Apagón de Tenerife: 27 minutos que exigen respuestas

El apagón de Tenerife del 1 de noviembre de 2026 dejó sin suministro eléctrico a una parte importante de la población durante apenas 27 minutos. Fue tiempo suficiente para recordarnos hasta qué punto dependemos de una infraestructura que casi nunca vemos, pero también para plantear preguntas sobre la seguridad de nuestro sistema eléctrico. Porque lo ocurrido no fue simplemente una línea que se desconectó durante una tormenta. Hubo pérdida de generación, dos circuitos de transporte afectados y aproximadamente 140 MW de demanda que dejaron de alimentarse.

El suministro se recuperó rápidamente y no se produjo un cero energético. Son dos noticias positivas que conviene reconocer. Sin embargo, una recuperación eficaz no elimina la necesidad de investigar por qué se originó una perturbación de semejante alcance. Tan importante como saber por qué falló una parte del sistema es comprender qué impidió que fallara todo lo demás.

Apagón de Tenerife: qué ocurrió realmente

Según la información facilitada por Red Eléctrica y recogida por Europa Press, la incidencia comenzó a las 08:24 horas del domingo 1 de noviembre. En aquel momento se produjo la desconexión de dos circuitos de transporte de 220 kV: Granadilla–Vallitos y Vallitos–Abona. También quedó fuera de servicio una parte importante de la generación de la central de Granadilla.

La perturbación interrumpió el suministro de aproximadamente 140 MW en el sistema Tenerife-La Gomera. Las primeras informaciones situaron la afección entre 160.000 y 180.000 suministros. A las 08:51 horas, Red Eléctrica comunicaba el restablecimiento completo del servicio.

La tormenta que afectaba a Tenerife proporciona un contexto meteorológico evidente. No obstante, todavía desconocemos qué elemento falló primero, cómo actuaron las protecciones y cuál fue la secuencia exacta de desconexiones.

Conviene precisar algo: los 140 MW representan potencia que dejó de suministrarse a los consumidores. No equivalen necesariamente a la potencia de generación perdida en Granadilla, cuya magnitud todavía no conocemos.

Dos líneas desconectadas y una pregunta fundamental

La primera cuestión que merece atención en el apagón de Tenerife es la desconexión de dos circuitos de 220 kV relacionados con la subestación de Vallitos. No estamos ante la pérdida aislada de un único elemento, sino ante una perturbación que afectó a varias instalaciones importantes.

Existen diferentes explicaciones técnicamente posibles. La tormenta pudo provocar defectos independientes en las líneas. También pudo existir una perturbación común que ocasionara la actuación de varias protecciones, o una primera desconexión seguida de otras como consecuencia de las nuevas condiciones eléctricas.

No tenemos información suficiente para atribuir lo sucedido a ninguna de estas posibilidades. Y esa prudencia importa, porque conocer qué interruptores se abrieron no equivale a conocer la causa que provocó su apertura.

La situación adquiere especial relevancia en un sistema eléctrico insular. Al no disponer de una conexión con una red continental de gran tamaño, una pérdida importante de generación puede afectar rápidamente al equilibrio entre producción y consumo.

Infografía del apagón de Tenerife del 1 de noviembre de 2026, que muestra la interrupción de 140 MW, la desconexión de dos circuitos de 220 kV y la recuperación del suministro entre las 08:24 y las 08:51 horas.

¿Actuaron los automatismos de deslastre?

Una de las cuestiones más interesantes es determinar si la interrupción de los 140 MW respondió exclusivamente a la pérdida de alimentación de determinadas zonas o si también actuaron los automatismos de deslastre por subfrecuencia.

Cuando desaparece bruscamente una cantidad importante de generación, la frecuencia tiende a disminuir. Si las reservas y la regulación de los grupos restantes no logran contener esa caída, los esquemas automáticos de defensa pueden desconectar bloques de consumo para recuperar el equilibrio.

Esta actuación, aunque deja temporalmente sin electricidad a numerosos consumidores, puede evitar un colapso mucho mayor.

La dispersión territorial de las interrupciones resulta compatible con ese mecanismo, pero también podría responder a la configuración de las redes afectadas. Sin los registros de frecuencia, protecciones y maniobras, no es posible confirmar que se produjera un deslastre automático ni cuantificar su posible contribución.

Infografía sobre la posible secuencia técnica del apagón de Tenerife, desde la tormenta y la desconexión de líneas de 220 kV hasta la pérdida de generación en Granadilla y la posterior recuperación del suministro.

Por qué Tenerife no sufrió otro cero energético

La comparación con el apagón de Tenerife del 29 de septiembre de 2019 resulta inevitable. Aquel incidente, originado en la subestación de Granadilla, provocó un cero energético completo en Tenerife. La recuperación total del suministro requirió más de nueve horas.

Esta vez ocurrió algo diferente. Aunque se perdieron instalaciones de transporte y generación, una parte suficiente del sistema permaneció operativa. Eso permitió recuperar el suministro sin afrontar una reposición general desde cero.

La diferencia es considerable y merece ser valorada. Red Eléctrica comunicó que movilizó toda la generación disponible, incluida la generación de emergencia, para acelerar la recuperación.

Sin embargo, todavía no sabemos qué combinación de factores impidió que la perturbación continuara propagándose. Pudo intervenir la respuesta de los grupos que permanecieron sincronizados, la propia configuración de la red, la actuación de protecciones o una desconexión controlada de demanda.

El resultado fue satisfactorio en términos de recuperación, pero no demuestra por sí solo que todos los mecanismos de protección y operación funcionaran de manera óptima. Esa valoración requiere estudiar los acontecimientos en el orden y con la precisión temporal con que realmente sucedieron.

La Gomera: una nueva realidad eléctrica

El incidente también presenta una novedad respecto a 2019. Tenerife y La Gomera forman ahora un sistema interconectado mediante el enlace submarino de doble circuito y 66 kV entre Chío y El Palmar.

Esta infraestructura representa un avance fundamental para ambas islas. Mejora las posibilidades de respaldo eléctrico, facilita la integración de energías renovables y permite aprovechar mejor sus recursos energéticos.

Pero compartir un sistema implica también compartir determinadas perturbaciones. Las variaciones importantes de frecuencia y tensión pueden afectar a ambas islas mientras permanecen eléctricamente conectadas.

Por eso sería especialmente interesante conocer la potencia que intercambiaban Tenerife y La Gomera antes del incidente. También deberíamos saber cómo respondió el enlace y si se mantuvieron conectados sus dos circuitos durante toda la perturbación.

La información pública disponible no permite responder todavía a estas preguntas. En cualquier caso, sería equivocado interpretar la interconexión como una debilidad por el simple hecho de que La Gomera resultara afectada. Su aportación a la seguridad y a la transición energética debe valorarse en conjunto.

La seguridad eléctrica no puede depender de que la avería sea pequeña

El procedimiento de operación P.O. SENP 1 establece los criterios de funcionamiento y seguridad que deben aplicarse a los sistemas eléctricos no peninsulares. Entre sus fundamentos se encuentra la capacidad de soportar contingencias sin comprometer indebidamente la continuidad del suministro.

Sin embargo, lo sucedido el domingo obliga a mirar más allá de la pérdida individual de una línea o un grupo. Cuando concurren condiciones meteorológicas adversas, pueden aparecer perturbaciones que afecten a varios elementos relacionados.

La pregunta relevante es si la configuración de generación y transporte existente antes del incidente proporcionaba los márgenes adecuados frente a los riesgos previsibles. También interesa conocer qué restricciones, reservas y medidas preventivas estaban establecidas.

No disponemos de pruebas que permitan afirmar que hubo una operación incorrecta o un incumplimiento de los criterios de seguridad. Pero tampoco debemos dar por cerrado el episodio únicamente porque la recuperación fuera rápida.

La seguridad de un sistema eléctrico se demuestra tanto en su capacidad para resistir perturbaciones como en su comportamiento cuando estas superan las contingencias habituales.

Qué debería aclarar Red Eléctrica

La investigación posterior del apagón de Tenerife debería permitir reconstruir la secuencia exacta de desconexiones, identificar el defecto inicial y determinar qué grupos de Granadilla quedaron fuera de servicio.

Resulta igualmente importante conocer la evolución de la frecuencia, la posible actuación de los esquemas de deslastre, el comportamiento del enlace Tenerife-La Gomera y las condiciones de operación anteriores al incidente.

Son cuestiones que requieren registros técnicos y no pueden resolverse mediante estimaciones basadas exclusivamente en las noticias publicadas. Aunque el visor oficial de demanda de Red Eléctrica ofrece información valiosa, las curvas de demanda no sustituyen los registros de eventos y las oscilografías de las protecciones.

Desde Canarias Sostenible defendemos que los incidentes significativos deben contar con explicaciones técnicas públicas, suficientemente detalladas y comprensibles. No se trata de buscar responsabilidades antes de conocer los hechos, sino de aprender de cada perturbación para evitar su repetición.

Infografía de la interconexión eléctrica Tenerife-La Gomera, con el enlace submarino de doble circuito a 66 kV y 36 kilómetros, que une las subestaciones de Chío y El Palmar.

Una transición energética que también debe reforzar la seguridad

La incorporación creciente de energías renovables, almacenamiento e interconexiones está transformando el funcionamiento de nuestros sistemas eléctricos. Esta transformación es imprescindible para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, pero exige prestar especial atención a la estabilidad y a los servicios que necesita la red.

El almacenamiento con capacidad de formación de red, las reservas de regulación, los sistemas de protección y las inversiones en transporte tendrán un papel cada vez más importante. Ninguna tecnología constituye por sí sola una solución universal. Su utilidad debe demostrarse mediante estudios dinámicos rigurosos y una planificación coherente con las necesidades reales de cada isla.

El apagón de Tenerife no demuestra que faltara alguna de estas tecnologías. Sí constituye una oportunidad para revisar, con datos, la capacidad del sistema para afrontar perturbaciones múltiples.

Conclusión: 27 minutos que no deberíamos olvidar

La rápida recuperación del suministro del domingo merece una valoración positiva. Tenerife no sufrió otro cero energético y miles de hogares recuperaron la electricidad en menos de media hora. Es un resultado importante.

Pero tampoco podemos conformarnos con atribuir el episodio a una tormenta y pasar página. Dos circuitos de 220 kV, una pérdida significativa de generación y 140 MW de suministro interrumpido justifican una investigación técnica completa.

La mejor garantía de seguridad no consiste en que una avería se resuelva rápidamente, sino en comprender por qué se produjo y qué debemos mejorar para que sus consecuencias sean cada vez menores.

Porque la transición energética que necesitamos para Canarias debe ser renovable, sí, pero también segura, robusta y capaz de responder cuando las condiciones dejan de ser favorables.

Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1

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