Apagón de La Graciosa: una isla sin plan B
El apagón de La Graciosa de este domingo 16 de agosto debería servir para algo más que contar cuántas horas estuvieron los vecinos sin electricidad. Cuando se apaga una isla y con la electricidad desaparecen también el agua, buena parte de la actividad comercial y numerosos servicios cotidianos, el problema deja de ser una simple avería. Pasa a llamarse vulnerabilidad.
La Graciosa es pequeña, pero precisamente por eso podría ser uno de los mejores lugares de Canarias para hacer las cosas de otra manera. Renovables, almacenamiento, gestión inteligente de la demanda y una verdadera microrred podrían convertir una debilidad evidente en un ejemplo de transición energética bien diseñada.
Qué ocurrió en el apagón de La Graciosa
Según La Voz de Lanzarote, una avería en el tendido eléctrico que conecta Lanzarote con La Graciosa dejó la isla sin suministro desde aproximadamente las 07:00 horas. La incidencia se localizó en una zona situada bajo el Risco de Famara y el suministro quedó restablecido a las 15:38 horas.
La cronología publicada por los distintos medios no es completamente coincidente. Por prudencia, resulta preferible no convertir la duración exacta en el centro del debate.
Lo relevante es lo que ocurrió mientras la electricidad no estaba disponible. Bares, restaurantes y comercios encontraron enormes dificultades para desarrollar su actividad. La interrupción afectó además al abastecimiento de agua, haciendo mucho más visible la dependencia existente entre dos servicios esenciales.
Hay otro dato significativo. Durante el apagón de la Graciosa, se consiguió suministrar electricidad a la parte más antigua de Caleta de Sebo mediante un equipo de emergencia. Sin embargo, la potencia disponible no fue suficiente para alimentar al conjunto de la población.
Eso merece una reflexión.
La Graciosa tenía algún respaldo, pero no un respaldo capaz de sostener a La Graciosa.

Una dependencia que ya conocíamos
El problema tampoco puede considerarse inesperado. La plataforma europea Clean Energy for EU Islands describe una isla cuya energía y cuyo abastecimiento de agua han dependido históricamente de Lanzarote. Ambos servicios llegan a través de conexiones entre las dos islas.
En Canarias Sostenible ya abordamos esta realidad al analizar la desaladora solar de La Graciosa. Entonces advertíamos que hablar de sostenibilidad en una isla dependiente del exterior obliga a hablar también de autonomía, seguridad de suministro y resiliencia.
El apagón de este domingo lo ha demostrado de una manera mucho menos amable.
Además, el 2 de enero de este mismo año otra incidencia dejó sin electricidad a La Graciosa y a zonas del norte de Lanzarote. Entonces se explicó públicamente que la configuración de la red dificultaba disponer de caminos alternativos para recuperar rápidamente determinadas zonas.
Por tanto, no estamos descubriendo una vulnerabilidad. Estamos comprobando otra vez sus consecuencias.
El error sería responder únicamente con un grupo electrógeno
La respuesta convencional ante una situación semejante parece sencilla: instalar más generación de emergencia. Probablemente algún respaldo convencional seguirá siendo necesario mientras se construye un sistema más robusto.
Pero quedarnos ahí sería mirar hacia atrás.
La Graciosa dispone de recurso solar, consumo relativamente concentrado y una escala territorial que permite abordar soluciones integrales. También existe una comunidad energética activa y años de proyectos europeos relacionados con redes inteligentes, autoconsumo y almacenamiento.
Hace casi una década se hablaba ya del proyecto G.R.A.C.I.O.S.A., orientado precisamente a experimentar con generación renovable, almacenamiento y gestión inteligente de la red. El proyecto europeo SINGULAR también estudió almacenamiento y operación de microrredes en territorios insulares.
La pregunta resulta inevitable: ¿cuántos proyectos piloto necesitamos antes de empezar a construir resiliencia real?

Una microrred no consiste en llenar los tejados de placas
Aquí conviene evitar otra simplificación. Instalar paneles fotovoltaicos en viviendas, comercios y edificios públicos sería positivo, pero eso no garantiza que funcionen durante el siguiente apagón.
La mayoría de los inversores fotovoltaicos convencionales están diseñados para desconectarse cuando desaparece la red. Lo hacen por razones de seguridad. Por eso puede producirse una situación aparentemente absurda: tener el tejado lleno de placas, disponer de sol y permanecer igualmente sin electricidad.
Una microrred de La Graciosa tendría que diseñarse expresamente para sobrevivir a la pérdida de la alimentación procedente de Lanzarote.
Para conseguirlo hacen falta varias piezas coordinadas:
- Generación renovable distribuida, fundamentalmente fotovoltaica, aprovechando prioritariamente cubiertas y espacios ya antropizados.
- Baterías con suficiente potencia y energía, dimensionadas según la demanda, las cargas esenciales y la autonomía que se pretenda alcanzar.
- Inversores grid-forming, capaces de establecer una referencia estable de tensión y frecuencia cuando desaparezca la red exterior.
- Capacidad de arranque en negro, automatismos de separación y reconexión, protecciones correctamente coordinadas y un controlador de microrred.
- Gestión de cargas prioritarias, preservando agua, telecomunicaciones, servicios sanitarios, emergencias, alimentación y otras necesidades esenciales.
En BESS grid forming: el dato que Canarias no publica explicamos precisamente por qué no todas las baterías prestan los mismos servicios eléctricos. Almacenar energía es importante; ser capaz de formar y sostener una red cuando la red exterior desaparece es otra cosa.
El agua demuestra que la electricidad es mucho más que electricidad
El episodio de este domingo contiene además una enseñanza que Canarias debería incorporar a su planificación energética.
Cuando falla la electricidad no se apagan solamente las bombillas.
Se detienen bombeos, pueden perderse telecomunicaciones, aparecen problemas de refrigeración y se deteriora rápidamente la capacidad para mantener determinados servicios. En territorios insulares, energía y agua están especialmente relacionadas.
De hecho, solo unos días antes del apagón, otra incidencia eléctrica había afectado a instalaciones de producción de agua de Lanzarote y La Graciosa. El episodio obligó a trabajar durante horas para recuperar distintas plantas desaladoras.
Esta interdependencia exige abandonar la planificación por compartimentos estancos.
La desaladora solar que analizamos anteriormente puede formar parte de la solución. Pero sería mucho más interesante integrarla en una arquitectura donde producción de agua, almacenamiento hidráulico, fotovoltaica, baterías y gestión eléctrica se considerasen conjuntamente.
La Graciosa podría mantener sus servicios esenciales
No disponemos de información suficiente para afirmar cuántos megavatios de fotovoltaica ni cuántos MWh de baterías serían necesarios. Dar ahora una cifra sería hacer ingeniería de titular.
Primero habría que conocer la curva de demanda de La Graciosa, identificar las cargas críticas y establecer qué autonomía se desea garantizar. Después habría que estudiar recurso renovable, reservas, crecimiento esperado, funcionamiento en condiciones adversas y secuencias de reposición.
Pero técnicamente el planteamiento es perfectamente razonable.
No se trata necesariamente de mantener durante muchas horas cada vivienda, aire acondicionado, restaurante y consumo turístico exactamente igual que antes de la avería. El primer objetivo debería ser más sensato: evitar que una pérdida de la conexión exterior arrastre simultáneamente todos los servicios esenciales de la isla.
Una microrred podría aislarse de Lanzarote, mantener determinadas cargas, incorporar progresivamente otras y volver a sincronizarse cuando regresara la alimentación normal.
Eso sí sería resiliencia.

Renovables para depender menos, no solo para emitir menos
La transición energética suele justificarse, con razón, por la necesidad de reducir las emisiones responsables del cambio climático antropogénico. Pero en Canarias existe otra razón igualmente poderosa: las renovables pueden reducir nuestra enorme dependencia energética exterior.
En una isla como La Graciosa esta ventaja resulta especialmente evidente.
Generar localmente parte de la energía, almacenarla y conservar capacidad autónoma durante una contingencia no significa renunciar a la conexión con Lanzarote. Significa utilizar esa conexión como elemento de fortaleza y no convertirla en el único hilo del que depende todo.
La propia comunidad energética El Sol de La Graciosa plantea generación fotovoltaica, autoconsumo colectivo, almacenamiento y una mayor autonomía energética. Incluso recoge entre sus objetivos baterías y microplantas solares destinadas a servicios críticos.
Hay, por tanto, una base social sobre la que trabajar.
El apagón de La Graciosa debería cambiar una pregunta
Durante años hemos preguntado cuántos paneles solares podemos instalar o qué porcentaje renovable podemos alcanzar. Son preguntas importantes, pero insuficientes.
Después de lo ocurrido deberíamos formular otra:
¿Qué necesita La Graciosa para seguir funcionando cuando pierda nuevamente su conexión eléctrica con Lanzarote?
Responderla obligaría a estudiar la red, definir cargas críticas, dimensionar almacenamiento, evaluar generación renovable y diseñar una verdadera capacidad de operación en isla. También exigiría coordinar administraciones, distribuidora, comunidad energética, servicios hidráulicos y ciudadanía.
Eso es planificación energética.
La avería acabó a las 15:38 y las luces volvieron a encenderse. Sería una pena que con ellas se apagara también el debate.
La Graciosa podría convertirse en uno de los mejores laboratorios de Canarias para demostrar que la transición energética no consiste solamente en producir electricidad renovable. Consiste en construir sistemas más limpios, pero también más robustos, autónomos e inteligentes.
Quizás este apagón nos haya hecho una pregunta incómoda. Ahora toca decidir si queremos responderla antes del siguiente.
¿Tú qué opinas? Te leo en los comentarios.
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
