializadas y análisis de datos. Son actividades con un elevado componente local, porque no pueden prestarse íntegramente desde el exterior.
Economía circular y segunda vida
La reutilización de baterías ofrece un campo especialmente adecuado para las islas. Los acumuladores retirados de vehículos pueden conservar capacidad suficiente para aplicaciones estacionarias menos exigentes.
También existe margen para reparar inversores, reacondicionar equipos y recuperar componentes. La economía circular no debe reducirse a gestionar residuos cuando termina su vida útil. Debe comenzar mucho antes, prolongando el funcionamiento de los equipos y reduciendo nuevas importaciones.

Una política industrial, no una sucesión de subvenciones
La Agenda Canaria 2030 reconoce la necesidad de aumentar la contribución de la industria manufacturera al PIB y al empleo. También plantea elevar el peso de la industria tecnológica y mejorar la transferencia de conocimiento hacia las empresas. (Gobierno de Canarias)
El diagnóstico, por tanto, ya está formulado. Lo que falta es convertirlo en decisiones concretas.
Canarias necesita una hoja de ruta industrial para la transición energética. Esa planificación debería identificar qué equipos demandará cada isla durante los próximos quince años. A partir de ahí, podrían localizarse oportunidades reales para empresas locales.
Las administraciones también deben utilizar mejor la contratación pública. Los concursos no deberían valorar únicamente el precio inicial. Deben considerar la formación, el mantenimiento, la transferencia tecnológica, la reparación y la generación de empleo estable, siempre dentro de la normativa europea.
Otro elemento esencial es la disponibilidad de suelo industrial, suministro eléctrico y espacios portuarios. Una fábrica o taller no se instala con una declaración institucional. Necesita terrenos, conexión a la red, financiación, permisos y clientes.
También será necesario impulsar consorcios entre pequeñas empresas, universidades, centros tecnológicos y compañías con experiencia internacional. Muchas empresas canarias no tienen tamaño suficiente para afrontar solas un proyecto industrial, pero sí pueden integrarse en una cadena de suministro más amplia.
Por último, debemos formar personal antes de que aparezca la demanda. Técnicos de mantenimiento, especialistas en electrónica de potencia, soldadores cualificados, programadores, ingenieros y operadores marítimos no se improvisan.
Autonomía no significa autarquía
Canarias seguirá importando buena parte de su tecnología energética. No hay nada extraño en ello. Ningún territorio fabrica por sí solo todos los componentes que consume.
El objetivo no debe ser la autarquía, sino retener una parte mayor del conocimiento y del valor económico. Debemos importar aquello que no resulte razonable producir, pero integrar, adaptar, mantener y mejorar todo lo que podamos.
La diferencia es profunda. Un territorio que solo compra tecnología depende siempre de decisiones ajenas. Un territorio que conoce, repara y transforma esa tecnología gana autonomía, empleo y capacidad de negociación.
La transición también debe dejar fábricas
Durante demasiado tiempo hemos hablado de la transición energética como una simple sustitución de megavatios fósiles por megavatios renovables. Es una visión incompleta.
La descarbonización también modifica la economía, las profesiones y la distribución de la riqueza. Si todas las baterías, inversores, estructuras y sistemas de control llegan terminados desde fuera, Canarias reducirá emisiones, pero desaprovechará una oportunidad histórica.
No podemos conformarnos con ser consumidores de una revolución industrial diseñada por otros. Tenemos recursos, conocimiento y necesidades suficientes para construir una industria energética propia, aunque sea especializada y selectiva.
La transición será verdaderamente canaria cuando, además de producir energía limpia, también genere tecnología, conocimiento y empleo digno en nuestras islas.
