Terreno de Tigaiga: suelo y agua aún sin cerrar

Terreno de Tigaiga: el suelo y el agua aún dejan preguntas

Serie «Planta de Emergencia Cruz Santa» — 5/8

El terreno de Tigaiga parece un asunto mucho menos llamativo que los motores, el propano o los apagones. Sin embargo, una central eléctrica también depende de algo bastante elemental: debe apoyarse sobre un suelo conocido y evacuar el agua sin crear nuevos problemas.

El proyecto de la planta de emergencia de Los Realejos dedica documentos específicos a geotecnia, movimientos de tierra, cimentaciones y drenajes. Por tanto, no estamos ante una ausencia de estudios. La cuestión es otra: al revisar las 1.268 páginas del expediente aparecen datos, hipótesis y soluciones que todavía necesitan encajar en una única fotografía técnica.

Después de analizar en entregas anteriores cómo respondería Tigaiga ante un apagón y qué implica almacenar propano en Cruz Santa, ahora toca mirar hacia abajo. Porque bajo los motores, depósitos y viales también hay preguntas.

Terreno de Tigaiga: lo que encontraron las excavaciones

Hecho documental. El estudio geotécnico de enero de 2026 realizó trabajos específicos en la parcela. Una de las calicatas describe los primeros centímetros como material de acopio. Debajo aparecen rellenos antrópicos formados por grava arenosa, bloques y abundantes restos de plástico, entre ellos tubos y bolsas. La excavación se detuvo a 2,4 metros por la dificultad para continuar retirando los bloques.

Esto no significa que el suelo esté contaminado ni que sea imposible cimentar sobre él. Afirmarlo sería ir mucho más allá de lo que demuestra el expediente.

Interpretación técnica. Lo que sí demuestra es que estamos ante un terreno parcialmente transformado y heterogéneo. Antes de apoyar instalaciones industriales relevantes sobre él, conviene conocer con precisión qué materiales existen, cómo varían espacialmente y cuál será su comportamiento.

En el PDF consolidado revisado no hemos localizado una caracterización química integral de esos rellenos que permita descartar, con resultados analíticos, contaminación o residuos peligrosos ocultos. Nuestro informe técnico ya identificó esta cuestión como algo que debería cerrarse antes de considerar definitivamente caracterizado el emplazamiento.

Una geotecnia que no termina de gobernar las cimentaciones

Aquí aparece una de las cuestiones más difíciles de explicar.

El proyecto sí dispone de ensayos realizados en la parcela. Sin embargo, el posterior Anexo VIII de cálculos civiles afirma que los valores resistentes utilizados proceden de la extrapolación de un informe geotécnico de parcelas próximas situadas en la carretera de La Zamora. Añade que se presupone un comportamiento semejante y que esos parámetros serán confirmados mediante estudios posteriores.

El mismo documento adopta una tensión admisible de 285 kN/m² y un módulo de balasto K30 de 70 MN/m³, este último obtenido de una tabla del Código Técnico para grava arenosa floja.

De nuevo, conviene precisar qué estamos diciendo. No afirmamos que esos valores sean incorrectos ni que las cimentaciones vayan a fallar.

La cuestión es metodológica. Si ya existe una campaña específica en el nuevo emplazamiento, resulta razonable pedir que exista un informe geotécnico interpretativo único que determine inequívocamente qué parámetros gobiernan el diseño definitivo.

Una cimentación puede verificarse perfectamente mediante hipótesis conservadoras. Lo extraño es que el propio documento que la calcula anuncie que parte de datos extrapolados cuya validez será confirmada más adelante.

Rellenos antrópicos, calicatas y movimientos de tierra previstos en el terreno de la planta de Tigaiga en Los Realejos.

Miles de metros cúbicos que cambian el terreno

La implantación tampoco consiste simplemente en colocar ocho contenedores sobre una superficie plana.

El Anexo VII actualizado de movimiento de tierras calcula 6.653,49 m³ de retirada de acopios, 3.060,74 m³ de desmonte, 2.182,75 m³ de terraplén y otros 290,60 m³ asociados al cajeado de los viales.

Son magnitudes del propio proyecto, no cálculos de Canarias Sostenible.

La importancia de estos movimientos no está únicamente en el transporte de materiales. Cambiar la geometría de una parcela cambia también la forma en que circula el agua. Aparecen plataformas, firmes, taludes, muros, edificios y superficies con distinta capacidad de infiltración.

Y aquí empieza la segunda parte de esta historia del terreno de Tigaiga.

El estudio hidráulico nació reconociendo una limitación

El expediente incorpora un estudio hidrológico e hidráulico. Pero existe una circunstancia especialmente significativa que figura en el propio documento.

Cuando fue elaborado, todavía no se conocía la ubicación exacta de la instalación dentro de la zona estudiada. Por esa razón, el estudio reconoce expresamente que no podía definir ni dimensionar concretamente los drenajes perimetrales. Califica su análisis como preliminar y deja para una fase posterior aspectos más detallados, una vez conocida la implantación y el diseño constructivo.

Esto tampoco invalida el estudio. De hecho, es técnicamente razonable que un análisis preliminar identifique condicionantes antes de cerrar una implantación.

El problema surge después.

Una vez definida la posición exacta de motores, depósitos, plataforma, accesos, muros y viales, lo lógico es comprobar cómo funciona hidráulicamente el terreno ya transformado, no solamente cómo se comportaba antes de construir.

Eso es lo que denominamos un análisis postoperacional: introducir en el modelo la planta terminada y verificar qué ocurre con las escorrentías en el terreno de Tigaiga.

Cómo se evacúa el agua: Sistema de drenaje de Tigaiga con recogida de escorrentías, colector de 500 milímetros y separador de hidrocarburos.

El proyecto sí incorporó después un cálculo de drenajes

Esta parte debe reconocerse con claridad.

En abril de 2026 se incorporó el Anexo XIV. Cálculo de drenajes, que ya proporciona valores concretos. Para un periodo de retorno de cien años obtiene una precipitación máxima diaria de 147,70 mm/día y una intensidad de diseño de 193,970 mm/h.
El cálculo determina un caudal de pluviales de 0,220 m³/s, equivalentes a 220 litros por segundo. Para evacuarlo plantea un colector de 500 mm y dimensiona un separador de hidrocarburos de tamaño nominal 250 l/s. Después del tratamiento, las aguas se conducirían hacia la red general de drenaje del polígono.
Son medidas concretas y deben formar parte de cualquier análisis equilibrado del proyecto.

Sin embargo, calcular una tubería no resuelve automáticamente toda la cuestión hidráulica.

Cuando Tenerife Sur sirve para calcular la lluvia de Los Realejos

Hay un detalle que merece una explicación del promotor.

La memoria general sitúa Tigaiga a 617 metros sobre el nivel del mar y utiliza datos de la estación de Los Rodeos, en Tenerife Norte, para las condiciones climáticas del emplazamiento.

En cambio, el cálculo de drenajes afirma que la estación climatológica utilizada para las precipitaciones es Tenerife Sur Aeropuerto. Incluso la denomina la estación más próxima al emplazamiento. Para construir su serie utiliza nueve registros anuales disponibles y no consecutivos.

Además, dentro del expediente hidráulico previamente analizado aparece una precipitación de 161 mm/día para cien años, frente a los 147,70 mm/día empleados posteriormente en el cálculo de drenajes.

Interpretación técnica. No podemos elegir desde fuera cuál de los dos valores debe gobernar el proyecto. Esa decisión corresponde a los especialistas y a la Administración competente.

Lo que sí podemos pedir es algo elemental: una única hipótesis pluviométrica suficientemente representativa del emplazamiento y una explicación de por qué es la adecuada.

Las aguas residuales tampoco cuentan una sola historia

La memoria R6 plantea redes separativas para pluviales y aguas residuales. También mantiene provisionalmente la posibilidad de un pozo filtrante y condiciona la solución definitiva a la coordinación con el Consejo Insular de Aguas de Tenerife.

El posterior Anexo XIV es mucho más categórico. Afirma que existe una red de saneamiento municipal o industrial operativa y dimensionada, descarta la fosa séptica y establece que las aguas residuales se conectarán directamente a esa red.

Esto puede reflejar simplemente la evolución normal de un proyecto. Pero el expediente consolidado debería permitir saber sin ambigüedad cuál es la solución vigente, qué autorización requiere y qué capacidad disponible tiene la infraestructura receptora.

El Reglamento del Dominio Público Hidráulico establece el marco estatal para la utilización y protección de las aguas y del dominio público hidráulico. La propia normativa ha ido reforzando, además, la consideración del riesgo de inundación en el diseño de nuevas actuaciones.

¿Y qué pasa con el agua cuando hay un incendio?

Esta cuestión es distinta del drenaje ordinario.

El proyecto incorpora medidas de protección contra incendios y también contempla el separador de hidrocarburos para determinadas aguas pluviales. Esas soluciones existen y deben reconocerse.

Pero en las 1.268 páginas revisadas no hemos localizado una solución específica completamente desarrollada para retener el agua utilizada durante un incendio cuando esta pueda mezclarse con aceites, combustibles, residuos o agentes de extinción.

Nuestro informe técnico identificó precisamente la ausencia de un volumen de retención claramente dimensionado y de un sistema explícito de aislamiento de la salida de pluviales ante una emergencia.

Aquí tampoco afirmamos que vaya a producirse contaminación.

La pregunta es anterior y mucho más sencilla: si se produce una emergencia y hay que utilizar grandes cantidades de agua, ¿cómo se garantiza que esa agua potencialmente contaminada permanezca controlada dentro de la instalación?

Una planta de emergencia debería tener esa respuesta antes de necesitarla.

Qué debe aclararse: Cuestiones pendientes sobre el modelo hidráulico, la lluvia de diseño, las aguas de incendio, el saneamiento y los rellenos de Tigaiga.

Qué debería aclararse antes de cerrar el proyecto

A partir de los documentos revisados, considero razonable que la Administración exija al menos:

  • un informe geotécnico consolidado que integre los ensayos del emplazamiento y determine los parámetros definitivos de cimentación;
  • una caracterización suficiente de los rellenos antrópicos, incluida la comprobación analítica necesaria antes de considerarlos libres de contaminación;
  • un modelo hidráulico actualizado con la planta terminada, incorporando plataforma, muros, accesos, viales y drenajes;
  • una justificación única de la precipitación de diseño, reconciliando los diferentes datos y estaciones utilizados en el expediente;
  • y una solución definitiva para pluviales, saneamiento y retención de aguas potencialmente contaminadas durante una emergencia.

Nada de esto significa que el terreno de Tigaiga sea técnicamente inviable. Significa algo bastante más sencillo: el suelo sobre el que se construye y el agua que atraviesa una instalación industrial también forman parte de su seguridad.

El proyecto actualmente tramitado como expediente GE25/017 contempla ocho motogeneradores y una infraestructura industrial relevante. Precisamente por eso, las decisiones que quedan bajo tierra o escondidas dentro de una red de tuberías merecen tanta atención como aquello que veremos en la superficie.

Cuando llegue una lluvia intensa no servirá de mucho saber que existía un estudio preliminar. Tendremos que saber cómo se comporta la planta realmente construida. Y cuando miles de toneladas de equipos se apoyen sobre esas cimentaciones, ya no será momento de preguntarnos qué terreno había debajo.

Ese es el verdadero asunto del terreno de Tigaiga: que estas preguntas puedan responderse ahora, sobre planos y cálculos, y no después sobre el terreno. ¿Tú qué opinas? Te leo en los comentarios.

Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es

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