Refugios climáticos en Canarias: medir para proteger
Los refugios climáticos empiezan a formar parte del paisaje urbano de Canarias. No es una moda ni debería serlo. El aumento de las temperaturas y los episodios de calor extremo obligan a preparar nuestras ciudades para unas condiciones climáticas que ya están cambiando. La cuestión importante, sin embargo, no es únicamente cuántos refugios construimos. Es saber si realmente protegen cuando llega el calor.
El Gobierno de Canarias acaba de finalizar las obras del Parque Sostenible de Piedra Hincada, en Guía de Isora. Son cerca de 5.000 metros cuadrados y una inversión de 1.145.695 euros. El espacio incorpora vegetación, zonas de descanso, pavimentos permeables, sombra, una charca, juegos infantiles y generación fotovoltaica destinada al riego y al alumbrado.
Es una actuación interesante y necesaria. Pero también una buena oportunidad para plantearnos una pregunta más ambiciosa: ¿qué debería exigirse para poder afirmar que un espacio es realmente un refugio climático?
Los refugios climáticos llegan a Canarias
Piedra Hincada no será una actuación aislada. El Gobierno trabaja también en proyectos en Los Realejos, San Bartolomé de Tirajana, Santa Cruz de La Palma y el Puerto de Tazacorte. Además, prepara la primera Red Regional de Refugios Climáticos de Canarias.
La iniciativa tiene una dimensión considerable. Según la información publicada en agosto, se habían identificado ya más de 750 refugios potenciales en más de 70 municipios. Hay espacios interiores y zonas verdes que podrían integrarse progresivamente en la red.
Canarias dispone además de una guía específica. Durante 2026 fue distribuida entre los 88 ayuntamientos y los siete cabildos. El documento recomienda sombra, vegetación, agua potable, accesibilidad, pavimentos permeables, zonas de descanso y criterios de adaptación al clima local.
Es una buena base.
Pero podemos dar un paso más.

Un parque agradable no es necesariamente un refugio climático
Imaginemos un parque recién reformado. Tiene nuevos árboles, bancos, una pérgola y suelo permeable. Visualmente puede transmitir frescor. Sin embargo, a las cuatro de la tarde de agosto quizá la sombra no alcance los bancos principales y las personas sigan sometidas a una elevada radiación solar.
¿Es entonces un refugio climático?
La respuesta no debería depender de una fotografía ni de una memoria de obra.
Debería depender de mediciones.
La temperatura del aire, por sí sola, tampoco basta. Una persona situada al sol y otra bajo una copa arbórea pueden encontrarse prácticamente a la misma temperatura ambiente y soportar condiciones térmicas muy diferentes.
Por eso existen indicadores como el UTCI —Universal Thermal Climate Index—, que incorpora temperatura, humedad, viento y radiación térmica. Permite aproximarnos mucho mejor al estrés térmico que experimenta realmente una persona.
Este cambio parece pequeño, pero modifica completamente la evaluación. Ya no preguntaríamos sólo cuántos árboles tiene el parque.
Preguntaríamos:
¿cuánto disminuye el estrés térmico cuando entramos en él?
De contar árboles a medir resultados
Esta reflexión encaja con algo que ya hemos defendido al analizar el PNACC 2026-2030 y la adaptación climática: la adaptación no puede evaluarse por el número de planes o actuaciones ejecutadas, sino por su capacidad para reducir daños y vulnerabilidad.
La Organización Mundial de la Salud insiste en esa misma dirección. Sus nuevas directrices de 2026 sobre actuación frente al calor reclaman medidas coordinadas, protección prioritaria de la población vulnerable, sistemas de alerta y acciones que puedan evaluarse y mejorarse.
Consultar las recomendaciones de la OMS sobre planes frente al calor
Por eso hemos desarrollado una propuesta propia:

ICSR: un índice para evaluar refugios climáticos
El Índice Canarias Sostenible de Refugio Climático —ICSR— pretende traducir esa idea en una herramienta práctica.
No es una norma oficial ni pretende presentarse como tal. Es una propuesta técnica abierta al debate y a la mejora.
El índice puntuaría cada refugio entre 0 y 100, valorando seis grandes aspectos:
| Área evaluada | Qué comprobaríamos |
|---|---|
| Accesibilidad | Tiempo real desde población vulnerable |
| Servicios | Agua potable, descanso, aseos y capacidad |
| Operatividad | Horarios y funcionamiento durante alertas |
| Resiliencia | Comportamiento durante apagones |
| Monitorización | Mediciones y publicación de resultados |
| Prestación térmica | Reducción efectiva del estrés por calor |
Además, existirían requisitos mínimos que no podrían compensarse acumulando puntos en otros apartados.
Un refugio sin agua potable, por ejemplo, no debería obtener la máxima clasificación porque tenga muchas placas solares.
La prueba fundamental: medir el calor
Para los espacios exteriores proponemos instalar sensores tanto fuera como dentro del refugio.
Se medirían temperatura, humedad, viento y radiación durante varias jornadas exigentes. A partir de esos datos se calcularía el UTCI y su reducción respecto al entorno.
Obtendríamos así algo tan sencillo como:
UTCI exterior → UTCI zona sombreada → UTCI zona de descanso.
Eso permitiría responder con datos a la pregunta esencial.
Si fuera hace un calor peligroso, ¿cuánto mejor está una persona dentro?
También debería medirse la sombra efectiva entre las horas críticas del día. No basta con conocer la superficie de una pérgola. Importa saber dónde cae su sombra a las dos, cuatro o seis de la tarde.

La población vulnerable debe estar en el centro
Hay otra dimensión que no podemos olvidar. Un magnífico refugio situado demasiado lejos de las personas que más lo necesitan puede tener una utilidad limitada.
Personas mayores, niños, enfermos crónicos, personas con movilidad reducida o familias que viven en viviendas mal acondicionadas presentan una exposición especialmente preocupante al calor. La OMS identifica precisamente estos colectivos entre los que requieren mayor protección.
Por eso proponemos sustituir los simples radios sobre un mapa por tiempos reales de acceso peatonal.
En Canarias esto es especialmente importante. Quinientos metros en un barrio llano no equivalen a quinientos metros con fuertes pendientes y escaleras.
El objetivo debería ser conocer qué porcentaje de la población vulnerable dispone de un refugio accesible a cinco, diez o quince minutos reales.
Ya abordamos las consecuencias sanitarias de este fenómeno en Olas de calor y salud pública en Canarias. Los refugios climáticos pueden convertirse ahora en una de las respuestas concretas.
Fotovoltaica sí, pero no confundamos conceptos
Piedra Hincada incorpora generación fotovoltaica destinada al riego y al alumbrado. Es una decisión positiva.
Pero conviene hacer una distinción técnica importante.
Tener paneles solares no significa necesariamente disponer de electricidad durante un apagón.
Una instalación fotovoltaica convencional conectada a red suele desconectarse cuando desaparece esa red. Para mantener servicios esenciales hacen falta sistemas específicamente diseñados para ello: almacenamiento, convertidores adecuados, control y alimentación de cargas prioritarias.
Por eso el ICSR distingue entre generación renovable y resiliencia energética real.
En refugios exteriores esto puede no resultar crítico. Un parque protegido por árboles continuará dando sombra sin electricidad.
En un refugio interior climatizado, sin embargo, un apagón durante una ola de calor puede hacer desaparecer precisamente la función para la que fue creado.
Canarias necesita refugios exteriores e interiores
Otra particularidad del Archipiélago merece atención: la calima.
Un parque sombreado puede resultar excelente frente al calor y poco recomendable durante un episodio severo de polvo en suspensión. La red canaria debería combinar, por tanto, parques y zonas verdes con bibliotecas, centros ciudadanos y otros edificios capaces de ofrecer protección interior.
El ciudadano debería poder saber qué refugio utilizar según las condiciones del día.
Ese sería el verdadero valor de una red.

Piedra Hincada: una buena oportunidad para empezar a medir
Nada de lo anterior pretende desmerecer el proyecto de Guía de Isora.
Al contrario.
Piedra Hincada reúne muchos elementos adecuados: vegetación, permeabilidad, sombra, accesibilidad, zonas de descanso y producción renovable. Puede convertirse en un excelente primer caso para demostrar que Canarias quiere ir más allá de construir espacios agradables.
La siguiente pregunta debería ser sencilla:
¿cuánto protege realmente?
Medirlo permitiría mejorar el propio parque, comparar futuros proyectos y ofrecer transparencia a la ciudadanía.
Consultar la información oficial sobre refugios climáticos de Canarias
Adaptarnos también significa aprender a medir
El calentamiento que estamos viviendo tiene una causa fundamental conocida: la acumulación de gases de efecto invernadero procedentes, sobre todo, de la quema de combustibles fósiles. Reducir esas emisiones sigue siendo imprescindible.
Pero parte del cambio climático ya está aquí.
Por eso necesitamos mitigación y adaptación al mismo tiempo.
Los refugios climáticos pueden convertirse en una magnífica infraestructura pública de protección. Para ello debemos evitar que el término termine convertido en una simple etiqueta aplicada a cualquier parque reformado.
Sombra, árboles, agua y energía renovable son importantes.
Pero el criterio definitivo debería ser otro:
cuando llegue un episodio de calor realmente peligroso, una persona debe estar sensiblemente más protegida dentro del refugio que fuera. Y deberíamos ser capaces de demostrarlo.
Ahí es donde una buena iniciativa puede convertirse en una verdadera política pública de adaptación climática.
¿Tú qué opinas? ¿Debería Canarias medir y publicar el rendimiento real de sus refugios climáticos?
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1
