Desalación flexible: la batería de agua que Canarias ya tiene
Canarias lleva décadas construyendo una forma de flexibilidad energética sin llamarla así. Está en nuestras desaladoras, en los depósitos reguladores y en una necesidad diaria: producir agua. La desalación flexible parte de una idea sencilla. Si una parte de esa producción puede desplazarse hacia las horas con más energía renovable, el agua almacenada puede ayudar también al sistema eléctrico.
Conviene precisar qué significa. Una desaladora no es una batería eléctrica y no devuelve electricidad a la red. Puede, sin embargo, aumentar su consumo cuando abunda la generación eólica o fotovoltaica y reducirlo cuando el sistema necesita aliviar demanda. Visto desde la red, ese comportamiento puede ser muy valioso.
Desalación flexible: mucho más que producir agua con renovables
Durante años hemos asociado la descarbonización de la desalación con instalar paneles solares o aerogeneradores cerca de las plantas. Es una buena idea, pero no agota su potencial.
El verdadero salto aparece cuando la producción de agua deja de ser un consumo rígido. Una planta con capacidad de regulación, depósitos suficientes y un control adecuado puede producir más en determinadas horas y menos en otras, manteniendo el volumen diario necesario.
Así cambia la pregunta. Ya no importa solo cuánta electricidad consume una desaladora. También importa cuándo la consume y cuánto de ese consumo puede desplazarse sin comprometer el abastecimiento.
El depósito de agua cambia la lógica
La electricidad debe equilibrarse prácticamente en tiempo real. El agua, en cambio, puede producirse antes de ser consumida y permanecer durante horas en depósitos reguladores.
Cuando existe mucha generación renovable, la desaladora podría aumentar producción y llenar esos depósitos. Más tarde, cuando cae el viento, desaparece el sol o crece la demanda eléctrica, puede reducir temporalmente su consumo y mantener el suministro con el agua almacenada.

No hemos guardado electricidad. Hemos adelantado un proceso eléctrico intensivo y almacenado su producto.
Por eso, la comparación con una batería tiene límites. Un BESS absorbe electricidad y puede devolverla posteriormente. La desalación flexible solo desplaza consumo. No sustituye a las baterías ni al bombeo hidráulico, pero puede complementarlos.
Una carga eléctrica demasiado importante para ignorarla
La escala permite comprender el interés. El Instituto Tecnológico de Canarias señaló en 2026 que la desalación consumió unos 553 GWh de electricidad durante 2023. Esa cifra equivalía al 6,2 % de la electricidad generada en el archipiélago.
Otra referencia oficial resulta especialmente reveladora. La convocatoria canaria de 2026 para financiar plantas potabilizadoras utiliza, para el periodo entre julio de 2024 y junio de 2025, un volumen de 130,87 millones de metros cúbicos y un consumo eléctrico de 516,48 GWh. La misma orden señala que el 60,8 % de la población canaria es abastecida con agua desalada.
Si dividimos aquellas dos primeras magnitudes, obtenemos aproximadamente 3,95 kWh por metro cúbico. Es un cálculo agregado sobre las cifras oficiales, no el consumo específico de una instalación concreta. Aun así, ayuda a apreciar la dimensión energética de la desalación.
Un ejemplo permite entender su potencial
Imaginemos una desaladora de 50.000 metros cúbicos diarios con un consumo específico medio de 3,5 kWh/m³. No estamos describiendo ninguna planta concreta. Es solo un ejemplo para entender el orden de magnitud.
Esa instalación necesitaría unos 175 MWh diarios. Su potencia media equivalente sería algo superior a 7 MW.
Si las condiciones hidráulicas y operativas permitieran desplazar seis horas de ese consumo, estaríamos hablando de unos 44 MWh movidos desde unas horas hacia otras.
No serían 44 MWh de electricidad almacenada. Serían 44 MWh de consumo desplazable. Sin embargo, reducir varios megavatios de demanda durante una hora crítica puede tener un valor operativo considerable en un sistema eléctrico aislado.

Menos vertidos renovables y menos generación fósil
Canarias ya registra horas en las que una parte de la energía renovable disponible no puede integrarse. Las causas son diversas: limitaciones de red, necesidades de estabilidad, exceso de generación o restricciones propias de cada sistema insular.
En Canarias Sostenible ya hemos analizado cómo los vertidos renovables revelan esta dificultad para aprovechar toda la energía limpia disponible. La respuesta no puede limitarse a instalar más baterías.
También necesitamos llevar demanda hacia las horas en las que tenemos electricidad renovable disponible.
La desalación encaja especialmente bien porque reúne tres características poco habituales: consumo elevado, cierta capacidad de programación y un producto que puede almacenarse.
Si una parte de la producción se desplaza hacia horas de alto recurso eólico o solar, puede aumentar la integración renovable. Después, durante una punta de demanda, reducir temporalmente la desalación puede ayudar a contener la generación fósil necesaria para cubrirla.
No todas las desaladoras pueden hacerlo
Aquí conviene evitar soluciones mágicas. La flexibilidad real depende del diseño de cada instalación. Influyen las bombas de alta presión, los bastidores de ósmosis inversa, los variadores, los recuperadores de energía y los límites operativos de las membranas.
También resulta decisiva la infraestructura hidráulica. Sin depósitos suficientes, el margen para desplazar consumo desaparece rápidamente. Y producir agua adicional porque sobra electricidad carece de sentido si no existe capacidad útil para almacenarla.
La calidad del agua, el mantenimiento y la garantía de suministro deben prevalecer siempre. La flexibilidad debe diseñarse; no consiste en apagar una desaladora cada vez que al sistema eléctrico le convenga.
Canarias ya investiga esta convergencia
El ITC comunicó en julio de 2026 que su instalación experimental DESALRO 2.0 alcanzó un consumo de 1,794 kWh/m³. El organismo señala que el registro fue reconocido en 2025 como récord mundial para una instalación de esas características.
Además, el proyecto europeo AQUASOL, en el que participa el Instituto Tecnológico de Canarias trabaja precisamente en la integración de grandes proporciones de energías renovables, almacenamiento y tecnologías de desalación.
El siguiente paso debería ir más allá de reducir el consumo energético de cada metro cúbico. También necesitamos estudiar cuánto valor puede aportar una planta al sistema eléctrico mediante una operación flexible.

La regulación empieza a abrir la puerta
La gestión de la demanda tampoco es ya una idea teórica. El Real Decreto 88/2026 regula la agregación de electricidad y permite a los consumidores participar en servicios de respuesta de demanda.
El pasado 13 de agosto, el MITECO abrió además a información pública el desarrollo operativo de la figura del agregador independiente. Su función será precisamente agrupar consumos capaces de modificar su comportamiento para prestar servicios al sistema eléctrico.
Esto puede resultar especialmente interesante en Canarias. Una desaladora, una estación de bombeo o varias infraestructuras hidráulicas coordinadas podrían constituir recursos capaces de modificar su consumo siguiendo señales económicas u operativas.
La singularidad de los sistemas eléctricos no peninsulares obligará, naturalmente, a estudiar cómo encaja todo ello en su regulación y operación específica.
Canarias debería medir su «batería de agua»
Antes de hablar de grandes cifras necesitamos conocer el recurso real.
Sería útil disponer, isla por isla, de la potencia eléctrica de las principales desaladoras y bombeos, sus perfiles horarios, la capacidad útil de los depósitos y los márgenes reales de modulación de cada proceso.
Con esos datos podría estimarse qué parte del consumo es verdaderamente flexible. También podríamos valorar cuántos vertidos renovables serían aprovechables y qué generación fósil podría desplazarse.
Ese inventario sería relativamente modesto frente a otras grandes inversiones energéticas. Sin embargo, podría descubrir un recurso de flexibilidad que ya existe y que hasta ahora apenas hemos considerado desde la perspectiva del sistema eléctrico.
El agua también puede ordenar la transición
Canarias necesita baterías, bombeo hidráulico, mejores redes y mucha más generación renovable. Pero también necesita aprender a consumir electricidad cuando resulta más favorable para el sistema.
La desalación flexible encaja de forma natural en esa estrategia. Tenemos un territorio que necesita producir agua, renovables crecientes y sistemas aislados que requieren cada vez más capacidad de adaptación.
Seguir tratando agua y electricidad como mundos separados sería desperdiciar una oportunidad evidente.
Quizá una parte de la transición energética canaria ya esté construida y lleve años llena de agua. Solo falta empezar a operarla con esa mirada.
¿Tú qué opinas? Te leo en los comentarios.
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
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