Subestación El Porís: la red que hace posible la transición
La Subestación El Porís vuelve a la actualidad por una resolución que no autoriza una infraestructura futura, sino unas instalaciones ya construidas y en servicio. El Boletín Oficial de Canarias publicó el pasado 11 de junio una nueva autorización administrativa, dictada tras una sentencia firme y una evaluación de impacto ambiental ordinaria. El caso encierra una lección importante: Canarias necesita redes eléctricas robustas para integrar renovables, pero esa necesidad no permite rebajar las garantías legales ni ambientales.
La instalación constituye uno de los grandes nudos del eje eléctrico oriental de Tenerife. Su función consiste en enlazar la red insular de 220 kV con la de 66 kV, mejorar el mallado y facilitar la evacuación de generación renovable desde el sureste. Red Eléctrica puso en servicio este eje en 2018, dentro del despliegue de infraestructuras asociado al plan eólico de Canarias. (Red Eléctrica)
Subestación El Porís: qué se ha autorizado realmente
La resolución publicada en el BOC engloba tres expedientes relacionados. El primero corresponde a la subestación 220/66 kV, construida con tecnología GIS en ambos niveles de tensión. Dispone de una configuración de interruptor y medio y de dos transformadores de 125 MVA cada uno. (Gobierno de Canarias)
La tecnología GIS encapsula los equipos de alta tensión dentro de recintos metálicos aislados. Esta solución permite configuraciones compactas y protegidas frente a las condiciones ambientales exteriores. La disposición de interruptor y medio, por su parte, aporta flexibilidad para efectuar maniobras, aislar elementos y realizar determinados mantenimientos.
El segundo expediente comprende una línea subterránea de doble circuito a 66 kV y unos 189 metros de longitud. Esta conexión enlaza Arico 2 con El Porís y reconfigura los circuitos que se dirigían hacia Tagoro y Candelaria.
El tercer bloque incluye la entrada y salida a 220 kV sobre la línea Candelaria-Granadilla. El trazado autorizado suma unos 7,755 kilómetros aéreos, con 21 apoyos nuevos, y 539 metros subterráneos. Con este conjunto, El Porís queda insertado en el corredor principal de transporte del este y sur de Tenerife. (Gobierno de Canarias)
No estamos, por tanto, ante una simple subestación. Se trata de un nodo que recibe energía a 220 kV, la transforma a 66 kV y redistribuye los flujos hacia distintos corredores. Esa función resulta especialmente valiosa en una isla, donde no existe el respaldo inmediato de una gran red continental.
Sin red no hay integración renovable
Durante años, buena parte del debate energético se ha concentrado en cuántos aerogeneradores o paneles solares deben instalarse. La pregunta es necesaria, pero incompleta. La electricidad renovable solo resulta útil cuando puede evacuarse, transportarse y gestionarse con seguridad.
La subestación El Porís fue concebido para reforzar el mallado de Tenerife y evacuar generación eólica. En 2018, Red Eléctrica vinculó su puesta en servicio al desarrollo del plan eólico canario. La compañía señaló entonces que las actuaciones de El Porís, Abona y Tagoro formaban parte de una inversión cercana a los 80 millones de euros en Tenerife. (Redeia)
Una red más mallada ofrece caminos alternativos para los flujos eléctricos y amplía el margen de maniobra ante indisponibilidades. También mejora la capacidad para repartir la generación entre distintas zonas de consumo. Esto no elimina todos los límites operativos de un sistema aislado, pero reduce vulnerabilidades y facilita una mayor presencia renovable.
El Ministerio para la Transición Ecológica identifica estas funciones entre los objetivos de la planificación eléctrica. El desarrollo de la red debe maximizar la penetración renovable, reducir restricciones técnicas y garantizar la seguridad del suministro. También debe compatibilizarse con las limitaciones ambientales y aprovechar las infraestructuras existentes. (Ministerio de Transición Ecológica)
La red no es un complemento secundario de la transición energética. Es una de sus condiciones materiales. Instalar generación sin capacidad suficiente de transporte acaba provocando congestiones, limitaciones de producción y vertidos de energía renovable.
En Canarias-sostenible.es ya hemos explicado la estructura de la red de transporte eléctrica de Tenerife. El Porís ocupa una posición central dentro del eje que conecta Candelaria, Caletillas, Buenos Aires, Abona, Los Vallitos y Granadilla. (Canarias sostenible)

Una infraestructura necesaria con una tramitación fallida
El valor eléctrico del proyecto no puede ocultar lo sucedido durante su tramitación. La autorización otorgada en 2016 fue declarada nula por una sentencia firme de 2019. El motivo fue la omisión de la evaluación de impacto ambiental ordinaria que debía haberse realizado antes de autorizar las instalaciones.
En 2023, la Dirección General de Energía acordó retrotraer el expediente al momento anterior a la autorización. Red Eléctrica presentó después documentación actualizada y el proyecto fue sometido a una evaluación ambiental ordinaria. La nueva autorización de mayo de 2026 recibe eficacia retroactiva para conservar el procedimiento expropiatorio iniciado en 2016.
La resolución reconoce, además, que las instalaciones están concluidas y en pleno funcionamiento. Por ese motivo, no fija un nuevo plazo para su puesta en servicio. Jurídicamente se sustituye el acto anulado; físicamente se regulariza una infraestructura operativa desde hace años.
Conviene decirlo con claridad. Una obra puede ser técnicamente necesaria y, al mismo tiempo, haber sido tramitada de forma incorrecta. La seguridad del suministro no convierte las garantías ambientales en un trámite prescindible. Tampoco debería utilizarse la utilidad pública como argumento para aceptar después cualquier hecho consumado.
La transición energética perderá legitimidad si las administraciones no respetan sus propias reglas. Necesitamos construir más red y hacerlo con mayor agilidad. Sin embargo, acelerar debe significar planificar mejor, coordinar antes y resolver dentro de la ley.
El conflicto ambiental no desaparece con la autorización
El Ayuntamiento de Arico emitió en 2024 un informe contrario al proyecto. Cuestionó las diferencias entre lo autorizado inicialmente y lo finalmente ejecutado. También puso en duda la calidad del estudio de alternativas y la actualización del inventario ambiental.
El informe municipal señaló posibles impactos sobre el suelo, el paisaje, la avifauna y varias propiedades vecinales. Entre sus objeciones figuraban los restos de obra, la alteración topográfica y el riesgo de colisión para especies sensibles como la pardela cenicienta. (Gobierno de Canarias)
Red Eléctrica rechazó esas consideraciones y defendió que las modificaciones introducidas fueron ajustes menores de ejecución. La empresa sostuvo que el estudio de 2024 incorporaba información actualizada y un análisis retrospectivo de los efectos observados.
El Cabildo de Tenerife informó favorablemente, aunque formuló recomendaciones sobre restauración y protección de las aves. Sus técnicos detectaron zonas donde la recuperación vegetal no se había completado y propusieron reforzar las medidas anticolisión.
La Declaración de Impacto Ambiental, formulada el 15 de mayo de 2026, considera viable la infraestructura. Sin embargo, impone cinco condicionantes exigentes. Esa circunstancia importa: la autorización no equivale a afirmar que el proyecto carece de impactos. (Gobierno de Canarias)
Restaurar lo que todavía no se ha recuperado
Red Eléctrica deberá presentar un programa de restauración ambiental en el plazo de seis meses desde la publicación de la declaración. El documento tendrá que identificar accesos innecesarios, suelos compactados, taludes, superficies sin revegetar y posibles restos de obra.
Las actuaciones deberán incluir la recuperación de suelos, la restauración de perfiles topográficos y la revegetación con especies autóctonas. Además, será obligatorio remitir informes anuales con indicadores verificables.
El programa no podrá cerrarse hasta que se acredite la restauración efectiva. No basta, por tanto, con presentar documentos o realizar plantaciones puntuales. La administración deberá comprobar que los terrenos alterados han recuperado unas condiciones ambientales aceptables.

Cinco años de vigilancia sobre la avifauna
La línea aérea deberá sustituir las actuales espirales naranjas por balizas giratorias reflectantes, colocadas cada siete metros. En el tramo comprendido entre los apoyos T-111-7 y T-111-8, considerado un posible punto negro, se instalarán dispositivos experimentales de luz ultravioleta.
El seguimiento de la mortalidad de aves abarcará todo el trazado y tendrá una duración mínima de cinco años. Las inspecciones serán mensuales. Cuando la orografía impida recorrer el terreno con seguridad, deberán utilizarse sistemas aéreos por control remoto equipados con cámaras de alta resolución.
La metodología deberá corregir los resultados en función de la detectabilidad y de la desaparición de cadáveres. Este detalle es relevante, porque un simple recuento de ejemplares encontrados suele infravalorar la mortalidad real.
La resolución exige también un estudio específico sobre la población y los movimientos del alcaraván en Tenerife. Los ejemplares deberán marcarse con emisores GPS-GSM y el seguimiento durará al menos cinco años. Se analizarán sus desplazamientos, áreas de campeo, preferencias de hábitat y mortalidad asociada a las infraestructuras.
Estas medidas revelan que el riesgo para la avifauna no era una cuestión menor. La utilidad eléctrica de la línea no elimina la obligación de conocer sus efectos, reducirlos y actuar cuando los resultados indiquen que las medidas adoptadas son insuficientes.
La subestación El Porís seguirá creciendo
El mismo Boletín Oficial de Canarias autorizó otra actuación distinta: la ampliación del parque de 220 kV mediante dos nuevas posiciones con tecnología GIS. El proyecto dispone de doce meses para solicitar su puesta en servicio. (Gobierno de Canarias)
El dato confirma que El Porís no pertenece únicamente a una planificación del pasado. Continúa evolucionando como nodo del sistema eléctrico tinerfeño y como punto de conexión de nuevas infraestructuras.
Esa ampliación debe interpretarse con prudencia. Más posiciones permiten conectar nuevos elementos y aumentar la funcionalidad del nudo, pero cada actuación deberá cumplir su propia tramitación. La experiencia acumulada obliga a evitar que la urgencia vuelva a sustituir al procedimiento.
La lección que deja la Subestación El Porís
Canarias no descarbonizará sus sistemas eléctricos únicamente con generación renovable. Necesita redes malladas, transformación entre niveles de tensión, almacenamiento, control y capacidad de evacuación. La Subestación El Porís forma parte de esa arquitectura imprescindible.
También deja una advertencia. La transición energética no puede construirse mediante atajos administrativos ni tratando el territorio como una dificultad incómoda. Las infraestructuras deben justificarse, evaluarse y ejecutarse con respeto a las personas y al medio natural.
Defender la red eléctrica y exigir rigor ambiental no son posiciones incompatibles. Al contrario, ambas forman parte del mismo proyecto colectivo. Una transición sólida necesita ingeniería, legalidad, transparencia y vigilancia pública.
El Porís ya está en servicio. Ahora corresponde cumplir cada condicionante, restaurar lo pendiente y publicar resultados verificables. Solo así esta infraestructura podrá ser vista no como un hecho consumado, sino como una pieza legítima de la transformación energética de Tenerife.
