BESS en Canarias: la transición ya aparece en el BOC
BESS en Canarias: cuando la transición baja al terreno
Los BESS en Canarias ya no son solo una promesa tecnológica ni una palabra que aparece en informes energéticos. Empiezan a verse en expedientes concretos, con potencia, capacidad, superficie ocupada, líneas de evacuación y ubicación real.
Eso cambia bastante la conversación.
Durante años hemos hablado del almacenamiento como una pieza imprescindible para integrar más renovables. Era correcto hacerlo. Sin almacenamiento, una parte creciente de la energía eólica y fotovoltaica termina chocando con los límites físicos del sistema eléctrico.
Pero ahora el debate empieza a ser menos abstracto. Ya no hablamos solo de “baterías” en general. Hablamos de proyectos que se someten a información pública, que se ubican en municipios concretos y que necesitan conectarse a subestaciones reales.
Y ahí, como suele ocurrir en energía, la realidad se vuelve más interesante que el eslogan.
Tres proyectos que conviene mirar con atención
En mayo de 2026 se han publicado en el Boletín Oficial de Canarias varios anuncios relacionados con instalaciones BESS en sistemas insulares.
Uno de ellos es el proyecto BESS Sirius V San Mateo, en Vega de San Mateo, Gran Canaria. El anuncio recoge una instalación de 1,53 MW de potencia nominal y 10,03 MWh de capacidad total, con dos contenedores de baterías y una línea subterránea de 20 kV hasta la subestación de San Mateo. (Gobierno de Canarias)
También aparece el proyecto BESS Arona II, en Tenerife. En este caso, el anuncio habla de 53,493 MWh de capacidad instalada en baterías, cuatro horas de autonomía y una potencia instalada en inversores de 13,440 MVA. La conexión se plantea mediante una línea subterránea de 20 kV hasta la subestación de Arona. (Gobierno de Canarias)
Otro expediente reciente es BESS Solajero, en Santa María de Guía, Gran Canaria. Según el BOC, se trata de una instalación de 7 MWn y 28 MWh de capacidad, también con cuatro horas de autonomía, seis contenedores de almacenamiento e infraestructura de evacuación a 20 kV. (Gobierno de Canarias)
La cifra aislada puede decir poco. El patrón, sin embargo, dice mucho.
No son centrales eléctricas convencionales
Una batería no es una central térmica. Tampoco es un parque eólico ni una planta fotovoltaica. Su valor no está en “producir” energía primaria, sino en mover electricidad en el tiempo.
Carga cuando hay energía disponible. Descarga cuando el sistema la necesita. Parece sencillo, pero en una isla tiene una importancia enorme.
En los sistemas eléctricos canarios, la generación renovable depende mucho del viento y del sol. Cuando hay abundancia renovable y poca demanda, el sistema puede encontrarse con excedentes difíciles de integrar. Cuando cae el recurso, hace falta cubrir la demanda con garantías.
Ahí el almacenamiento aporta flexibilidad.
No resuelve todo, conviene decirlo claramente. Una batería de cuatro horas no sustituye por sí sola a la generación gestionable, ni elimina la necesidad de red, ni convierte una isla en 100% renovable por arte de magia. Pero sí ayuda a reducir vertidos, suavizar rampas, desplazar energía y mejorar la operación.

El detalle importante: conexión, suelo y tramitación
La parte menos vistosa de estos expedientes es, precisamente, la más reveladora.
Cada proyecto necesita suelo. Necesita vallado, contenedores, transformadores. Necesita una línea de evacuación. Además, debe tramitarse, someterse a información pública y, en estos casos, pasar por evaluación ambiental simplificada.
Esto debería servirnos para enfriar un poco la conversación energética.
La transición no se construye solo con titulares ambiciosos. Se construye con expedientes, ingeniería, permisos, subestaciones, cables, transformadores y aceptación territorial.
También con debate público. Porque una instalación BESS puede ser mucho menos visible que un parque eólico, pero no es invisible. Ocupa espacio, transforma un entorno y necesita explicar bien su utilidad.
BESS en Canarias: una pieza, no una varita mágica
Los BESS en Canarias deben entenderse como parte de un conjunto más amplio. Son necesarios, pero no suficientes.
Hace falta generación renovable. Se necesita red eléctrica. Hace falta bombeo donde sea viable. Harán falta baterías distribuidas, gestión de demanda, electrificación inteligente y una operación del sistema cada vez más sofisticada.
El error sería presentar las baterías como solución milagrosa. El otro error, igual de grave, sería despreciarlas porque no lo resuelven todo.
En sistemas eléctricos aislados, cada herramienta cuenta. Y las baterías aportan algo muy valioso: rapidez, flexibilidad y capacidad de absorber parte de la variabilidad renovable.
Canarias necesita precisamente eso. Más herramientas. Mejor planificación. Menos ruido. Más comprensión técnica.
Conclusión: la transición empieza a tener dirección postal
La transición energética canaria ya no vive solo en planes, estrategias o discursos institucionales. Empieza a aparecer en anuncios administrativos con coordenadas, megavatios, megavatios hora y líneas de evacuación.
Eso es una buena noticia, aunque no baste.
Ahora toca hacer bien lo difícil: integrar estas instalaciones donde aporten valor real al sistema, explicar su función a la ciudadanía y evitar que el almacenamiento se convierta en otra palabra de moda vaciada de contenido.
Porque una batería no cambia por sí sola el modelo energético. Pero muchas decisiones bien diseñadas, conectadas entre sí, sí pueden hacerlo.
La transición energética no se construye con magia. Se construye con planificación, ingeniería y responsabilidad colectiva.
