Sistema eléctrico Tenerife-La Gomera: ahora empieza lo decisivo
Desde el 1 de julio de 2026, el sistema eléctrico Tenerife-La Gomera ya no es una previsión ni una promesa de planificación. Ambas islas han pasado a constituir oficialmente un único sistema eléctrico, con una operación, una programación y un despacho de generación coordinados. La Orden TED/624/2026 redefine formalmente el mapa eléctrico canario y deja cinco sistemas: Gran Canaria, Tenerife-La Gomera, Lanzarote-Fuerteventura, La Palma y El Hierro. (BOE)
Puede parecer un cambio administrativo. No lo es. Detrás de esa nueva denominación hay una transformación profunda en la forma de garantizar el suministro, gestionar las reservas, integrar renovables y reducir la dependencia de los grupos térmicos de La Gomera.
El cable está terminado. La infraestructura ya puede operar. Pero conviene decirlo con claridad: la interconexión no resuelve por sí sola los problemas energéticos de La Gomera ni los de Tenerife. Abre una oportunidad excepcional. Ahora toca aprovecharla con inteligencia, ambición y rigor técnico.
El sistema eléctrico Tenerife-La Gomera deja atrás el aislamiento
La Gomera ha sido durante décadas uno de los sistemas eléctricos más frágiles de Canarias. Su reducida dimensión, la escasa diversidad de generación y la dependencia de combustibles fósiles hacían que cualquier incidencia tuviera consecuencias desproporcionadas.
El apagón de julio de 2023 dejó una lección difícil de olvidar. Una isla pequeña no puede depender exclusivamente de unas pocas máquinas térmicas, de una red limitada y de una reserva escasa. La electricidad no es un lujo técnico. Es salud, abastecimiento, comunicaciones, actividad económica y vida cotidiana.
La nueva interconexión aporta algo esencial: respaldo real desde Tenerife. Cuando el sistema lo permita, La Gomera podrá recibir energía desde la isla vecina y dejar de resolver por sí sola cada contingencia de generación o de demanda.
La infraestructura está formada por un doble circuito en corriente alterna de 66 kV, con 36 kilómetros de cable submarino, tramos terrestres soterrados y una profundidad máxima de 1.145 metros. Une la subestación de Chío, en Tenerife, con la nueva subestación de El Palmar, en La Gomera. Su capacidad de transporte alcanza 50 MW, por encima de la demanda máxima de la isla colombina. (Red Eléctrica)
No se trata, por tanto, de una conexión simbólica. Es una infraestructura capaz de cubrir completamente la demanda gomera en condiciones normales de operación.

Una sola red exige una nueva forma de operar
El cambio importante no es solo físico. Desde ahora, Tenerife y La Gomera deben gestionarse como un conjunto.
Eso implica una programación única de la generación, una gestión conjunta de las reservas y una operación coordinada de la red. La energía producida en una isla puede respaldar a la otra. Las decisiones de despacho ya no tienen por qué estar condicionadas únicamente por los límites de cada territorio aislado. (Cabildo Insular de La Gomera)
Esto puede permitir reducir la generación fósil obligada en La Gomera. Hasta ahora, varios grupos térmicos debían permanecer disponibles porque la isla no tenía otro apoyo posible. Con la interconexión, parte de esa garantía puede proceder del sistema tinerfeño.
Pero sería un error concluir que la central térmica local deja de ser necesaria de un día para otro.
Un cable submarino mejora la seguridad, pero no elimina todos los riesgos. Una avería, una indisponibilidad simultánea, un problema de protección o una contingencia grave pueden volver a aislar temporalmente a La Gomera. Por eso, la isla debe conservar capacidad de arranque autónomo, recursos de respaldo y protocolos eficaces de reposición del suministro.
La interconexión reduce la vulnerabilidad. No elimina la obligación de planificar bien.
También cambia la responsabilidad del operador y de las empresas eléctricas. La protección de la red, el control de tensión, la regulación de frecuencia y la respuesta ante fallos deben diseñarse ya para un sistema conjunto. Un enlace eléctrico no es una tubería que transporta energía de un lado a otro. Es una unión eléctrica que modifica el comportamiento del sistema completo.
La gran oportunidad: renovables sin el corsé del aislamiento
La principal virtud de esta unión no debería ser simplemente quemar menos fuel. Debe ser crear las condiciones para que La Gomera pueda avanzar hacia un modelo renovable real.
La isla cuenta ya con cinco parques eólicos y más de 11 MW de potencia instalada. Sin embargo, en un sistema aislado pequeño, la generación renovable tiene límites muy estrechos. Cuando sopla el viento y la demanda es baja, el sistema puede no tener capacidad suficiente para absorber toda la energía disponible. (Cabildo Insular de La Gomera)
Con el enlace Tenerife-La Gomera aparece una posibilidad nueva: que parte de la energía renovable producida en La Gomera pueda utilizarse fuera de la isla cuando exista capacidad de transporte y condiciones de operación adecuadas.
Esto no convierte automáticamente a La Gomera en una isla 100% renovable. Tampoco significa que cualquier proyecto eólico o fotovoltaico vaya a poder conectarse sin limitaciones. La capacidad del cable es finita, las redes interiores deben reforzarse y la generación renovable necesita almacenamiento y herramientas de control.
Pero el escenario cambia por completo.
Antes, el techo renovable estaba condicionado por el tamaño reducido de la demanda gomera. Ahora, la isla puede integrarse en un sistema mayor. Eso permite pensar en parques renovables mejor aprovechados, baterías con una función más útil y una reducción progresiva de los vertidos de energía limpia.
También obliga a evitar una tentación peligrosa: utilizar el cable como excusa para concentrar toda la generación renovable en Tenerife y mantener a La Gomera dependiente. La interconexión debe servir para compartir seguridad y energía limpia, no para perpetuar una relación desigual entre islas.

Tenerife también gana, aunque no debe exagerarse
Para Tenerife, la conexión aporta una mejora operativa y una nueva capacidad de intercambio con La Gomera. Sin embargo, conviene mantener la perspectiva.
Los 50 MW del enlace son estratégicos para una isla del tamaño de La Gomera, pero no transformarán por sí solos el sistema eléctrico tinerfeño. Tenerife necesita resolver problemas mucho más amplios: vertidos renovables, rigidez térmica, falta de almacenamiento, congestiones de red y necesidad de servicios de estabilidad.
La interconexión no sustituye esas inversiones. Las complementa.
Su valor principal está en demostrar algo que Canarias lleva demasiado tiempo ignorando: las islas no pueden afrontar la transición energética como compartimentos estancos. La cooperación eléctrica, cuando es técnicamente viable y territorialmente razonable, mejora la seguridad y permite aprovechar mejor los recursos renovables.
Lo que debería ocurrir a partir de ahora
La entrada en funcionamiento del sistema Tenerife-La Gomera debe marcar el inicio de una nueva etapa, no el cierre de un expediente administrativo.
Hay cuatro prioridades claras:
- Publicar datos transparentes de operación. Deben conocerse los intercambios entre ambas islas, la generación fósil evitada, los vertidos renovables y la evolución de las emisiones.
- Reordenar el papel de la generación térmica gomera. No se trata de apagar grupos sin planificación, sino de reducir progresivamente su funcionamiento ordinario y reservarlos para funciones de emergencia y reposición.
- Impulsar almacenamiento y renovables con criterios de sistema. Las baterías no deben ser solo activos de mercado. Deben ayudar a controlar tensión, gestionar rampas y absorber excedentes renovables.
- Mantener capacidad local de respuesta. La Gomera necesita protocolos de reposición, generación de respaldo y planes de contingencia que eviten repetir situaciones de vulnerabilidad extrema.
La nueva red eléctrica única Tenerife-La Gomera es una buena noticia. Era necesaria. Llega tarde, pero llega en un momento decisivo.
Ahora corresponde demostrar que no se ha construido únicamente un cable submarino. Se ha abierto una puerta para reducir dependencia fósil, reforzar la seguridad del suministro y construir una transición energética más justa entre islas.
La interconexión ya está operativa. El reto, desde hoy, es que también lo esté la voluntad de transformar el modelo eléctrico.
