Plantas de emergencia: las 20 horas que exigen respuestas

Plantas de emergencia: las 20 horas que exigen respuestas

En el último pleno del Parlamento de Canarias apareció un dato que merece mucha más atención de la que cabe en unos minutos de debate: una de las plantas de emergencia de Los Realejos habría funcionado solamente 20 horas durante sus primeros cuatro meses. El consejero de Transición Ecológica utilizó esa cifra para explicar el carácter excepcional de estas instalaciones.

El dato puede tranquilizar a algunos vecinos. A nosotros nos provoca otra reacción: queremos saber qué ocurrió exactamente durante esas veinte horas.

Porque estas centrales no pueden despacharse libremente. La normativa establece una condición extraordinariamente precisa: únicamente deben hacerlo cuando exista un riesgo cierto para la seguridad del suministro.

Y veinte horas de riesgo cierto merecen ser explicadas una por una.

Plantas de emergencia: lo que ocurrió en el Parlamento

La discusión comenzó cuando la diputada Alicia Vanoostende planteó al consejero la posibilidad de estudiar baterías como alternativa total o parcial a las nuevas centrales térmicas de emergencia. Incluso pidió expresamente un informe del operador del sistema y “un estudio bien hecho” que analizara esa posibilidad.

La respuesta del consejero fue clara. Sostuvo que las baterías, en este momento, no podían resolver una situación con un déficit de generación como el existente en Tenerife.

Minutos después llegó la cifra.

El consejero explicó que la planta ya instalada en Los Realejos había funcionado 20 horas durante los últimos cuatro meses. Extrapoló además ese comportamiento y señaló que este tipo de instalaciones podría funcionar aproximadamente un 1 % del tiempo anual.

La cifra es relevante. Pero aislada dice mucho menos de lo que parece.

Infografía sobre las condiciones de riesgo cierto que permiten ordenar el arranque de una planta de emergencia en el sistema eléctrico Tenerife-La Gomera.

Las veinte horas necesitan una autopsia técnica

No sabemos si fueron veinte horas continuadas, veinte arranques de una hora o una combinación completamente distinta.

Tampoco conocemos cuántos grupos funcionaron en cada episodio, a qué potencia trabajaron, cuánto tiempo estuvieron sincronizados ni cuánta energía produjeron.

Y desconocemos algo todavía más importante: por qué ordenó el operador del sistema cada arranque.

El artículo 59 del Real Decreto 738/2015 establece que estas instalaciones temporales y extraordinarias solo pueden ser despachadas cuando exista riesgo cierto para la seguridad del suministro.

La Orden TED/909/2025 vuelve a recoger expresamente esa condición. Además, impide que estas plantas de emergencia sustituyan a generación ordinaria disponible salvo cuando el operador considere imprescindible hacerlo para prevenir una situación de riesgo.

Por tanto, necesitamos conocer cada una de esas veinte horas.

¿Había grupos convencionales indisponibles? ¿Qué reserva quedaba? ¿Cuál era la demanda? ¿Qué generación renovable estaba disponible? ¿Existía una restricción de red? ¿Se produjo una contingencia real? ¿Cuántos megavatios aportó Sampol? ¿Durante cuánto tiempo?

Y hay otra cuestión básica: ¿todas esas horas fueron realmente despacho por emergencia?

Una planta recién puesta en servicio necesita pruebas, sincronizaciones, verificaciones y comprobaciones operativas. Si alguna parte de esas veinte horas correspondió a ensayos, debe distinguirse claramente del funcionamiento ordenado por un riesgo efectivo para el sistema.

No estamos preguntando si Sampol funciona poco

Ese sería un análisis demasiado superficial.

Una instalación de emergencia puede resultar valiosa aunque permanezca parada durante meses. Su utilidad no se mide como la de una central destinada a producir energía de forma continuada.

La pregunta correcta es distinta.

¿Qué riesgos concretos justificaron necesitarla?

Y después debemos añadir otra:

¿podrían haberse resuelto esos mismos riesgos mediante otra tecnología o mediante una combinación de tecnologías?

Eso exige comparar prestaciones, no eslóganes.

Potencia activa, duración, regulación primaria, control de frecuencia, reactiva, control de tensión, inercia, potencia de cortocircuito, capacidad de arranque, tiempos de respuesta, disponibilidad y comportamiento frente a perturbaciones.

Solo cuando sepamos qué servicio se necesitó podremos saber qué tecnología era la adecuada.

Infografía que explica el proceso operativo para arrancar una planta de emergencia, desde la detección del riesgo hasta la orden del operador del sistema.

El déficit de cobertura seguirá apareciendo

Aquí existe una paradoja que merece explicarse.

Las plantas de emergencia pueden instalarse precisamente porque Red Eléctrica detecta riesgos de cobertura a corto plazo. Pero una vez instaladas, la normativa prohíbe contabilizarlas para calcular la cobertura de la demanda.

Esto significa que cuando Red Eléctrica vuelva a elaborar sus informes, Sampol, Tigaiga o cualquier otra planta acogida al artículo 59 quedarán fuera del cálculo.

Su mera existencia no puede hacer desaparecer el déficit del informe de cobertura.

Conviene ser rigurosos: eso no significa que todos los futuros informes vayan a ofrecer exactamente la misma cifra. Cambiarán la demanda, las indisponibilidades, la generación ordinaria y otras variables.

Pero si todo lo demás permaneciera igual, el déficit calculado seguiría siendo el mismo porque estas instalaciones extraordinarias, sencillamente, no pueden computarse para reducirlo.

Esto separa dos problemas que demasiadas veces se mezclan.

Uno es la suficiencia estructural del sistema eléctrico.

Otro es la respuesta temporal ante situaciones excepcionales mientras esa suficiencia no está resuelta.

La comparación de alternativas que seguimos sin encontrar

Durante los últimos meses hemos revisado centenares de páginas relacionadas con estos proyectos.

En el caso de Tigaiga analizamos un expediente de más de 1.200 páginas. Encontramos motores, depósitos, consumos, obra civil, instalaciones eléctricas, presupuestos y estudios ambientales. Lo que no localizamos fue una comparación técnica y económica homogénea que enfrentara la solución elegida con otras combinaciones capaces de prestar los mismos servicios.

Lo explicamos con detalle en nuestro análisis sobre el coste de Tigaiga y las alternativas estudiadas.

Tampoco hemos localizado hasta ahora, en la documentación pública revisada sobre Sampol y las decisiones administrativas que sustentan estas medidas de emergencia, un estudio integral que compare tecnologías con el mismo nivel de prestaciones exigidas al sistema. La autorización de Sampol confirma una instalación de 14,688 MW en Los Realejos, pero una autorización administrativa no sustituye ese análisis comparativo.

Y desde junio existe un elemento nuevo.

El Real Decreto-ley 18/2026 reconoce expresamente que las baterías pueden proporcionar reserva rodante en sistemas eléctricos aislados. Incluso exige que el operador justifique sus características, dimensionamiento, regulación, conexión, modos de control y funcionalidades necesarias.

Esto no demuestra que una batería pueda sustituir a Sampol.

Tampoco demuestra que pueda sustituir a Tigaiga.

Demuestra que la comparación debe hacerse.

Infografía con los datos que deben analizarse durante las 20 horas de funcionamiento de Sampol para valorar si existían alternativas técnicas.

Queremos conocer las veinte horas

Antes de seguir instalando generación térmica de emergencia, deberíamos disponer del registro completo de funcionamiento de Sampol.

Fecha y hora de cada arranque. Orden recibida. Motivo. Potencia activa y reactiva. Grupos sincronizados. Energía producida. Reserva disponible. Indisponibilidades existentes. Demanda. Renovables. Duración del episodio. Contingencia cubierta.

Y después, para cada caso, una pregunta sencilla:

¿qué habría sucedido sin Sampol y qué otras tecnologías podrían haber prestado el mismo servicio?

Quizá el resultado demuestre que Sampol fue imprescindible en aquellas veinte horas.

Quizá demuestre que solo lo fue en algunas.

Tal vez descubramos que parte de sus funciones podrían asumirlas baterías y otras tecnologías, mientras otras necesitan generación síncrona.

No conocemos todavía la respuesta.

Precisamente por eso necesitamos los datos.

Canarias no debería decidir su seguridad eléctrica mediante una discusión entre quienes prefieren motores y quienes prefieren baterías. Primero debemos definir qué necesita realmente el sistema. Después podremos decidir cómo proporcionárselo.

Las famosas veinte horas nos ofrecen una oportunidad magnífica para empezar a hacerlo con información real y no con hipótesis.

Que nos enseñen esas veinte horas. Una por una.

Entonces podremos hablar en serio de Sampol, de Tigaiga y del sistema eléctrico que Canarias necesita construir.

Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1

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