Planificación energética canaria: ¿dónde está el PIECan?

Planificación energética canaria: cambiar el plan no basta

La planificación energética canaria atraviesa una situación difícil de explicar. Canarias necesita transformar con rapidez unos sistemas eléctricos todavía muy dependientes de los combustibles fósiles. Sin embargo, el instrumento que debía ordenar esa transformación cambió por el camino. El antiguo PTECan 2030 fue sustituido legalmente por el PIECan, cuya elaboración se inició formalmente en noviembre de 2024. A finales de agosto de 2026, seguimos sin localizar su aprobación definitiva publicada.

No estamos ante una simple cuestión administrativa. Planificar significa decidir qué sistema eléctrico queremos construir, en qué orden y con qué infraestructuras. Y en unas islas eléctricamente aisladas, improvisar cuesta especialmente caro.

Planificación energética canaria: del PTECan al PIECan

Durante años hablamos del Plan de Transición Energética de Canarias, el conocido PTECan 2030. Su versión inicial y su Estudio Ambiental Estratégico fueron sometidos a información pública en 2023. De hecho, el portal oficial de Energía continúa conservando aquella documentación dentro de sus documentos de planificación.

Pero ocurrió algo importante después.

En junio de 2024, el Gobierno modificó profundamente la Ley 6/2022 de Cambio Climático y Transición Energética. El PTECan dejó de ocupar el lugar que tenía inicialmente en la arquitectura legal.

La nueva norma establece dos grandes instrumentos regionales: el Plan Integrado de Energía y Clima de Canarias (PIECan) y el Plan Canario de Adaptación Climática (PCAC). Por debajo se sitúan los planes insulares y municipales.

Por tanto, no sería correcto afirmar hoy que Canarias está simplemente esperando la aprobación del antiguo PTECan. El problema es más complejo: se cambió de plan mientras la transición energética ya estaba en marcha.

Evolución de la planificación energética canaria desde el PTECan 2030 hasta el PIECan, con el cambio legal de 2024 y el nuevo marco en desarrollo.

El PIECan debía recoger las decisiones importantes

La ley otorga al PIECan un papel considerable.

Debe establecer objetivos y medidas sobre reducción de emisiones, eficiencia energética, almacenamiento, seguridad del suministro, implantación de renovables y movilidad sostenible. También debe incorporar indicadores que permitan evaluar su cumplimiento.

No hablamos, por tanto, de un documento decorativo.

Una vez aprobado y publicado en el Boletín Oficial de Canarias, sus determinaciones serán de obligado cumplimiento. La propia ley establece incluso su prevalencia sobre otros instrumentos territoriales o urbanísticos en las materias que le corresponden, con las excepciones legalmente previstas.

El procedimiento para elaborarlo comenzó oficialmente mediante una Orden de 7 de noviembre de 2024, publicada ese mismo mes. La Dirección General de Energía quedó designada para impulsar su elaboración.

Hasta aquí, todo podría parecer simplemente un proceso administrativo lento.

Pero han pasado casi dos años.

Mientras llega el plan, las decisiones no se han detenido

Aquí aparece la contradicción que merece una reflexión.

Durante este periodo Canarias ha seguido tramitando parques eólicos y fotovoltaicos, grandes baterías, nuevas infraestructuras eléctricas, proyectos de autoconsumo y actuaciones relacionadas con las redes. También se están definiendo zonas de aceleración renovable y desarrollando nueva generación destinada a garantizar la cobertura de la demanda.

Nada de eso puede esperar indefinidamente.

En julio de 2026, las renovables representaron el 25,3 % de la generación eléctrica canaria. El ciclo combinado aportó todavía el 38,5 % y los motores diésel otro 19,1 %. La demanda eléctrica, además, aumentó un 2,8 % interanual una vez corregidos temperatura y laboralidad.

La transición, por tanto, está ocurriendo antes de que su principal instrumento de planificación esté plenamente desplegado.

Eso no significa que Canarias carezca de normas o criterios. Sería incorrecto afirmarlo.

La propia modificación legislativa estableció un régimen transitorio. La Estrategia Canaria de Acción Climática mantiene su vigencia mientras no entren en vigor el PIECan y el PCAC.

Tenemos, por tanto, una referencia estratégica.

La pregunta es si eso resulta suficiente para la enorme transformación física que debe acometer el sistema eléctrico.

Elementos que debe coordinar la planificación energética de Canarias: demanda, renovables, almacenamiento, redes, potencia firme y operación del sistema.

Una estrategia no sustituye a una ingeniería del sistema

Aquí conviene separar dos conceptos.

Una estrategia de planificación energética de Canarias puede decir hacia dónde queremos ir. Puede establecer reducción de emisiones, crecimiento renovable o electrificación de la economía.

Pero un sistema eléctrico necesita algo más.

Necesita saber cuánta generación renovable puede integrar cada isla, cuánto almacenamiento requiere, dónde deben reforzarse las redes y qué potencia firme seguirá siendo necesaria durante la transición.

También debe decidir cómo se sustituirán los servicios que hoy proporcionan los grupos síncronos convencionales.

Frecuencia, tensión, inercia, potencia de cortocircuito, reserva y capacidad de recuperación después de una perturbación no aparecen espontáneamente al instalar megavatios renovables.

Por eso hemos insistido anteriormente en Canarias Sostenible en que cada sistema insular necesita una solución propia. La situación de Tenerife no es la misma que la de Gran Canaria, La Palma o Lanzarote-Fuerteventura. Puede verse claramente en nuestro análisis sobre la generación renovable de los diferentes sistemas eléctricos canarios.

La planificación debería convertir los objetivos políticos en una arquitectura eléctrica físicamente viable.

Hay otro detalle especialmente revelador.

En enero de 2026 volvió a modificarse la ley. La nueva redacción permite que determinadas partes del Plan Canario de Acción Climática que coincidan con contenidos del PIECan puedan considerarse una aprobación parcial del propio PIECan cuando se cumplan determinadas condiciones.

La disposición tiene sentido administrativo. Permite aprovechar trabajo ya realizado.

Pero también confirma algo evidente: en 2026 la construcción de la arquitectura de planificación seguía abierta.

El portal oficial del Plan Canario de Acción Climática, además, continúa presentando actualmente un documento identificado como borrador.

No estamos hablando de 2015 ni de 2020.

Estamos hablando de agosto de 2026.

2030 está demasiado cerca

Quizá este sea el aspecto más preocupante.

Durante mucho tiempo hemos hablado de 2030 como si fuera un horizonte lejano. Ya no lo es.

Quedan poco más de cuatro años.

En ese periodo Canarias deberá integrar mucha más generación renovable, desarrollar almacenamiento, reforzar redes, electrificar consumos y reducir sustancialmente la utilización de combustibles fósiles.

Además, muchas de las infraestructuras que deberían estar funcionando antes de terminar la década necesitan varios años entre planificación, tramitación, construcción y puesta en servicio.

Cada año perdido en planificación se recupera después con más dificultad, más costes o decisiones precipitadas.

Y existe otro riesgo: terminar confundiendo transición energética con acumulación de proyectos.

Podemos llenar los boletines oficiales de parques solares, aerogeneradores y baterías. Eso no garantiza que estemos construyendo el sistema eléctrico que Canarias necesita.

Riesgos de una planificación energética tardía y prioridades para 2030 en Canarias: redes reforzadas, almacenamiento, renovables, flexibilidad y planificación por islas.

Necesitamos poder ver el sistema completo

El PIECan debería convertirse en algo más que otro documento de planificación.

Debería permitir que cualquier ciudadano pudiera comprender cuál es la transformación prevista para cada isla: demanda futura, renovables necesarias, almacenamiento, redes, generación firme, gestión de demanda y reducción esperada del consumo fósil.

Y debería incluir hitos medibles.

Cuánto tenemos que haber avanzado en 2027. Qué debe estar operativo en 2028. Qué cuellos de botella permanecen en 2029.

Sin esa trazabilidad resulta muy difícil distinguir entre hacer muchas cosas y avanzar realmente hacia un objetivo.

Canarias posee recursos renovables extraordinarios. También dispone de conocimiento técnico y de una sociedad cada vez más consciente de la necesidad de abandonar los combustibles fósiles.

Lo que no podemos permitirnos es que las infraestructuras lleguen antes que la visión de conjunto.

Porque la transición energética no consiste simplemente en colocar más instalaciones sobre el territorio. Consiste en sustituir ordenadamente un sistema fósil por otro renovable, seguro y capaz de funcionar.

Y para hacer algo tan complejo, planificar no es burocracia.

Es ingeniería.

¿Estamos construyendo realmente el sistema eléctrico que Canarias necesitará en 2030 o estamos decidiendo proyecto a proyecto? Te leo en los comentarios.

Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1

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