Plan Renove Canarias: 1,6 millones para ahorrar, pero ¿a qué precio?
El Plan Renove Canarias comenzará el 15 de septiembre con una idea aparentemente sencilla: ayudar a las familias a sustituir electrodomésticos antiguos por otros más eficientes. El Gobierno destinará 1,6 millones de euros a bonos, dentro de un programa cuyo coste público asciende a 2 millones.
La medida puede tener sentido social, ambiental y comercial. Pero también se presenta como una actuación de eficiencia energética. Y ahí surge una pregunta menos doméstica de lo que parece: ¿cuánta electricidad conseguimos realmente ahorrar con ese dinero?
Intentemos ponerle números.
Plan Renove Canarias: pasar de electrodomésticos a MWh
El programa subvenciona frigoríficos combi, lavadoras, lavavajillas, secadoras y placas de inducción. Las ayudas van desde 70 euros hasta 250 euros para consumidores generales y alcanzan los 450 euros en determinados casos de vulnerabilidad. Además, el aparato sustituido debe retirarse y gestionarse correctamente como residuo RAEE.
Hasta aquí, todo resulta fácil de contar: euros concedidos, bonos utilizados y aparatos retirados.
Lo difícil es medir energía.
Afortunadamente, el sistema español de Certificados de Ahorro Energético ofrece una referencia útil. El catálogo residencial del MITECO contiene fichas específicas para frigoríficos-congeladores, lavadoras y lavavajillas. Catálogo residencial de medidas CAE del MITECO
Su filosofía es interesante. El ahorro no se calcula comparando el aparato nuevo con cualquier electrodoméstico viejo. Se obtiene restando al consumo de un equipo de referencia el consumo del nuevo aparato que figura en su etiqueta energética.
Eso introduce una palabra esencial: adicionalidad.
No todo lo que deja de consumirse lo provoca la ayuda
Supongamos que una lavadora se rompe mañana. Su propietario tendrá que comprar otra con Plan Renove o sin él.
La política pública no debería atribuirse automáticamente todo el ahorro existente entre la vieja lavadora y la nueva. Lo razonable es preguntarse qué parte del salto hacia una mayor eficiencia ha provocado realmente la ayuda.
Las fichas CAE hacen algo parecido mediante equipos normalizados de referencia.
Para un frigorífico-congelador de tamaño medio utilizan 293 kWh/año y clase E. Para una lavadora de 8 kg, 73 kWh/año y clase D. En un lavavajillas de 10 a 12 cubiertos, la referencia es 92 kWh/año y clase E.
Aplicando de forma conservadora los límites europeos de una clase A, obtenemos aproximadamente 173 kWh/año de ahorro en el frigorífico, 26 kWh en la lavadora y 39 kWh en el lavavajillas. Son cálculos de Canarias Sostenible realizados sobre las referencias oficiales; no son cifras publicadas directamente por el MITECO.
Esa distinción importa.

¿Cuánto podría ahorrar entonces el programa?
Todavía no sabemos qué comprarán realmente los consumidores canarios. Necesitamos, por tanto, un escenario de referencia.
Para evitar elegir arbitrariamente el reparto, hemos utilizado la distribución observada en el Plan Renove de La Rioja de 2025 para las cinco categorías comparables. Allí predominaron lavadoras y frigoríficos, seguidos por lavavajillas, encimeras y secadoras.
Con ese reparto y las ayudas canarias, los 1,6 millones permitirían financiar del orden de 9.700 aparatos si predominan las máximas clases subvencionables.
Ahora viene lo importante.
Si contamos únicamente frigoríficos, lavadoras y lavavajillas, porque son las tres categorías para las que disponemos de una metodología CAE directamente aplicable, obtenemos alrededor de:
0,66 GWh de ahorro eléctrico anual.
Para secadoras y placas no encontramos una ficha residencial equivalente en el catálogo CAE vigente. Si incorporamos para ellas hipótesis prudentes, el escenario central asciende aproximadamente a:
0,7 GWh/año.
Por tanto, no afirmamos que el Plan Renove vaya a ahorrar exactamente 0,7 GWh. Lo que afirmamos es algo más defendible: con la información disponible, ese es un orden de magnitud razonable para un escenario central normalizado.
La horquilla también importa
La composición final del programa puede modificar mucho el resultado.
Si hipotéticamente todo el presupuesto para consumidores generales terminara financiando lavadoras A, el ahorro normalizado rondaría 0,34 GWh/año. Si se concentrara en frigoríficos C, podría superar 1,4 GWh/año.
Ninguno de esos extremos ocurrirá. Sirven para demostrar algo más importante: no podemos conocer el ahorro energético final contando únicamente bonos.
Necesitamos saber qué electrodomésticos se han comprado y cuáles son sus consumos.

Un Plan Renove de hace veinte años ahorraba mucho más
Canarias tiene antecedentes.
El Anuario Energético de Canarias 2012 recoge que entre 2006 y 2011 se sustituyeron 140.598 electrodomésticos. El ahorro de energía final atribuido fue de 4.571 tep/año. Eso equivale aproximadamente a 53 GWh anuales, o unos 378 kWh por aparato sustituido. Anuarios Energéticos de Canarias
Sería tentador aplicar aquel ratio al nuevo programa.
Sería también un error.
El parque de electrodomésticos ha mejorado enormemente. Además, el propio Anuario advierte de cambios en la metodología utilizada por el IDAE para calcular los ratios de ahorro desde 2009.
Los 378 kWh del pasado no son una referencia adecuada para 2026.
¿Cuánto cuesta comprar un MWh de ahorro?
Aquí aparece la cifra que más debería invitarnos a pensar.
Con un escenario central próximo a 0,7 GWh/año, los 1,6 millones destinados directamente a bonos representan aproximadamente:
2.250 euros por MWh de ahorro anual.
Si tomamos como referencia los 2 millones de coste público total de las dos líneas de subvención, el resultado se aproxima a:
2.800 €/MWh-año.
Para ponerlo en contexto, el MITECO ha establecido para 2026 una equivalencia financiera del Sistema Nacional de Obligaciones de Eficiencia Energética de 198.624,25 euros por GWh, es decir, unos 198,6 €/MWh. Orden TED/133/2026 en el BOE
No estamos comparando el Plan Renove con el precio de mercado de un CAE. Ese valor no es el precio de un CAE. Es la equivalencia financiera oficial utilizada por el sistema nacional para valorar la obligación de ahorro.
Aun con esa cautela, la distancia es considerable. El coste directo de los bonos ronda once veces esa referencia.
Eso merece explicación.
Un programa energético que no mide directamente los kWh
Aquí encontramos probablemente la debilidad más interesante del diseño.
El Plan Estratégico de Subvenciones del Gobierno de Canarias dice expresamente que estas ayudas persiguen mejorar la eficiencia energética, reducir emisiones y renovar electrodomésticos obsoletos.
Sin embargo, los indicadores establecidos son la estimación de toneladas de CO₂ no emitidas y el número de aparatos gestionados en el circuito de economía circular. No aparece expresamente el ahorro conseguido en kWh o MWh. Plan Estratégico de Subvenciones en el BOC
Resulta extraño.
Si queremos calcular rigurosamente las emisiones evitadas, primero necesitamos conocer cuánta electricidad hemos dejado de consumir.
El propio sistema CAE demuestra que puede hacerse.

¿Y frente a la fotovoltaica?
Una comparación directa sería engañosa. Ahorrar electricidad y producir electricidad renovable son actuaciones diferentes.
Aun así, podemos utilizar proyectos reales para visualizar escalas.
La planta fotovoltaica Lomo Gordo II declara una inversión aproximada de 675.284 euros y una producción de 2.255 MWh/año. Llano de los Bebederos I declara unos 2,565 millones de euros y 10.903 MWh/año.
Aplicados mecánicamente a 1,6 millones, esos ratios representarían aproximadamente entre 5,3 y 6,8 GWh de producción fotovoltaica durante el primer año.
No es un coste nivelado de energía. Tampoco incorpora vertidos, degradación, vida útil o valor horario de la generación. No debe utilizarse como comparación económica directa.
Pero sí ofrece perspectiva sobre la escala física de la inversión.
Ahorrar energía también es construir sistema eléctrico
En Canarias Sostenible hemos defendido muchas veces que la transición energética no consiste únicamente en instalar más generación. La demanda también puede aportar flexibilidad y convertirse en un recurso del sistema, como explicamos al analizar el agregador independiente en Canarias.
Ahorrar electricidad tiene incluso una ventaja adicional: el kWh que no necesitamos producir tampoco necesita combustible, transporte ni generación.
Pero para aprovechar esa ventaja necesitamos medirla.
El Plan Renove Canarias puede ser una buena medida social. Puede ayudar a hogares vulnerables, impulsar comercio local y mejorar la gestión de residuos. Todo eso tiene valor y no debería reducirse a una simple cuenta energética.
Sin embargo, si también queremos llamarlo política de eficiencia energética, debemos exigirle las métricas propias de una política energética: kWh evitados, persistencia del ahorro, adicionalidad, emisiones reducidas y euros públicos por MWh conseguido.
Dos millones de euros merecen algo más que un recuento de electrodomésticos.
En un sistema eléctrico aislado, ahorrar energía puede convertirse en una pequeña central invisible. Pero una central que no medimos no sabemos cuánto produce.
Álvaro Medina
Seudónimo editorial de la persona responsable de Canarias Sostenible.
alvaro.medina@canarias-sostenible.es
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