Infraestructura energética pública: el ejemplo del túnel de El Bicho

Infraestructura energética pública: el túnel de El Bicho señala el camino

La infraestructura energética pública no debería ser una excepción ni una ocurrencia aislada. Debe convertirse en una forma habitual de diseñar, renovar y gestionar los servicios que sostienen la vida diaria en Canarias. El nuevo autoconsumo fotovoltaico del túnel de El Bicho, en la TF-1, demuestra que ese camino es posible: aprovechar espacios ya transformados para reducir consumo fósil, costes de explotación y emisiones.

No es una revolución por sí sola. Tampoco resolverá el desafío eléctrico de Tenerife. Pero contiene una idea de fondo que conviene tomar en serio: las administraciones públicas no pueden limitarse a pedir transición energética a hogares y empresas. Deben aplicarla, de forma visible y rigurosa, en sus propias infraestructuras.

Un túnel que también produce electricidad

El Gobierno de Canarias presentó el 24 de junio la instalación fotovoltaica ejecutada en el túnel de El Bicho, situado en la TF-1, dentro del municipio de Santiago del Teide. El proyecto cuenta con 306 módulos bifaciales de 620 Wp, una potencia instalada de 189,72 kWp y seis inversores de 50 kW. La previsión oficial es que cubra el 52 % de la demanda energética del túnel, principalmente vinculada a sus sistemas de iluminación, explotación y seguridad. (Gobierno de Canarias)

La actuación ha supuesto una inversión de 274.094 euros y se ha configurado como una instalación de autoconsumo sin excedentes. Es decir, la energía solar se aprovecha directamente en la propia infraestructura, sin plantearse la inyección de sobrantes a la red. El proyecto cuenta con financiación del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Unión Europea. (Gobierno de Canarias)

La importancia de esta iniciativa no reside solo en sus cifras. Está en el lugar elegido. Un túnel de carretera es una infraestructura con consumo permanente, necesidades de seguridad estrictas y una función pública indiscutible. Instalar generación renovable allí tiene sentido cuando se hace con criterios técnicos, sin improvisación y sin poner en riesgo la continuidad del servicio.

Infografía sobre el autoconsumo público en el túnel de El Bicho: 306 módulos bifaciales, 189,72 kWp instalados, cobertura prevista del 52 % de la demanda del túnel e inversión de 274.094 euros.

Infraestructura energética pública: una oportunidad en espacios ya transformados

Canarias tiene un territorio limitado, frágil y sometido a tensiones crecientes. Por eso, la transición energética no puede consistir en ocupar suelo sin orden ni en enfrentar renovables y paisaje como si fueran enemigos inevitables.

Hay una vía mucho más sensata: aprovechar cubiertas, márgenes viarios, aparcamientos, edificios públicos, instalaciones hidráulicas, estaciones de transporte y otros espacios ya alterados por la actividad humana. No sustituirá a los parques eólicos, a las plantas fotovoltaicas de mayor escala ni a las redes necesarias para descarbonizar el sistema. Pero reduce conflictos territoriales y amplía las posibilidades de generar electricidad limpia cerca de los puntos de consumo.

El propio Gobierno de Canarias plantea esta actuación como una experiencia pionera dentro de una Estrategia Verde para la infraestructura viaria. El programa incluye nueve actuaciones de renovables y eficiencia energética, con una inversión global superior a 3,4 millones de euros. Cuatro proyectos piloto se desarrollan en El Bicho, La Cumbre, Pino Seco y el enlace de Butihondo. (Gobierno de Canarias)

La dirección es correcta. Lo importante ahora es que no se quede en una colección de proyectos singulares para inaugurar con una fotografía. La infraestructura energética pública debe pasar a formar parte de la planificación ordinaria de carreteras, centros educativos, hospitales, depuradoras, desaladoras, puertos y edificios administrativos.

Autoconsumo útil, pero no autosuficiencia

Conviene evitar un error frecuente: confundir autoconsumo con independencia eléctrica. El túnel de El Bicho reducirá una parte importante de su consumo, pero seguirá necesitando el respaldo de la red eléctrica. Y debe ser así.

Un túnel no puede prescindir de iluminación, comunicaciones, sistemas de vigilancia o mecanismos de seguridad porque sea de noche, haya nubosidad o la producción solar sea insuficiente. La energía fotovoltaica permite reducir la energía adquirida de la red durante las horas de generación, pero no elimina la necesidad de contar con un suministro firme y seguro.

En una instalación sin baterías, la producción solar termina cuando cae el sol. En una infraestructura crítica, la red no es un elemento prescindible ni una alternativa a combatir. Es la garantía de continuidad del servicio. Esta idea es especialmente relevante en Canarias, donde los sistemas eléctricos son aislados y no disponen del respaldo de una gran red continental.

Por eso, el autoconsumo debe entenderse como una herramienta valiosa, aunque limitada. Ayuda a reducir demanda en las horas solares, rebaja emisiones y mejora la eficiencia económica de la instalación. Sin embargo, no puede sustituir a una red eléctrica robusta, a la generación renovable a gran escala, al almacenamiento ni a los recursos que sostienen la estabilidad del sistema.

Como ya explicamos en El espejismo del autoconsumo, producir electricidad cerca del consumo es positivo, pero no equivale a disponer de un sistema eléctrico completo.

Infografía sobre la infraestructura energética pública: el autoconsumo en carreteras reduce consumo fósil, emisiones y costes, pero necesita respaldo de red, almacenamiento y renovables a gran escala.

Más demanda exige mejores decisiones públicas

El debate llega en un momento en que Canarias necesita acelerar su transformación energética. En mayo de 2026, la demanda eléctrica del Archipiélago alcanzó 764.993 MWh, un 7,3 % más que en mayo de 2025. En el acumulado de enero a mayo, la demanda creció un 2,4 %. (Red Eléctrica)

Esa evolución obliga a actuar en varios frentes a la vez. Habrá que electrificar más usos, reducir consumos innecesarios, desplegar renovables, reforzar redes y crear almacenamiento. También habrá que aprovechar mucho mejor las infraestructuras ya existentes.

La Ley Canaria de Cambio Climático y Transición Energética establece que la acción climática debe impregnar las políticas públicas, la contratación y las decisiones sectoriales. Además, el Estatuto de Autonomía sitúa el ahorro energético y la promoción de renovables entre los principios rectores de la actuación pública, incluida la política de transportes y comunicaciones. (BOE)

El túnel de El Bicho encaja bien en esa lógica. No porque vaya a cambiar por sí mismo el sistema eléctrico canario, sino porque muestra una manera concreta de empezar: incorporar la energía limpia allí donde se construye, se reforma o se mantiene una infraestructura pública.

La red sigue siendo parte de la solución

Hay otro aprendizaje que no debería perderse. Las placas solares instaladas junto a una carretera no convierten a esa carretera en autosuficiente. La instalación funciona porque existe una red eléctrica capaz de aportar la energía que falta y de garantizar continuidad cuando la generación solar no está disponible.

La transición energética necesita autoconsumo. Necesita eficiencia. Necesita también redes de transporte y distribución reforzadas, capaces de integrar nueva generación renovable y atender una demanda cada vez más electrificada. La red de transporte eléctrica de Tenerife no es un obstáculo para la descarbonización: es una de sus condiciones materiales.

Reducir la dependencia de los combustibles fósiles exige mirar más allá de cada proyecto individual. Una instalación fotovoltaica en un túnel suma. Una batería bien ubicada suma. Una línea o subestación necesaria también suma. La cuestión es que todas esas piezas respondan a un plan coherente, técnicamente sólido y respetuoso con el territorio.

El túnel de El Bicho no representa el final del camino. Representa algo más útil: una señal de que Canarias puede convertir sus infraestructuras públicas en aliadas de la transición energética. Ahora toca extender esa lógica, exigir continuidad y evitar que la sostenibilidad se quede en un gesto aislado.

La transición energética no se construye con eslóganes. Se construye proyecto a proyecto, con planificación, red, renovables y responsabilidad pública.


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