Nuevo apagón en La Palma: la alarma sigue encendida

Nuevo apagón en La Palma: la alarma sigue encendida

El apagón en La Palma del 4 de noviembre no fue un nuevo cero energético. Pero tampoco puede despacharse como una avería menor. Apenas dos días después de que toda la isla quedara sin electricidad, 13.740 suministros volvieron a perder el servicio durante 22 minutos. Esta vez, sin embargo, ocurrió algo importante: las defensas del sistema aparentemente consiguieron detener la caída antes de que toda La Palma volviera a apagarse.

A las 07:23 horas se produjo una incidencia en la central de Los Guinchos. Endesa informó de la desconexión de varios grupos de generación, que provocó inestabilidad en la red. El suministro quedó completamente repuesto a las 07:45 horas.

Hay, además, información técnica especialmente interesante. Fuentes del Gobierno de Canarias citadas por la Cadena SER identifican el disparo inicial del grupo denominado Los Guinchos Diésel 12. En ese momento estaba aportando unos 8,5 MW. Como consecuencia de la caída de frecuencia, se deslastraron automáticamente aproximadamente otros 8,5 MW de demanda.

Ese detalle cambia bastante la lectura de lo sucedido.

Apagón en La Palma: esta vez las protecciones respondieron

Cuando en un sistema eléctrico aislado se pierde bruscamente una cantidad importante de generación, aparece un desequilibrio inmediato. La demanda sigue existiendo, pero ya no hay suficiente potencia generada para atenderla.

La consecuencia es conocida: la frecuencia comienza a caer.

Los grupos que continúan conectados intentan responder mediante sus reguladores. También actúa la energía cinética acumulada en las máquinas giratorias. Pero si esa respuesta no resulta suficiente, la frecuencia puede alcanzar niveles peligrosos.

Ahí entra en juego uno de los últimos mecanismos de defensa del sistema: el deslastre automático por subfrecuencia.

Su funcionamiento puede resultar paradójico para quien sufre el apagón. El sistema desconecta deliberadamente consumidores para salvar al resto.

Eso es, aparentemente, lo que sucedió el miércoles.

Se perdieron alrededor de 8,5 MW de generación y se desconectó automáticamente una cantidad similar de demanda. El equilibrio pudo recuperarse antes de que la perturbación desencadenara otra desconexión general.

Dicho de una manera sencilla: 13.740 suministros quedaron sin electricidad, pero esa actuación automática pudo contribuir a evitar que fueran más de 50.000.

Eso no convierte el incidente en algo satisfactorio. Significa únicamente que, ante una perturbación importante, una de las barreras defensivas parece haber cumplido su función.

Infografía sobre el apagón parcial de La Palma del 4 de noviembre de 2026, con 13.740 suministros afectados, 22 minutos de interrupción y reposición completa a las 07:45 horas.

Dos incidentes en 48 horas no pueden analizarse por separado

El lunes 2 de noviembre ocurrió algo mucho más grave. A las 06:38 horas se produjo un cero energético tras la desconexión de todos los grupos térmicos que alimentaban la demanda insular. El suministro no quedó completamente recuperado hasta las 10:26 horas.

Red Eléctrica indicó entonces que las causas seguían investigándose y apuntó a una posible relación con la fuerte tormenta que afectaba a la isla. También confirmó dificultades iniciales para arrancar algunas unidades durante la reposición.

En Canarias Sostenible ya analizamos aquel episodio en “Cero energético en La Palma: diez años de advertencias”. Leer el análisis del cero energético del 2 de noviembre

Ahora aparece una segunda perturbación. Su mecanismo inicial parece diferente, pero vuelve a conducirnos a Los Guinchos.

Sería precipitado afirmar que ambos sucesos tienen una misma causa. Pero sería igualmente poco riguroso investigarlos como acontecimientos completamente independientes sin comprobar si existe alguna relación.

La coincidencia temporal obliga a estudiar las condiciones de explotación de la central antes, durante y después del cero del lunes. También debe analizarse qué grupos estaban disponibles el miércoles, cuáles estaban acoplados y qué reserva de potencia tenía realmente el sistema.

La pregunta fundamental: ¿qué ocurrió durante los primeros segundos?

Conocer que un grupo se disparó es solo el principio de la investigación.

Necesitamos saber por qué.

También necesitamos conocer cómo reaccionaron los demás grupos cuando desaparecieron esos 8,5 MW. Eso exige analizar los registros de frecuencia, las potencias individuales, los reguladores de velocidad, las alarmas, las protecciones y la secuencia cronológica de acontecimientos.

El dato más revelador probablemente estará contenido en apenas unos segundos.

Infografía técnica que explica el deslastre automático por subfrecuencia en La Palma tras la pérdida de 8,5 MW de generación y la recuperación posterior del equilibrio eléctrico.

La frecuencia puede contarnos la historia

La evolución de la frecuencia permitiría determinar la severidad real de la contingencia.

No basta con conocer el mínimo alcanzado. Hay que estudiar también la velocidad inicial de caída, el momento exacto en el que actuaron los escalones de deslastre y la recuperación posterior.

Con esa información podría determinarse si el sistema disponía de suficiente reserva primaria. También permitiría comprobar si los grupos restantes respondieron como estaba previsto.

La simulación dinámica de la contingencia debería formar parte de cualquier investigación seria.

Si reproducimos las condiciones reales de explotación de las 07:23 horas y simulamos la pérdida repentina de esos 8,5 MW, podremos comprobar si la respuesta registrada era razonable.

Eso es ingeniería. Y eso es mucho más útil que buscar culpables antes de conocer la secuencia técnica.

Los grupos antiguos importan, pero no explican todo

Endesa ha señalado que algunos grupos de Los Guinchos tienen entre 50 y 54 años de antigüedad. Es un dato relevante y merece toda la atención.

Sin embargo, conviene introducir una cautela importante.

No podemos atribuir el apagón del miércoles simplemente a la antigüedad de la central. Tampoco debemos dar por hecho que el grupo que inició la perturbación sea uno de esos equipos de más de medio siglo.

La edad de una máquina constituye un indicador de riesgo, pero no determina por sí sola su fiabilidad. Importan su mantenimiento, las horas acumuladas, las revisiones, las modificaciones realizadas y el estado de sus sistemas auxiliares.

Lo preocupante es otra cosa: La Palma depende todavía de una central cuya estructura de generación incluye equipos muy antiguos, mientras las nuevas soluciones avanzan con una lentitud difícilmente compatible con la vulnerabilidad del sistema.

La Palma necesita algo más que generación de emergencia

Después de cada apagón aparece la tentación de reducir el problema a una sola pregunta: ¿faltan megavatios?

Probablemente esa no sea la pregunta correcta.

Un sistema eléctrico necesita potencia suficiente, pero también necesita reserva, inercia, regulación, redes robustas, protecciones coordinadas y capacidad de recuperación.

La Palma necesita modernizar su generación gestionable mientras acelera su transición energética. Pero esa transformación debe incorporar almacenamiento y servicios de estabilidad.

Las baterías con capacidad de respuesta rápida pueden resultar especialmente valiosas en un sistema pequeño. Una instalación correctamente dimensionada puede reaccionar en milisegundos ante una caída de frecuencia.

Las tecnologías grid-forming ofrecen además posibilidades especialmente interesantes para sistemas insulares. Permiten que determinados convertidores participen activamente en la formación y estabilidad de la red.

Eso no significa que una batería resuelva todos los problemas. Tampoco que podamos prescindir inmediatamente de la generación gestionable.

Significa que la transición energética de La Palma tiene que diseñarse como un sistema, no como una suma de proyectos independientes.

Equipo técnico multidisciplinar analiza generación, protecciones, frecuencia, mantenimiento y red eléctrica de La Palma para investigar los apagones y determinar sus causas.

Una investigación que ya no debería limitarse a buscar la avería

El nuevo apagón en La Palma aporta una enseñanza incómoda.

Esta vez el sistema no colapsó completamente. Las protecciones parecen haber contenido la perturbación y el suministro regresó con rapidez. Eso demuestra que existen defensas capaces de funcionar.

Pero también demuestra hasta qué punto el sistema puede quedar tensionado por la pérdida de una cantidad relativamente pequeña de generación.

Dos incidentes importantes en apenas 48 horas justifican algo más que dos investigaciones separadas.

Hace falta reconstruir conjuntamente ambos sucesos. Hay que analizar la generación, la red de transporte, la distribución, las protecciones y las condiciones reales de explotación.

El comunicado

El comunicado oficial de Red Eléctrica sobre el cero del 2 de noviembre confirma que la causa de aquel episodio continúa bajo investigación. Consultar la información de Red Eléctrica

También sería deseable que los resultados de esas investigaciones fueran públicos. No basta con conocer finalmente qué componente falló. Necesitamos saber por qué el sistema llegó a esa situación y qué medidas evitarán que vuelva a repetirse.

La ciudadanía de La Palma no necesita explicaciones tranquilizadoras después de cada apagón. Necesita un diagnóstico técnico completo, transparente y verificable.

Porque el verdadero problema ya no es solamente que una máquina pueda fallar. Todas las máquinas fallan alguna vez.

La cuestión que debemos responder es mucho más importante: ¿está preparado el sistema eléctrico de La Palma para soportar esos fallos sin que la isla vuelva a quedarse a oscuras?

Esa es la pregunta que ahora deberían contestar quienes planifican, operan, mantienen y supervisan nuestro sistema eléctrico.

En estas páginas y en breve espacio de tiempo, hemos informado de un cero en Lanzarote, un apagón en Tenerife, un cero en La Palma y otro apagón ayer en la isla bonita, además de múltiples incidencias, errores administrativos, dejadez en el seguimiento de los proyectos, atropello a vecinos, etc. ¿Alguien ha pensado en asumir responsabilidades políticas o los canarios somos de segunda?.

Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1

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