Centros de datos en Canarias: progreso con condiciones

Centros de datos en Canarias: progreso con condiciones

Los centros de datos en Canarias pueden abrir una nueva etapa económica para las islas. Pueden atraer inversión, conocimiento, empleo cualificado y actividades vinculadas con la inteligencia artificial. Pero esa oportunidad también tiene una cara menos visible.

La nube no es inmaterial. Está formada por edificios llenos de servidores que consumen electricidad, generan calor y necesitan refrigeración. También requieren redes robustas, sistemas de respaldo y una calidad de suministro muy elevada.

Canarias debe participar en la revolución digital. Sería un error quedarse al margen. Sin embargo, también sería irresponsable recibir grandes infraestructuras digitales sin establecer condiciones energéticas, hídricas y ambientales claras.

Tenerife abre la puerta a la supercomputación

El 10 de junio de 2026, el Cabildo de Tenerife, el ITER y Bechtle presentaron un gran proyecto de inteligencia artificial y supercomputación. Su núcleo técnico se situará en el centro de datos D-ALiX, en Granadilla de Abona.

La propuesta presentada por el ITER y Bechtle combina computación de altas prestaciones, inteligencia artificial acelerada y servicios privados en la nube. Incluye nuevos nodos de cálculo, procesadores gráficos avanzados y más de 6,7 petabytes de almacenamiento.

Según sus promotores, el proyecto aspira a atraer inversión, talento y actividades de alto valor añadido. También podría apoyar trabajos de ingeniería, astrofísica, vulcanología, ciencia de datos, producción audiovisual y gestión de riesgos.

La iniciativa merece una valoración positiva. Canarias necesita diversificar su economía y crear empleo cualificado. No podemos resignarnos a depender de unos pocos sectores expuestos a crisis externas.

Sin embargo, el anuncio público deja preguntas relevantes. No concreta la potencia eléctrica máxima, el consumo anual previsto ni el perfil horario de la demanda. Tampoco explica las necesidades de agua o las condiciones de conexión al sistema eléctrico.

Estos datos no son accesorios. Son esenciales para valorar el impacto real de una infraestructura digital de este tipo.

Centros de datos en Canarias: una demanda que crecerá

La Agencia Internacional de la Energía estima que los centros de datos consumieron unos 415 TWh de electricidad en 2024. Esa cifra representó alrededor del 1,5 % del consumo eléctrico mundial.

Su escenario central prevé que el consumo alcance unos 945 TWh en 2030. El crecimiento estará impulsado, en gran medida, por la inteligencia artificial y la computación acelerada.

La cifra global puede parecer asumible. El problema aparece cuando la demanda se concentra en lugares concretos. Un gran centro de datos puede exigir tanta potencia como una actividad industrial de gran tamaño.

Además, su consumo suele ser continuo. Los servidores funcionan durante todo el día y requieren refrigeración, almacenamiento de datos, redes internas y alimentación ininterrumpida.

La propia Agencia Internacional de la Energía advierte de una diferencia importante. Un centro de datos puede construirse en pocos años, mientras que una red eléctrica necesita plazos más largos.

Esa diferencia obliga a planificar con anticipación. De lo contrario, la infraestructura digital llega antes que las redes, la generación y el almacenamiento necesarios para atenderla.

Centro de datos en Canarias funcionando las 24 horas, conectado a energía renovable y almacenamiento en un sistema eléctrico insular.

Un sistema eléctrico aislado cambia las reglas

No podemos analizar estos centros de datos en Canarias como si estuvieran conectadas a una gran red continental. Nuestros sistemas eléctricos son pequeños y tienen una capacidad de respuesta más limitada.

Desde julio de 2026, Tenerife y La Gomera operan como un sistema eléctrico conjunto. La interconexión mejora el apoyo entre ambas islas, pero no elimina su aislamiento respecto al sistema peninsular.

Cada aumento estable de demanda debe ser cubierto dentro del propio sistema. Si no se incorpora nueva generación renovable, una parte relevante procederá de centrales térmicas.

El resultado sería contradictorio. Estaríamos construyendo una economía digital avanzada sobre una base energética todavía dependiente de los combustibles fósiles.

Como ya analizamos al hablar de la electrificación de Canarias, consumir más electricidad no garantiza una reducción de emisiones. Esa reducción solo se produce cuando la nueva demanda se cubre con energía limpia.

Por eso, la autorización de grandes centros de datos debe coordinarse con la planificación eléctrica. Debe considerar la capacidad de la red, la generación renovable, las reservas y el almacenamiento.

Energía renovable adicional, no una simple etiqueta

Un centro de datos no se vuelve sostenible porque compre certificados renovables. Esos documentos pueden acreditar un balance anual, pero no garantizan energía limpia durante cada hora.

Canarias debería exigir adicionalidad renovable. La nueva demanda tendría que ir acompañada de nueva generación eólica, fotovoltaica u otra fuente limpia.

También sería necesario incorporar almacenamiento. La energía solar producida al mediodía no resuelve, por sí sola, el consumo de la madrugada.

Las baterías internas podrían asumir parte de esa función. Además, sus sistemas de alimentación ininterrumpida podrían prestar ciertos servicios al sistema, siempre que existan normas y garantías técnicas.

No se trata de obligar al centro de datos en Canarias a vivir aislado de la red. Se trata de evitar que su crecimiento aumente las emisiones o desplace recursos necesarios para otros consumidores.

Centro de datos sostenible en Canarias con sistemas de refrigeración, circuitos de agua, energía renovable y recuperación de calor residual.

Flexibilidad y gestión de la demanda

No todos los procesos informáticos tienen la misma urgencia. Los servicios críticos necesitan continuidad, pero algunas tareas pueden desplazarse hacia las horas con más energía renovable.

El entrenamiento de modelos, ciertos cálculos científicos y algunos trabajos audiovisuales podrían programarse en momentos favorables. Así se reduciría la presión sobre el sistema.

La Unión Europea ya trabaja en un modelo más transparente para los centros de datos. Ese modelo considera el consumo energético, el uso de agua, las renovables, el calor residual y la relación con la red.

La Comisión Europea ha establecido obligaciones de seguimiento y comunicación del comportamiento energético de estas instalaciones. También prepara una clasificación común de sostenibilidad.

Canarias debería ir un paso más allá. En un sistema aislado, la flexibilidad no es un complemento. Puede convertirse en una condición esencial para autorizar nuevas cargas intensivas.

El agua tampoco puede quedar fuera

Los servidores transforman en calor casi toda la electricidad que consumen. Ese calor debe evacuarse mediante sistemas de refrigeración.

Algunas soluciones utilizan principalmente aire. Otras emplean agua. La elección depende del clima, del diseño y de la densidad de potencia instalada.

En Canarias, el consumo hídrico tiene una dimensión energética adicional. Buena parte del agua requiere captación, desalación, bombeo y distribución.

No tendría sentido alimentar una instalación con renovables mientras aumenta de forma desproporcionada el consumo energético asociado al agua. El balance debe analizarse de manera completa.

Cada proyecto debería informar sobre su consumo de agua, su procedencia y su tecnología de refrigeración. También tendría que estudiar circuitos cerrados, agua regenerada o soluciones de refrigeración seca.

La reutilización del calor puede ser útil en algunos casos. Sin embargo, en Canarias no debemos copiar sin más las soluciones del norte de Europa.

Aquí existen pocas necesidades de calefacción urbana. Habría que estudiar otros usos, como procesos industriales, agua caliente o refrigeración por absorción.

Condiciones energéticas y ambientales para autorizar centros de datos sostenibles en Canarias, con renovables, baterías, red eléctrica y uso eficiente del agua.

Siete condiciones antes de conceder capacidad eléctrica

Canarias necesita un marco específico para los grandes consumidores digitales. No se trata de bloquear inversiones. Se trata de recibirlas con responsabilidad.

Antes de conceder suelo, autorizaciones o capacidad de conexión, cada proyecto debería presentar:

  1. La potencia máxima solicitada y el consumo anual previsto.
  2. Un perfil horario y estacional de su demanda eléctrica.
  3. La nueva generación renovable vinculada al proyecto.
  4. La capacidad de almacenamiento propia o contratada.
  5. Las posibilidades reales de flexibilidad, reducción o desplazamiento de consumos.
  6. El consumo de agua, su procedencia y la tecnología de refrigeración.
  7. El impacto sobre la red, las reservas y la seguridad del suministro.

La Unión Europea ya exige una mayor transparencia a los centros de datos. Canarias puede adelantarse y adaptar esos criterios a su realidad insular.

Esa anticipación no ahuyentaría la inversión seria. Al contrario, ofrecería reglas claras y favorecería proyectos mejor diseñados.

Las empresas que apuesten de verdad por la sostenibilidad no deberían temer estas condiciones. Deberían verlas como una oportunidad para demostrar la calidad de sus proyectos.

Una oportunidad que merece hacerse bien

La inteligencia artificial puede aportar mucho a Canarias. Puede mejorar la previsión renovable, la investigación científica, la gestión del territorio y la prevención de riesgos.

También puede crear empleo cualificado y abrir oportunidades para nuestros jóvenes. Sería injusto negar esa posibilidad por miedo al cambio.

Pero tampoco debemos confundir modernidad con sostenibilidad. Un edificio lleno de servidores no es sostenible por llamarse inteligente.

Lo será cuando consuma menos, utilice energía limpia y adapte parte de su funcionamiento a las necesidades del sistema. También deberá proteger el agua y publicar sus impactos.

Canarias tiene derecho a participar en la nueva economía digital. Incluso puede convertirse en un referente europeo. Pero esa ambición debe apoyarse en una planificación energética rigurosa.

No necesitamos elegir entre tecnología y sostenibilidad. Necesitamos exigir que ambas avancen juntas.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a construir un futuro mejor. No debería obligarnos a repetir, con nuevos servidores, los errores del viejo modelo energético.

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