Multa o Obsolescencia: Las Contradicciones de una Consejería

Una Sanción Histórica con una Doble Lectura

La cifra resuena con la contundencia de un martillo: 12,1 millones de euros. Es la sanción que la Consejería de Transición Ecológica del Gobierno de Canarias ha impuesto a Endesa por el apagón total de La Gomera en julio de 2023. Un «cero energético» que paralizó la isla durante 37 horas, exponiendo la fragilidad de un sistema del que todos dependemos.

La base de la sanción, según el expediente, es sólida y se articula sobre dos infracciones «muy graves» de la Ley del Sector Eléctrico:

  1. No mantener las instalaciones en las condiciones adecuadas de seguridad y funcionamiento.
  2. Interrumpir el suministro fuera de los supuestos legales.

El origen técnico fue un fallo en el cuadro de control de un grupo de generación en la central de El Palmar.

A primera vista, podríamos interpretar esta multa récord como una victoria del interés público. Una administración que, por fin, exige responsabilidades al operador por una negligencia flagrante. Y lo es. Pero esta sanción, lejos de cerrar el capítulo, lo que hace es abrir una caja de Pandora y exponer la contradicción más grave de la política energética canaria actual.

La Anatomía Técnica del Cero: Falla Operativa, No Colapso por Antigüedad

Es crucial entender qué falló exactamente. El expediente no habla de una turbina desintegrada por la vejez, ni de un motor que reventó por fatiga de material. Habla de un «fallo en el cuadro de control» de un grupo.

En un sistema eléctrico, esto es un fallo de instrumentación, de lógica de control, de electrónica. Es, en esencia, un fallo de mantenimiento y de los sistemas de protección redundantes que deben existir precisamente para esto.

Que un solo grupo falle no debería, bajo ninguna circunstancia, provocar el colapso de toda una isla. Un sistema aislado como el de La Gomera debe tener (y en teoría tiene) mecanismos para soportar la pérdida de su grupo más grande:

  • Reserva Rodante: Otros grupos operando a carga parcial, listos para asumir la carga perdida en segundos.
  • Deslastre de Cargas (Subfrecuencia): Sistemas automáticos que desconectan selectivamente a algunos consumidores (sacrifican una parte) para salvar al resto del sistema y evitar el colapso total.

El cero de La Gomera no fue solo el fallo de un cuadro de control; fue el fracaso de toda la cascada de protecciones y de la gestión operativa del sistema. El expediente sancionador lo confirma: fue un fallo de operación y mantenimiento.

Multa o obsolescencia

La Contradicción: ¿Negligencia o Pretexto?

Y aquí es donde la historia se vuelve surrealista.

Recordemos qué sucedió en los días y meses posteriores a ese apagón. El Consejero de Transición Ecológica no compareció ante la prensa hablando de «fallos en cuadros de control». No. El discurso fue mucho más grandilocuente y alarmista.

Se nos dijo que el cero de La Gomera era la prueba irrefutable de un mal sistémico: la «obsolescencia» del parque de generación en todas las islas. Se utilizó este evento específico, causado por una negligencia operativa, como la justificación principal para declarar la Emergencia Energética en Canarias.

El Gobierno de Canarias, con su Consejero al frente, se encuentra ahora defendiendo dos relatos mutuamente excluyentes:

  1. Relato A (Para la Sanción): Te multo con 12,1 millones porque fallaste en la operación y el mantenimiento de un cuadro de control específico.
  2. Relato B (Para la Emergencia): Declaro la emergencia regional porque el apagón demuestra que todos los grupos de todas las islas son chatarra obsoleta a punto de colapsar.

Si la causa es la negligencia (Relato A), como la propia Consejería ha demostrado en su expediente sancionador, entonces la justificación de la emergencia energética (Relato B) es un pretexto construido sobre una premisa falsa.

No se puede, con seriedad, multar a una empresa por no cambiar el aceite al coche (mantenimiento) y, al mismo tiempo, decirle al resto del país que el motivo del accidente fue que toda la flota de coches del país es inherentemente defectuosa (obsolescencia).

El Verdadero Objetivo: Una Transición… Hacia Más Gas

La pregunta evidente es: ¿por qué construir esta narrativa contradictoria? ¿Por qué usar un fallo de mantenimiento en La Gomera para justificar una emergencia regional?

La respuesta se encuentra en los objetivos de esa declaración de emergencia y en los procesos paralelos que se están impulsando. El objetivo no es, lamentablemente, acelerar las renovables.

1. Los Grupos de la Emergencia:

La declaración de emergencia permite la adjudicación «a dedo» y por la vía rápida de nuevos grupos de generación. ¿Qué grupos? Motores de combustión. Grupos que queman combustible fósil, instalados con la excusa de la urgencia.

2. La Concurrencia Competitiva (El Plan Real):

Pero la emergencia es solo la punta del iceberg. El verdadero plan de la Consejería es el proceso de concurrencia competitiva. Este concurso masivo está diseñado para renovar cerca de la mitad de toda la potencia de generación térmica de Canarias.

Hablamos de cientos de megavatios. Y no son paneles solares ni baterías. Son motores nuevos de gas y diésel.

Lo que estamos presenciando no es una «transición energética». Es una «sustitución fósil»: cambiar motores viejos que queman fósil por motores nuevos que quemarán fósil durante los próximos 20 o 25 años.

Conclusión: La Sanción que Desnuda la Estrategia

El cero de La Gomera fue un evento grave, una pesadilla para sus habitantes y una muestra de negligencia intolerable por parte del operador. La sanción de 12,1 millones, aunque parece un castigo justo, es también una distracción.

Es, irónicamente, la propia Consejería la que, con este expediente, nos entrega la prueba de que su principal argumento para la emergencia energética era falso. No fue la obsolescencia inevitable; fue un fallo de gestión.

El apagón de La Gomera fue, sencillamente, la excusa perfecta. Un incidente providencial que permitió al Consejero activar un plan predefinido: usar la vía de urgencia y la vía ordinaria (la concurrencia) para blindar un modelo energético basado en el gas durante décadas, justo cuando la emergencia climática nos exige abandonarlo de inmediato.

Los ciudadanos canarios merecen un suministro seguro, por supuesto. Pero merecen, por encima de todo, transparencia. Y lo que vemos aquí es un juego de trileros donde se utiliza un fallo operativo como coartada para hipotecar nuestro futuro energético y climático.

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