Tigaiga y apagones: cuando los segundos importan
Durante meses, la planta de Tigaiga se ha presentado ante la ciudadanía con una promesa fácil de entender: reforzar la seguridad eléctrica y evitar apagones. Cuando hablamos de Tigaiga y apagones, esa afirmación merece algo más que confianza. Merece ingeniería.
El consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano Hernández Zapata, fue especialmente claro en el Parlamento de Canarias. El 23 de septiembre de 2025 explicó que estas plantas perseguían «garantizar la seguridad de suministro eléctrico» y «evitar los apagones y cortes de suministro». (Parlamento de Canarias)
Meses después apareció una segunda promesa. El alcalde de Los Realejos, Adolfo González, aseguró que la nueva ubicación permitiría que las zonas próximas fueran las primeras en recuperar electricidad después de un apagón. La declaración figura en una comunicación oficial del Gobierno de Canarias. (Gobierno de Canarias)
Son dos funciones eléctricas muy diferentes. Conviene analizarlas por separado.
Tigaiga y apagones: un cero eléctrico se juega en segundos
Un sistema eléctrico tiene que mantener permanentemente el equilibrio entre la energía que se genera y la que se consume.
Cuando desaparece bruscamente una cantidad importante de generación, la frecuencia comienza a caer. En un sistema insular relativamente pequeño, la evolución puede ser muy rápida.
Entran entonces en juego la inercia disponible, la regulación primaria, la respuesta de frecuencia, los automatismos y los esquemas de deslastre de carga. Si esas defensas resultan insuficientes, pueden producirse nuevos disparos y extenderse la perturbación.
El cero llega al final de esa cadena.
La escala temporal decisiva es de segundos.
Y aquí aparece la primera dificultad para Tigaiga.
El proyecto contempla ocho motogeneradores MWM TCG 3020 V20 Z, o similares, con alternadores de 1.880 kW cada uno. La planta se tramita para una potencia total de 14,8 MW.
MWM aporta un dato especialmente esclarecedor en su propia documentación técnica.
El fabricante analiza específicamente las aplicaciones donde debe suministrarse energía de emergencia en 15 segundos. Para ese servicio admite determinadas máquinas de sus gamas TCG 3016 y TCG 2020. Después excluye expresamente al TCG 3020 V20, porque su tiempo de arranque resulta demasiado largo.
Consultar la guía técnica de MWM
Eso coloca el debate en su sitio.
Si Tigaiga permanece parada, como corresponde al funcionamiento eventual que se ha explicado públicamente, sus motores no estarán produciendo cuando comience la caída de frecuencia. Cuando puedan arrancar, estabilizarse y comenzar a entregar potencia, la perturbación que pretendían detener ya se habrá decidido.
Si la central estuviera previamente sincronizada y generando, el análisis sería distinto. Sus máquinas síncronas formarían parte del sistema en ese momento.
Pero eso exigiría mantener Tigaiga funcionando antes de la incidencia.
Y esa ya sería otra forma de operación.

Tener 14,8 MW instalados no significa detener un cero
Esta distinción parece pequeña, pero cambia completamente la discusión.
Los megavatios indican capacidad de producción. La estabilidad de frecuencia depende también de cuándo aparecen esos megavatios.
Una central capaz de entregar 14,8 MW dentro de varios minutos puede resultar útil ante determinadas necesidades de cobertura. Esos mismos megavatios llegan tarde frente a una perturbación que evoluciona en segundos.
El propio proyecto utiliza una formulación ambiciosa. Señala que las plantas están destinadas a cubrir eventuales apagones de las centrales térmicas y llega a afirmar que Tigaiga se diseña para «neutralizar» esos apagones.
La documentación examinada, en cambio, no aporta una curva temporal garantizada desde planta parada hasta potencia disponible en la red.
Ese dato debería ser básico para una instalación cuya justificación pública gira alrededor de la emergencia.
¿Y después del cero?
Aquí entramos en la segunda promesa: que Los Realejos podría recuperar antes el suministro gracias a la proximidad de Tigaiga.
El proyecto incorpora un grupo electrógeno diésel auxiliar de 100 kVA, con autonomía mínima prevista de 72 horas. Dispone además de regulación automática de tensión y frecuencia.
Existe, por tanto, una fuente energética independiente de la red.
Pero arrancar los servicios auxiliares de una central constituye sólo el primer eslabón.
Para llevar electricidad desde una red completamente apagada hasta consumidores reales hacen falta muchas otras cosas. Hay que energizar barras y líneas, gestionar cargas, controlar tensión y frecuencia, coordinar protecciones y trabajar conjuntamente con la distribuidora y el operador del sistema.
La instalación debe soportar además los escalones de carga que vayan apareciendo durante la reposición.
Y aquí encontramos otro detalle del proyecto particularmente importante.

Las protecciones se estudian con Tenerife funcionando
Tigaiga cuenta con protecciones eléctricas. El proyecto contempla diferenciales, distancia, sobreintensidades, funciones direccionales, tensión, frecuencia y teledisparos, entre otras. Afirmar que carece de protecciones sería incorrecto.
La cuestión delicada aparece en el escenario utilizado para estudiar los cortocircuitos.
El cálculo realizado con ETAP considera expresamente la subestación conectada a la red y todos los generadores vertiendo energía. El propio proyecto denomina esa situación «condición sin blackout». Además, reconoce que no disponía entonces de los datos de la red de 20 kV de Endesa y que los valores empleados debían ser corroborados posteriormente.
Ese estudio permite calcular las corrientes máximas de cortocircuito.
No demuestra cómo funcionarán las protecciones durante una reposición con una red muy débil alimentada inicialmente desde Tigaiga.
La diferencia importa. En esas condiciones cambian las corrientes de falta y pueden cambiar la sensibilidad, coordinación y selectividad de las protecciones.
Por eso, hoy podemos afirmar algo bastante concreto: la documentación analizada no demuestra que Tigaiga pueda reconstruir por sí misma una isla eléctrica y alimentar prioritariamente Los Realejos después de un cero.
Eso requiere estudios, procedimientos y ensayos específicos.
Ya profundizamos en esta cuestión en nuestro análisis anterior:
Tigaiga ante un apagón: la prueba que falta
A pocos kilómetros aparece otra tecnología
Y aquí surge una paradoja difícil de ignorar.
En Los Realejos se tramita el BESS Gracia. Su potencia está limitada a 15 MW y dispone de 60 MWh de almacenamiento, equivalentes a cuatro horas a potencia nominal. Las cifras proceden del propio Boletín Oficial de Canarias. (Gobierno de Canarias)
Su potencia es, por tanto, prácticamente equivalente a la de Tigaiga.
La comparación no significa que esa batería concreta pueda sustituir automáticamente a la central. Para afirmarlo necesitaríamos conocer sus controles, servicios contratados, disponibilidad y modo de funcionamiento.
Pero la tecnología ofrece algo que cambia radicalmente el análisis.
Un BESS adecuadamente diseñado puede modificar su potencia mediante electrónica de potencia en tiempos extraordinariamente breves. Los sistemas grid-forming pueden proporcionar incluso soporte de tensión y frecuencia prácticamente instantáneo. NERC sitúa estas prestaciones en la escala subtransitoria de respuesta del sistema. (NERC)
En Canarias Sostenible ya hemos advertido que poner una batería sobre el terreno tampoco basta. Hay que especificar qué funciones prestará realmente.
BESS grid forming: el dato que Canarias no publica
Aun así, la comparación merece hacerse.
Una tecnología fósil que parte parada necesita tiempo para comenzar a producir. Una batería preparada para servicios de red puede reaccionar cuando todavía estamos dentro de la perturbación.
Y también puede guardar energía en las horas de menor demanda para devolverla durante las puntas.

Antes de elegir la solución, definamos el problema
Tenerife necesita seguridad de suministro. Sería irresponsable negar los problemas de cobertura o el envejecimiento de buena parte de su generación convencional.
Precisamente por eso debemos exigir mucha más precisión.
Si queremos frenar una caída brusca de frecuencia, necesitamos recursos capaces de actuar en segundos. Si pretendemos reconstruir el sistema después de un cero, necesitamos capacidad de reposición acreditada. Y si el problema aparece únicamente durante determinadas puntas de demanda, el almacenamiento entra inevitablemente en la comparación.
Tigaiga puede tener utilidad dentro del sistema eléctrico de Tenerife. Lo que hemos analizado aquí es si las dos grandes promesas públicas realizadas sobre ella están técnicamente demostradas.
A día de hoy, la documentación examinada no demuestra que una Tigaiga parada pueda detener la evolución inicial de un cero. Tampoco acredita el proceso completo que permitiría convertirla en la puerta de entrada para reponer primero Los Realejos.
Queda entonces una pregunta mucho más interesante:
si esas no son realmente las funciones decisivas de Tigaiga, ¿qué problema eléctrico pretende resolver?
Esa cuestión merece su propio artículo.
Y quizá nos acerque bastante más a comprender por qué se están tomando determinadas decisiones en el norte de Tenerife.
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
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