Renovables en La Palma: cuando la ambición no llega al sistema eléctrico
Las renovables en La Palma plantean una contradicción difícil de explicar a primera vista. La isla lleva casi dos décadas hablando de autosuficiencia energética, participación ciudadana y reducción de la dependencia de los combustibles fósiles. Sin embargo, su sistema eléctrico continúa mostrando una penetración renovable muy inferior a la media de Canarias.
En 2024, la generación renovable representó el 8,77 % de la producción eléctrica de La Palma, frente al 20,8 % del conjunto del Archipiélago. En agosto de 2026, una fotografía mensual situaba a la isla alrededor del 10,67 %, mientras Canarias alcanzaba el 31,16 %.
Son periodos diferentes y no deben compararse como si formaran una serie homogénea. Pero ambos datos señalan en la misma dirección: el retraso de La Palma es real y persistente.
Durante las últimas semanas hemos intentado entender por qué. El resultado es un dosier técnico-documental que adjuntamos al final de esta entrada. Lo que sigue es una versión más sencilla de sus principales conclusiones.
Renovables en La Palma: una paradoja que merece explicación
La transición energética palmera no comenzó ayer.
El Plan Insular de Ordenación ya recoge un acuerdo institucional de enero de 2007 que aspiraba a conseguir la máxima autosuficiencia energética y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.
Después llegaron la Plataforma por un Nuevo Modelo Energético, el Manifiesto del Electrón, La Palma Renovable y Energía Bonita. Se desarrolló una visión especialmente orientada hacia el autoconsumo, la generación distribuida y una mayor participación ciudadana en la propiedad de la energía.
Y el autoconsumo ha avanzado.
Según los últimos datos del Gobierno de Canarias, La Palma contaba en junio de 2026 con 1.682 instalaciones y 11,7 MW de potencia nominal.
Eso equivale a una media de apenas 6,96 kW por instalación y refleja un parque muy atomizado, con un peso importante de instalaciones pequeñas.
Por tanto, no estamos ante una isla que haya permanecido inmóvil. Ha existido voluntad política, movilización social y despliegue renovable.
La pregunta sigue siendo incómoda: ¿por qué todo eso se ha traducido en tan poca generación renovable efectiva?

La red eléctrica aparece en el centro del problema
Uno de los hallazgos más claros de la investigación está relacionado con la red de transporte.
La planificación estatal 2015-2020 ya incluía el eje Los Guinchos-Las Breñas-Valle de Aridane. Red Eléctrica elaboró en julio de 2016 un Documento Inicial de Proyecto para la nueva subestación de Las Breñas y las líneas asociadas.
Sin embargo, la solicitud administrativa formal que hemos localizado corresponde a marzo de 2024.
Entre ambos hitos transcurrieron aproximadamente siete años y ocho meses.
Es mucho tiempo para una infraestructura llamada a desempeñar un papel importante en el desarrollo eléctrico de la isla.
Ahora bien, conviene mantener una cautela fundamental. Con la documentación pública disponible no podemos determinar cuánto de ese retraso corresponde a Red Eléctrica, al Cabildo, al Gobierno de Canarias o a otros organismos.
Sabemos que el retraso existió. No sabemos todavía cómo repartir sus responsabilidades.
Por eso uno de los próximos pasos debería ser obtener el expediente completo comprendido entre 2016 y 2024.
La gobernanza también llegó tarde
Hay otro dato difícil de ignorar.
El Reglamento del Consejo Sectorial de Energía de La Palma fue aprobado definitivamente en 2018. El organismo debía realizar seguimiento, formular propuestas, participar en la planificación y reunirse periódicamente.
Sin embargo, el Consejo no se constituyó hasta julio de 2022.
Casi cuatro años después.
El propio Cabildo reconoció entonces que la anterior Mesa de la Energía había desempeñado funciones esencialmente informativas.
En una transición energética que necesita coordinar administraciones, municipios, promotores, ciudadanía y sistema eléctrico, cuatro años tienen consecuencias.
Una buena gobernanza energética no puede quedarse en reuniones y declaraciones. Necesita responsables, plazos, indicadores y seguimiento de los acuerdos.
El autoconsumo no es el culpable
Este punto merece especial cuidado.
Sería un error concluir que La Palma tiene pocas renovables porque apostó demasiado por el autoconsumo.
Los datos no permiten sostenerlo.
El autoconsumo ha crecido y constituye una parte valiosa de la transición. Reduce la demanda que debe atender la red, distribuye la propiedad de la generación y puede contribuir a disminuir la producción fósil necesaria.
Como hemos mostrado también en nuestro Observatorio Energético de Canarias, la transformación de los sistemas insulares exige analizar mucho más que la potencia renovable instalada.
El problema aparece cuando confundimos una parte de la solución con el sistema completo.
Un conjunto de instalaciones fotovoltaicas con baterías puede aportar mucha energía. Sin embargo, no constituye automáticamente un recurso coordinado y disponible para el operador del sistema.
Y en una isla sin interconexión eléctrica con otro sistema, esa diferencia resulta fundamental.

Un sistema eléctrico necesita mucho más que energía
Aquí está probablemente la principal enseñanza técnica de todo el análisis.
Un sistema eléctrico aislado debe mantener continuamente la frecuencia y las tensiones. Necesita reservas, capacidad para soportar perturbaciones y protecciones capaces de detectar y despejar correctamente las faltas.
También debe disponer de recursos para reconstruir la red después de un apagón total.
Las máquinas síncronas tradicionales proporcionan naturalmente varias de estas funciones. Cuando sustituimos generación convencional por fotovoltaica, eólica y baterías conectadas mediante electrónica de potencia, esas capacidades deben ser sustituidas de forma deliberada.
Por eso son importantes los BESS con funciones grid-forming, los compensadores síncronos, el almacenamiento de escala de sistema, la generación renovable gestionable y la adaptación de las protecciones.
La planificación de un compensador síncrono en Fuencaliente constituye un buen ejemplo. No produce energía. Su función es ayudar a mantener un sistema más fuerte y estable.
Esto no significa defender la continuidad de los combustibles fósiles. Significa exactamente lo contrario.
Para retirar las centrales fósiles hay que sustituir también los servicios que actualmente prestan al sistema, no solamente los megavatios hora que generan.
La falsa batalla entre energía ciudadana y grandes proyectos
La investigación deja además una reflexión que merece ser discutida.
Durante algunos años, el debate energético palmero tendió a enfrentar soluciones que en realidad debían complementarse.
La generación distribuida parecía competir con la generación de mayor escala. La energía ciudadana aparecía frente a las grandes instalaciones. El corredor central de la red se enfrentaba al corredor sur.
Sin embargo, los propios estudios técnicos posteriores vinculados a La Palma Renovable terminaron combinando eólica, fotovoltaica, autoconsumo, geotermia, recursos hidráulicos y almacenamiento de gran capacidad.
La ingeniería acaba reconciliando aquello que el debate había separado.
Podemos democratizar enormemente la propiedad de la energía. Podemos multiplicar las comunidades energéticas y aprovechar miles de cubiertas.
Pero seguiremos necesitando redes, almacenamiento, potencia renovable gestionable y servicios capaces de mantener estable el sistema eléctrico.
Una cosa no invalida la otra.
El verdadero problema parece estar en la ejecución
Después de revisar años de documentos, proyectos y decisiones, la explicación más razonable no parece estar en una única causa.
La red ha avanzado demasiado lentamente. Algunos proyectos renovables han sufrido tramitaciones de muchos años. La gobernanza prevista tardó en ponerse realmente en funcionamiento y determinadas infraestructuras necesarias continúan pendientes.
Mientras tanto, la ambición política y social avanzó mucho más deprisa que la capacidad material para transformar esa ambición en instalaciones.
Ahí puede estar una de las claves del retraso de las renovables en La Palma.
El error no habría sido apostar por el autoconsumo. Tampoco plantear una mayor participación ciudadana.
El posible error fue mantener durante demasiado tiempo como alternativas unas soluciones que necesitaban avanzar juntas.

Un dosier para quien quiera profundizar
Esta entrada apenas resume una investigación bastante más amplia.
Al final adjuntamos el dosier técnico «La Palma y la transición energética: por qué una década de movilización no se ha traducido en una alta penetración renovable».
El documento reconstruye la cronología de Las Breñas, analiza la evolución de la gobernanza energética, repasa diferentes proyectos renovables y explica los requisitos técnicos que debe cumplir un sistema eléctrico aislado con alta penetración renovable.
También identifica claramente aquello que todavía no sabemos.
Faltan documentos importantes, especialmente el expediente completo de Las Breñas entre 2016 y 2024, determinadas comunicaciones institucionales y las actas y memorias de los órganos insulares de gobernanza energética.
No hemos querido rellenar esos vacíos con suposiciones.
Quizá esa sea también una forma diferente de abordar la transición energética: separar lo que sabemos de aquello que simplemente creemos saber.
La Palma todavía está a tiempo de convertir muchos años de retrasos en experiencia. Pero para conseguirlo necesita algo más que buenos objetivos.
Necesita que red, generación renovable, almacenamiento, servicios de sistema, administración y participación ciudadana avancen en la misma dirección y, sobre todo, al mismo tiempo.
Porque la transición energética no se mide por los planes que aprobamos.
Se mide por los combustibles fósiles que realmente conseguimos dejar de quemar.
Dosier La Palma y la Transición Energética
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
Telegram:@alvaromedina1
